María Magdalena Julia del Portal Moreno (Barranco, 27 de mayo de 1900 - 11 de julio de 1989), más conocida como Magda Portal, fue una poeta, narradora, activista social y miembro fundadora del APRA, al lado de Víctor Raúl Haya de la Torre. En este partido militó durante veinte años (1928-1948), pero renunció al no estar de acuerdo con su cambio de orientación ideológica. José Carlos Mariátegui elogió su obra poética, y la calificó como «la primera poetisa del Perú». Fue la primera poeta mujer de la corriente vanguardista, no solo del Perú sino de toda Latinoamérica. Destacó además por su activismo social, particularmente en favor de los derechos civiles de las mujeres. Fue la primera representante del feminismo militante en el Perú.
Magda Portal fue la segunda hija del matrimonio de Pedro Pablo Portal Ortega y Rosa Amelia Moreno del Risco, que llegaron a tener cuatro hijos en total; tres mujeres y un hombre. Nació en Barranco, balneario de Lima. Tenía tres años de edad cuando su familia se trasladó al Callao, instalándose en un casa cercana a Bellavista, donde su padre trabajaba en el negocio inmobiliario. Tenía cinco años cuando su padre murió, víctima de una repentina enfermedad pulmonar, dejando en desamparo a su familia. Su madre tuvo entonces que ganarse la vida haciendo trabajos de costura, hasta que un día, debido a unas deudas impagas, le embargaron la casa. Este suceso marcó la vida de Magda y, como ella cuenta en su autobiografía, fue su primer contacto con la injusticia. Su madre volvió a casarse y tuvo otros hijos. La vida familiar transcurrió a partir de entonces en continuos cambios de lugares de residencia.
Magda cursó estudios escolares y terminó la media-comercial. Empezó a trabajar en diversos oficios: ayudante de un estudio fotográfico, de una agencia de comisionistas, de un taller de litografía. Tenía 17 años cuando empezó a frecuentar las aulas de la Universidad Mayor de San Marcos, como alumna libre. Ella misma cuenta que entraba en un aula, se sentaba para escuchar las clases y nadie se lo impedía. Hizo amistad con varios alumnos universitarios y jóvenes intelectuales, algunos que ya apuntaban a ser notables poetas y escritores, como César Vallejo, Alcides Spelucin y Antenor Orrego.
Los que le conocieron en esa época la describen como bella y casi angelical; tenía ojos azules y cabellos rojizos y rizados. Su contextura delgada y fina contrastaba con su carácter emprendedor e impetuoso. Sus amigos, los jóvenes políticos de entonces (como Haya de la Torre, Manuel Seoane Corrales, los hermanos Federico y Reynaldo Bolaños) la cortejaban y le llamaban «La muñeca».
Tuvo una relación de pareja con Federico Bolaños, poeta y publicista huancaíno, unión de la que nació una hija, llamada Gloria (1923). Pero se separó de Federico y se convirtió en pareja de su cuñado, Reynaldo Bolaños, también poeta, más conocido por su seudónimo de Serafín Delmar. Los tres publicaron la primera revista literaria vanguardista del Perú, Flechas (1924).
Ya por entonces mostraba inquietudes literarias y escribía cuentos y poemas. Su primera composición publicada apareció en 1920, en la revista Mundial. Era un poema titulado «En voz baja…» y que suscribió con el seudónimo de Tula Sovaina. También por esa época nacieron sus inquietudes políticas y sociales, y conoció a Víctor Raúl Haya de la Torre, cuando este, entonces líder estudiantil, encabezó la protesta por la consagración del Estado al Corazón de Jesús, que fue reprimida severamente por la dictadura de Augusto B. Leguía, ya en trance de perpetuarse en el poder.
En 1923, concursó en los Juegos Florales de la Universidad Mayor de San Marcos, con el seudónimo de Lorelei, presentando una serie de tres poemas titulados «Nocturnos», la cual resultó ganadora del primer premio. Pero cuando los organizadores vieron que se trataba de una mujer, no quisieron cambiar la costumbre medieval de que el varón ganador le dedicará su composición a una dama y decidieron crear un premio especial para Magda, dando el primer premio al que había quedado segundo, el poeta Alberto Guillén. Pese a que todo eso le pareció una absurda discriminación, Magda aceptó, pero llegado el momento de recibir el premio, viendo que se lo entregaría el mismo presidente Augusto B. Leguía, abandonó la ceremonia. El poeta José Gálvez Barrenechea, miembro del jurado, se encargó de leer su poema. Esta composición formó parte del primer poemario de Magda, titulado Ánima absorta, que nunca publicó y que años después destruyó. El episodio de los Juegos Florales fue cubierto por la prensa de entonces, y gracias a ello, Magda se hizo muy conocida, creándose la imagen de una contestataria impetuosa.
Acompañó a Serafín Delmar en su viaje a Bolivia en 1925. De vuelta al Perú, se relacionó con el grupo que lideraba José Carlos Mariátegui, colaborando con la revista Amauta. También promovió las Universidades Populares González Prada. En coautoría con Serafín Delmar publicó un libro de cuentos titulado El derecho de matar (1926).
En 1927 publicó su primer poemario, titulado Una esperanza y el mar, que se imprimió en los talleres de la Editorial Minerva, de propiedad de José Carlos Mariátegui. Esta obra la consagró como la primera poeta mujer de la corriente vanguardista, no solo del Perú sino de toda Latinoamérica. El mismo Mariátegui elogió su obra poética, dedicándole un espacio en sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, calificándola como la «primera poetisa del Perú».
Junto con Serafín fue implicada en un supuesto "complot comunista", siendo desterrados ambos por el gobierno de Leguía (1927). Pasó a Cuba y luego a México. Se afilió al APRA (1928), fundado por su amigo Haya de la Torre, quien le animó a dejar la poesía y a dedicarse a la política. Efectuó una gira por las Antillas y Colombia, para dar a conocer los planteamientos apristas, cuyo eje era el antiimperialismo y la lucha antioligárquica.
Mariátegui la invitó a adherirse a su recién fundado Partido Socialista Peruano, pero ella, pese a que siempre consideró al Amauta como su maestro, no aceptó, pues consideraba necesario un partido nacionalista y antiimperialista, como el APRA. No obstante, junto con sus compañeros apristas, concertó un encuentro con Mariátegui, para dilucidar el asunto, y emprendió el regreso a Sudamérica. Pasó en barco por la costa peruana, pero no pudo desembarcar, pues existía la orden de detenerla. Continuó el viaje hacia Chile y arribó a Valparaíso. De allí pasó a Santiago, donde sufrió una prisión de ocho días, acusada de venir a hacer propaganda subversiva. El siguiente destino era Buenos Aires, donde había pactado su encuentro con Mariátegui, pero este no pudo viajar a dicha ciudad al recaer en su enfermedad, acabando por fallecer en Lima (abril de 1930).
Tras la caída de Leguía en agosto de 1930, Magda regresó al Perú. Se entregó de lleno a las tareas partidarias en el seno del Partido Aprista Peruano, cuyo comité ejecutivo nacional integró como secretaria de asuntos femeninos. Logró esquivar la persecución del gobierno sanchecerrista, lo que no ocurrió con Serafín Delmar, que fue capturado y sentenciado a 20 años en prisión, acusado de participar en un atentado contra la vida del presidente Luis Sánchez Cerro.
Durante el gobierno de Benavides fue detenida en Chiclayo (26 de noviembre de 1934). Permaneció 500 días en la cárcel de mujeres de Lima (situada en el local donde después funcionaría el Colegio Mercedes Cabello de Carbonera y donde hoy está la UGEL 03). Al ser liberada, marchó hacia Bolivia. De allí pasó a Chile, donde residió por varios años. Allí publicó su segundo poemario: Costa sur (1945).
En 1945, al levantarse la proscripción del partido aprista, retornó al Perú y viajó por el país dando discursos políticos y conferencias, atrayendo a multitudes. Continuó teniendo posiciones de alto nivel como miembro del comité ejecutivo nacional del partido y como secretaria de asuntos femeninos y directora del Movimiento Nacional para la Educación de las Mujeres. En 1946 organizó la primera Convención Nacional de mujeres apristas, de la que fue nombrada presidente.