La música de Chile se refiere a la música creada en Chile o por chilenos en el extranjero, que forma parte de su cultura. También incluye la música de los pueblos indígenas que habitaban en el Chile actual. El 4 de octubre fue declarado como el «día de la música y de los músicos chilenos» en conmemoración del natalicio de Violeta Parra.
Antes del descubrimiento y conquista de Chile, la música chilena era en realidad la música de los pueblos indígenas, de la cual se conservan solamente algunos fragmentos y nociones.
Previo a la llegada de los europeos, no existían las fronteras que hoy encontramos en Latinoamérica. Por esta razón, no podemos referirnos a la música prehispánica como «música de Chile», y esto aplica a cualquier otro país americano de los que existen hoy. Sin embargo, la música existió en América cientos de años antes de la conquista europea, y muchas de las características e instrumentos musicales de la música prehispánica forman hoy parte del folclore y la tradición musical del país.
Las excavaciones arqueológicas muestran que existían una gran variedad de instrumentos musicales incluso, mucho antes de la llegada del Inca. Estudios científicos de los restos dejados por las culturas nazca y mochica revelan la existencia de sistemas teóricos bastante evolucionados, que incluyen la presencia de intervalos menores del semitono, cromatismos y escalas de cinco, seis, siete y ocho sonidos. equivalente a sus contemporáneos de Asia y Europa.
El sociólogo Carlos Keller señala que, así como los aztecas respecto a los mayas y los romanos respecto a los griegos, el inca tomó las costumbres y tradiciones de los pueblos que conquistó y las incorporó como propias. La música inca toma elementos de las culturas chimú, aimara y nazca entre otras. Se cree también, que la cultura inca fue la primera en América en desarrollar un sistema formal de enseñanza musical.
Cuando los incas avanzaron hacia el sur (hoy norte de Chile), se encontraron con diferentes pueblos nativos, y absorbieron buena parte de sus culturas, especialmente de los atacameños o “licanantai”. Este pueblo agrícola-alfarero tenía una organización admirable, y un alto desarrollo cultural, incluida cueca, que tuvo gran influencia en la civilización incaica. Descendientes de los antiguos changos, los atacameños hablaban la lengua kunza, y sus estructuras sociales, tecnología y cultura espiritual estaban condicionadas por el medio ambiente complejo del desierto. Los atacameños, a su vez habían sido influenciados enormemente por los nazca, una sociedad organizada que ocupó buena parte del desierto de atacama, principalmente la zona costera y central, y que se extendió a lugares tan lejanos como el valle central de Chile. Los atacameños fueron conquistados por los incas en el siglo XV, parte de ellos se refugió entre la Cordillera de los Andes y el Salar de Atacama, donde hoy están las localidades de Toconao, Socaire y Peine.
Del repertorio musical de los actuales atacameños, llama la atención el uso sistemático de melodías de tres notas organizadas en forma de acorde, conocido como trifonia, común a muchas otras culturas aborígenes.
Los instrumentos más utilizados son el pututo, la caja chayera de doble parche y el cencerro tradicionalmente llamado chorromo, constituido por campanillas metálicas sin badajo que en la actualidad se reemplazan por triángulos u otros sonajeros metálicos.
El cauzúlor también llamado talátur, es una celebración que se realiza anualmente en la localidad de Caspana, y que pertenece al género de lo que se conoce en las comunidades rurales como minga (en quechua "Minka") o trabajo comunitario de siembra, cosecha o construcción. El cauzúlor consiste en un ceremonial cantado y danzado, que se efectúa en la segunda mitad de agosto, al terminar la faena comunitaria de la limpieza de canales de regadío agrícola.
Su propósito es el de agradecer los dones recibidos de la Pachamama y de solicitarle abundancia de aguas y fecundidad de las cosechas, así como también la paz y prosperidad general al pueblo. Cuando se libera el agua en el canal limpio, se acompañan las ofrendas de maíz y vino, que en ella se vierten, con un canto lento, que cobra rapidez y participación masiva cuando termina la ceremonia en el pueblo.
En las localidades de Peine y Socaire, región de Antofagasta, el talátur se celebra en fecha variable entre agosto y octubre en las mismas características y función que el cauzúlor, y centra su propósito en la obtención de las aguas para fertilizar la tierra. Aquí interviene el canto colectivo, acompañado por el clarín, pututo y chorromo, que comienza con una invocación a las aguas y riachuelos de la zona, y prosigue dirigiéndose a las montañas vecinas.
Aunque kunza es un idioma extinto, hoy en día aún se conservan en topónimos y cantos ceremoniales ancestrales en este idioma, la lengua Atacameña original.
Los mapuches son la etnia indígena mayoritaria en Chile. Habitaban desde Copiapó en el norte de Chile, hasta Chiloé en el sur. Los mapuches nunca fueron conquistados por los incas y por tanto su música se diferencia de las culturas de influencia andina del norte del país. Los cronistas españoles observaron sus rituales musicales con atención y tomaron nota, lo que ha permitido comparar los primeros encuentros, con la música mapuche moderna.
El historiador y etno musicólogo Samuel Martí escribió "El indígena no canta o baila para exhibir su destreza o sus conocimientos, ni tampoco trata de entretener o adular al espectador. El indígena canta y baila para honrar y propiciar a sus dioses ancestrales". Los mapuches cantan y bailan para honrar a Ngenechén (también conocido como Nenechén, Ngünechén, Nguenechén, Guenechén, Guinechén, Guinechena, Guienapun o Huenechen). Aunque existen composiciones amorosas y canciones acerca de la tierra natal, su música tradicional es principalmente religiosa, y sus melodías de temple monótono y triste.
También tenían ceremonias especiales, donde se unía la danza con la música, como el lepún, ceremonia agraria, el machitún y el nguillatún. Actualmente han surgido intentos, tanto de mapuches como de no mapuches de funcionar o de desarrollarla utilizando técnicas composicionales modernas y el uso de la tecnología. Se han empleado sintetizadores y samplers. Dentro de esta línea destaca la compositora argentina-mapuche Beatriz Pichimalén.
El representante franciscano Luis Jerónimo de Oré (Lima aprox. 1598) notó que los niños indígenas aprendían canciones a una edad muy temprana, y demostraban tener una excelente memoria y sentido del ritmo. De Ore, se dio cuenta de que estas habilidades podrían ser una herramienta de evangelización y adoctrinación religiosa, y propuso que se enseñaran los rezos e himnos cristianos en el idioma de los nativos. El mismo método fue usado en Chile por los sacerdotes Jesuitas. Bernardo Havestadt visitó Chile en 1777, y luego publicó en Westfalia un documento que contenía 19 himnos mapuches acompañados por música de estilo europeo.
A diferencia de los pueblos Andinos, los mapuches no desarrollaron un sistema teórico musical formal, pero en la práctica, existía uno dado por las limitaciones físicas de sus instrumentos. La técnica para tocar estos instrumentos se ha preservado durante cientos de años, transmitida de generación en generación. En el siglo diecisiete el cronista español Alonso González de Nájera describía la música de los mapuches como "más triste que alegre" y los instrumentos como tambores y flautas hechos de canillas de españoles
Instrumentos musicales mapuches