Tal Día como Hoy

María Faustina Kowalska

Monja y santa católica polaca

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María Faustina Kowalska (nacida Helena Kowalska; Głogowiec, Łódź, 25 de agosto de 1905-Łagiewniki, Cracovia, 5 de octubre de 1938)​ fue una religiosa de la orden de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia y mística católica polaca.​ Sus apariciones de Jesucristo inspiraron la devoción católica a la Divina Misericordia y le valieron el título de Apóstol de la Divina Misericordia.​ La Iglesia católica la venera como santa y es conocida como Santa Faustina.

Los teólogos la consideran entre los más notables místicos del Cristianismo. Su misión fue preparar al mundo para la segunda venida de Cristo. Entró a la vida religiosa en 1925 en la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia.

Su confesor, el beato Michał Sopoćko, le pidió que escribiera sus vivencias en un diario espiritual, que consta de varios cuadernos. Así pues, no por su voluntad sino por mandato de su confesor, dejó escritas sus vivencias místicas en unas seiscientas páginas. Fue canonizada por su compatriota Juan Pablo II el 30 de abril de 2000,​ día en que también instituyó la fiesta de la Divina Misericordia. La mística es clasificada en la liturgia como virgen.​ Su tumba se encuentra en el Santuario de la Divina Misericordia de Cracovia, donde pasó el final de su vida y conoció al confesor Józef Andrasz, quien también apoyó el mensaje de la misericordia.

Santa Faustina nació en el seno de una familia campesina en la aldea de Głogowiec, en Świnice Warckie, voivodato de Łódź, Polonia, en 1905. Era la tercera de ocho hermanos, hijos del matrimonio de Stanisław, carpintero y agricultor, y Marianna Kowalska, que los educaron con gran disciplina espiritual, sobre todo su padre. Como la familia era muy pobre, Faustina no asistió a la escuela más que tres años. Como ella y sus hermanas sólo tenían un buen vestido, habían de turnarse para ir a Misa, de modo que cada una asistía a una misa diferente.​

A los nueve años tomó la primera comunión en la iglesia de San Casimiro. Antes de entrar al convento, en 1919, trabajó como sirvienta en casa de unos amigos de la familia Bryszewski en Aleksandrów Łódzki. Más adelante, en 1922, viajó a Łódź y trabajó un año en la tienda de Marcjanna Sadowska para mantenerse y ayudar a la familia.​ Al finalizar ese trabajo marchó a Varsovia con la intención de entrar en un convento, pero la superiora le recomendó reunir una pequeña dote para su ajuar, lo que la llevó a trabajar como sirvienta o doméstica otro año, hasta 1925.​

A los 18 años, Faustina, que ya desde los siete sentía una vocación religiosa, pidió a sus padres permiso para entrar en un convento, pero ellos no se lo dieron. Tras esa negativa, decidió entregarse a las vanidades de la vida, sin hacer caso a la voz de la gracia, aunque su alma, sintiendo continuamente la llamada, en nada tenía satisfacción. Ello le daba un gran tormento que intentaba sanar con más distracciones. Evitaba a Dios y con toda su alma se inclinaba hacia las criaturas, pero, según ella, la gracia divina terminó por ganar su alma.​

Cuenta que un día, estando en Łódź, tuvo una experiencia que marcó su vida: al ir a un baile con dos de sus hermanas, mientras todos se divertían, ella sufría y sentía una gran tristeza. Entonces, mientras estaba bailando, vio a Jesús crucificado, cubierto de llagas, dirigiéndole este mensaje:

Faustina disimuló lo sucedido para que sus hermanas no se dieran cuenta, y en cuanto pudo abandonó discretamente el baile. Este suceso la hizo salir de la fiesta para dirigirse a la iglesia más cercana, la catedral de San Estanislao de Kostka. Al llegar pidió al Señor que le dijera qué era lo que debía hacer. Después de una profunda oración y de pedir perdón, cuenta que escuchó estas palabras:

A la mañana siguiente, sólo con la ropa puesta, sin el permiso de sus padres y habiéndose despedido sólo de una de sus hermanas,​ tomó un tren a Varsovia, a 137 km de distancia, con intención de entrar en un convento, sin conocer a nadie en aquella ciudad.​ Al llegar, entró en la primera iglesia que encontró, que fue la iglesia de Santiago, en la calle Grójecka. Asistió a la misa y, al acabar, pidió orientación al padre Dąbrowski, que le recomendó a la señora Lipszycowa, mujer muy católica con la que se hospedó mientras buscaba un convento.​

La pobreza de Faustina Kowalska era tan extrema que no le permitía entrar en ningún convento. Finalmente se dirigió a la Casa Madre de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, en la que por fin fue atendida, y tras un año de ahorro para poder pagarse un ajuar, en agosto de 1925, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, pudo entrar como postulante. Semanas después de su entrada en el convento tuvo tentaciones de abandonar, pero, según sus memorias, el Señor se presentó nuevamente en su celda para pedirle que no lo hiciera. En ese convento trabajó en la cocina y se le encomendó la tarea de limpiar el cuarto de la Madre Barkiewez y cuidarla durante su enfermedad. A principios de 1926, fue enviada al noviciado de Józefów, en Cracovia, para terminar su periodo de postulante, y el 30 de abril, a los 20 años, tomó el hábito como novicia, con el nombre de Sor María Faustina del Santísimo Sacramento.​ El nombre de «Faustina» significa «bendecida», «afortunada».​ Richard Torretto lo considera la forma femenina del nombre de un mártir romano, Faustino, asesinado en el año 120 d. C.​​ En abril de 1928, tras completar el noviciado, emitió sus primeros votos religiosos como monja, con la asistencia de sus padres.​

Faustina no sabía nada del convento en el que ingresó, pero fue advertida de que ingresaría allí como una hermana lega y que, por su bajo nivel de escolaridad, quizás no alcanzase en la orden niveles más altos que los consistentes en actividades de cocina, limpieza y jardinería.​

En abril de 1928 hizo votos como monja y sus padres estuvieron presentes en la ceremonia. Un año más tarde, de febrero a abril de 1929, Faustina fue enviada a un convento de Vilna, entonces en Polonia , y ahora capital de Lituania, donde también trabajó como cocinera y se quedó poco tiempo. Regresó a este lugar más adelante, ocasión en que se encontró con Michał Sopoćko que apoyó su misión. Un año después de su regreso de Vilna, en mayo de 1930, fue trasladada a un convento en Płock, en Polonia, donde se quedó casi dos años.​ Faustina fue monja durante una década, ya que falleció en octubre de 1938.​

El 2 de agosto de 1925, fiesta de «Nuestra Señora de los Ángeles», empezó a formar parte de la Congregación como postulante y pocas semanas después tuvo la tentación de dejar el convento.​ Llegó a buscar a la madre superiora, pero no la encontró y se retiró a su dormitorio. Allí tuvo una visión de Jesús con su rostro desfigurado por las llagas. Ella le preguntó: «Jesús, ¿quién te hirió tanto?» Jesús respondió: «Este es el dolor que me causarías si hubieras abandonado este convento. Aquí es donde te he traído y no a otro sitio, y he preparado para ti muchas bendiciones». Ella comprendió que el plan de Dios para ella era que se quedara allí, donde trabajó en la cocina y se encargó de cuidar a la Madre Barkiewez durante su enfermedad, así como de asear su habitación. En su condición de postulante tuvo oportunidad de familiarizarse con los ejercicios espirituales.

Por su lucha interior, cambio de vida e intensidad que ponía en una y otra cosa, la salud de Faustina empezó a decaer tanto que sus superioras, al verla tan débil y agotada, decidieron enviarla, junto a dos hermanas, a Skolimow donde la congregación tenía una casa de ejercicios. Ese año, aparecieron los primeros síntomas de su enfermedad, que posteriormente se consideró tuberculosis , y fue enviada a descansar durante varios meses en una granja cercana, propiedad de su congregación. Tras su recuperación regresó al convento, y para febrero de 1931, llevaba unos nueve meses en la zona de Płock.​​

Las apariciones de Jesús Misericordioso

Después de haber mejorado, a los nueve meses regresó al convento en Płock.​​

Sor Faustina sostuvo haber tenido la primera revelación de la Divina Misericordia estando en su celda, el 22 de febrero de 1931. La escena de dicha revelación y las palabras que escuchó de los labios de Jesús están plasmadas en su diario (Diario I, sesiones 47, 48 y 49). Según cuenta, entre otras cosas Jesús pidió que pintase una imagen suya.​

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