Los Manuscritos del Mar Muerto, en sentido estricto idénticos a los Manuscritos de las cuevas de Qumrán, son un conjunto de antiguos manuscritos judíos del Período del Segundo Templo. Fueron descubiertos a lo largo de un período de diez años, entre 1946 y 1956, en las Cuevas de Qumrán, cerca de Ein Feshkha, en Cisjordania, en la costa norte del Mar Muerto. Los rollos del mar Muerto, que datan del siglo III a. C. al siglo I d. C., incluyen los manuscritos más antiguos que se conservan de libros completos que más tarde se incluyeron en los cánones bíblicos, incluidos los manuscritos deuterocanónicos de finales del judaísmo del Segundo Templo y libros extrabíblicos. Al mismo tiempo, arrojan nueva luz sobre el surgimiento del cristianismo y del judaísmo rabínico. En un sentido más amplio, los «Rollos del Mar Muerto» también incluyen hallazgos similares de otras partes del Desierto de Judea, algunos de los cuales son de siglos posteriores. Casi todos los 15 000 rollos y fragmentos de rollos se conservan en el Santuario del Libro del Museo de Israel, situado en Jerusalén.
La custodia de los «Rollos del Mar Muerto» por parte del Gobierno israelí es objeto de controversia por parte de Jordania y la Autoridad Palestina por motivos territoriales, legales y humanitarios, ya que la mayoría de ellos fueron descubiertos tras la anexión jordana de Cisjordania y fueron adquiridos por Israel después de que Jordania perdiera la Guerra de los Seis Días (guerra árabe-israelí de 1967) —mientras que las reivindicaciones de Israel se basan principalmente en motivos históricos y religiosos, dada su importancia en la historia judía y en el patrimonio del judaísmo.
Se han descubierto miles de fragmentos escritos en la zona del mar Muerto, la mayoría de los cuales se han publicado, junto con los detalles de su descubrimiento, en los 40 volúmenes de «Descubrimientos en el desierto de Judea». Representan los restos de manuscritos más grandes dañados por causas naturales o por la intervención humana, y la gran mayoría solo contienen pequeños fragmentos de texto. Sin embargo, han sobrevivido un pequeño número de manuscritos bien conservados y casi intactos, menos de una docena entre los hallados en las cuevas de Qumrán. Los investigadores han reunido una colección de 981 manuscritos diferentes (descubiertos en 1946/1947 y en 1956) procedentes de 11 cuevas, que se encuentran en las inmediaciones del asentamiento judío helenístico en el yacimiento de Khirbet Qumrán en el este del Desierto de Judea en Cisjordania. Las cuevas se encuentran a unos 1,5 kilómetros (1 mi) al oeste de la costa noroeste del mar Muerto, de donde proviene el nombre de los manuscritos. Los arqueólogos han asociado durante mucho tiempo los manuscritos con la antigua secta judía conocida como los esenios, aunque algunas interpretaciones recientes han cuestionado esta conexión y sostienen que los sacerdotes de Jerusalén u otros grupos judíos desconocidos escribieron los manuscritos.
La mayoría de los manuscritos están escritos en hebreo, algunos en Arameo (por ejemplo, el Texto del Hijo de Dios, en diferentes dialectos regionales, incluido el nabateo) y unos pocos en griego. Otros descubrimientos del desierto de Judea añaden latín (de Masada), y algunos manuscritos posteriores en árabe de los siglos VII-VIII d. C. (de Khirbet al-Mird). La mayoría de los textos están escritos en pergamino, algunos en papiro y uno en cobre. Aunque el consenso académico sitúa los Manuscritos del Mar Muerto entre el siglo III a. C. y el siglo I d. C., existen manuscritos árabes procedentes de yacimientos asociados del desierto de Judea que datan de entre los siglos VIII y X d. C. Las monedas de bronce encontradas en los mismos yacimientos forman una serie que comienza con Juan Hircano, gobernante del Reino asmoneo (en el cargo entre 135 y 104 a. C.) y que continúa hasta el periodo de la primera guerra judeo-romana (66-73 d. C.), lo que respalda la paleografía y la datación por radiocarbono de los rollos.
Debido al mal estado de algunos de los rollos, los estudiosos no han identificado todos sus textos. Los textos identificados se dividen en tres grupos generales:
Aproximadamente el 40 % son copias de textos de las escrituras hebreas.
Aproximadamente el 30 % son textos del periodo del Segundo Templo que finalmente no fueron canonizados en la Biblia hebrea, como el Libro de Enoc, el Libro de los Jubileos, el Libro de Tobías, el Libro de la Sabiduría de Jesús ben Sirá, los Salmos 152-155, etc.
El resto (aproximadamente el 30 %) son manuscritos sectarios de documentos previamente desconocidos que arrojan luz sobre las reglas y creencias de una secta o grupos concretos dentro del judaísmo en general, como la Regla de la Comunidad, el Rollos de la Guerra, el Pesher sobre Habacuc, y la Regla de la Bendición.
Los manuscritos están redactados en hebreo casi en su totalidad, solo con algunos ejemplares en arameo y griego. Los primeros siete manuscritos fueron descubiertos accidentalmente por unos pastores beduinos en 1947, en una cueva en las cercanías de las ruinas de Qumrán, en la orilla noroccidental del mar Muerto, los pastores se encontraban buscando una cabra extraviada y al lanzar una piedra dentro de la cueva para asustar al animal, sintieron que la piedra golpeó vasijas de cerámica, y así encontraron los recipientes donde se resguardaron estos papiros. Posteriormente, hasta el año 1956, se encontraron manuscritos en un total de once cuevas de la misma región.
Algunos de estos manuscritos constituyen el testimonio más antiguo del texto bíblico encontrado hasta la fecha. En Qumrán se han descubierto aproximadamente doscientas copias, la mayoría muy fragmentadas, de todos los libros de la Biblia hebrea, con excepción del Libro de Ester (aunque tampoco se han hallado fragmentos de Nehemías, que en la Biblia hebrea forma parte del Libro de Esdras). Del Libro de Isaías se ha encontrado un ejemplar completo.
Otra parte de los manuscritos son libros no incluidos en el canon del Tanaj, comentarios, calendarios, oraciones y normas de una comunidad religiosa judía que la mayoría de expertos identifica con los esenios. La mayoría de los manuscritos están hoy en el Museo de Israel y en el Museo Rockefeller (ambos en Jerusalén), así como en el Museo Arqueológico de Jordania (en [Amán]]). Otros pocos se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia (en París), o en manos privadas, como la Colección Schøyen (en Noruega).
En 2020 el Museo de la Biblia de Washington D. C. anunció que los dieciséis fragmentos que se hallan en dicho museo son falsificaciones realizadas en el siglo XX. Los nuevos hallazgos no ponen en duda los miles de fragmentos reales, la mayoría de los cuales yacen en el Santuario del Libro, parte del Museo de Israel.
A lo largo de los años, en la región se han descubierto en distintas circunstancias vasijas de barro con manuscritos bíblicos y otros escritos en hebreo y en griego. Uno de estos hallazgos fue realizado por Orígenes en el año 217 cerca de Jericó, cuando encontró unos manuscritos dentro de una vasija y utilizó algunos de los salmos contenidos allí. Posteriormente, en el siglo IX, se supo de otro hallazgo realizado por judíos que informaron de ello a una iglesia cristiana.
Los rollos del mar Muerto fueron descubiertos en una serie de 12 cuevas alrededor del yacimiento conocido originalmente como Ein Feshkha, cerca del Mar Muerto, en la Cisjordania (entonces controlada por Jordania) entre 1946 y 1956 por pastores beduinos y un equipo de arqueólogos. La práctica de guardar los manuscritos sagrados gastados en vasijas de barro enterradas en la tierra o en cuevas está relacionada con la antigua costumbre judía de la Geniza.
Descubrimiento inicial (1946-1947)
Los primeros siete rollos de pergamino, que con certeza proceden de Qumrán, los encontraron por casualidad dos pastores beduinos de la tribu Ta'amireh en 1947 en una de las cuevas mientras perseguían a una de sus cabras. Estos rollos se vendieron (troceados, para aumentar su precio) a dos anticuarios de Belén. Cuatro de ellos se revendieron por una pequeña cantidad al archimandrita del monasterio sirio-ortodoxo de San Marcos en Jerusalén, Atanasio Josué Samuel (más conocido como Mar Samuel). Los tres siguientes terminaron en manos del profesor judío Eleazar Sukenik, arqueólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien, dándose cuenta de su valor, los compró en 1954. Posteriormente, se publicaron copias de los rollos, despertando un interés masivo por parte de arqueólogos bíblicos. La publicación de las copias daría como resultado el hallazgo de otros seiscientos pergaminos y cientos de fragmentos más.