Mérida es un municipio y ciudad de España, capital de la comunidad autónoma de Extremadura y sede de sus instituciones de gobierno. Situado en el norte de la provincia de Badajoz, su término municipal cuenta con una población de 60 225 habitantes (INE 2025).
Mérida, según la tradición historiográfica, fue fundada como colonia romana en el año 25 a. C. por orden del emperador Octavio Augusto para servir de retiro a los soldados veteranos licenciados de las legiones V Alaudae y X Gemina; de ahí su nombre romano de Colonia Iulia Avgusta Emerita. La ciudad, una de las más importantes de toda Hispania, fue dotada con todas las comodidades de una gran urbe romana y ejerció de capital de la provincia romana de Lusitania desde poco después de su fundación y como capital de la diócesis de Hispania desde finales del siglo III. Tras las migraciones germánicas, a inicios del siglo V d. C., y la caída del Imperio romano de Occidente, Mérida siguió siendo una importante ciudad del reino visigodo de Hispania en el siglo VI, como centro político y religioso fundamental para la monarquía. En el año 713 la ciudad pasó a manos musulmanas, los cuales la convirtieron en capital de la Cora de Mérida y de la Marca Inferior. Bereberes, mozárabes y muladíes emeritenses se rebelaron repetidamente contra las autoridades emirales de Córdoba durante el siglo IX y la ciudad comenzó un lento declive tras la última sublevación en el año 868. Mérida fue reconquistada por las tropas del Reino de León, comandadas por Alfonso IX de León en 1230. Con la llegada del ferrocarril en 1864, Mérida salió de su histórico letargo y se incorporó en pocas décadas a la contemporaneidad. En reconocimiento a su histórica importancia y a su centralidad geográfica, en 1983 fue designada capital de la comunidad autónoma de Extremadura.
Mérida se encuentra geográficamente casi en el centro de la región, atravesada por los ríos Guadiana y Albarregas, a unos 217 m sobre el nivel del mar. El «Conjunto arqueológico de Mérida» fue declarado por la Unesco, en 1993, Patrimonio de la Humanidad, debido a su importante interés histórico y monumental. Eclesiásticamente, es, junto a Badajoz, sede metropolitana de la archidiócesis de Mérida-Badajoz. Económicamente, Mérida es una ciudad orientada al sector servicios, con una decreciente importancia en el sector industrial y un casi extinto sector primario. Tiene el título de «Muy Noble, Antigua, Grande y Leal Ciudad de Mérida».
El topónimo de Mérida deriva del latín Emerita, con un significado de «jubilada» o «veterana». Es parte del nombre que recibió la ciudad tras su fundación por el emperador Augusto en 25 a. C., Augusta Emerita, colonia en la que se instalaron soldados veteranos o eméritos. Durante el dominio islámico, la ciudad pasa a denominarse Mārida. El gentilicio de los habitantes de Mérida es emeritense.
Los símbolos de la ciudad de Mérida son la bandera y el escudo, que se describe así: En campo de gules, puerta romana de la ciudad, de oro: muralla con almenas en forma de T, con dos puertas arqueadas y abiertas, entre dos altas torres redondas, almenadas y con sendas ventanas arqueadas y abiertas; tras las torres, asienta un arco coronado de siete almenas en forma de T. Sobre las puertas lleva, en dos líneas, las letras AUGUSTA EMERITA. Al timbre, corona real abierta.
Es la capital de la comarca de Tierra de Mérida-Vegas Bajas, situándose a 61 km de Badajoz, estando atravesado por la Autovía del Suroeste y por la autovía A-66.
El relieve del extenso término municipal es predominantemente llano, marcado por la depresión del río Guadiana. Se trata de una planicie que solo se ve alterada por la presencia de algunas pequeñas sierras alejadas de la vega del río, como son la sierra Bermeja (cerca de Mirandilla), que alcanza los 546 m de altitud, la sierra del Machal (cerca de La Nava de Santiago), que alcanza los 520 m de altitud o la sierra de San Serván (cerca de Arroyo de San Serván), que alcanza los 608 m de altitud. El río Guadiana es el eje principal del territorio, en el que desaguan el río Aljucén y pequeños arroyos que atraviesan las dehesas. Al noreste del municipio se encuentra el parque natural de Cornalvo. El núcleo urbano se alza a 218 m sobre el nivel del mar.
En el interior del territorio de Mérida se encuentran varios enclaves independientes: La Nava de Santiago, Aljucén, El Carrascalejo, Mirandilla, Trujillanos, Calamonte y Arroyo de San Serván.
De acuerdo con la clasificación climática de Köppen el clima de Mérida es mediterráneo (Csa). Los inviernos son suaves, con mínimas que pocas veces al año bajan de los 0 °C, y los veranos son calurosos, con máximas que algunos días en verano sobrepasan los 40 °C. La máxima absoluta, siendo la de Extremadura a su vez, fue de 46.4 °C el 1 de agosto de 2003. En cuanto a las precipitaciones, lo habitual es que se recojan anualmente entre 450 y 500 mm. Los meses que registran más precipitaciones son los últimos del año: noviembre y diciembre. Rara vez caen copos de nieve en invierno debido a su altitud, con una media de 1 vez cada 25-30 años, las últimas nevadas registradas fueron en 2010 y 1983.
Los veranos son secos. Sin embargo, hay que señalar que en Mérida, al igual que en el resto del sur de España, son habituales los ciclos de sequía, que oscilan en su duración entre los dos y los cinco años. En otoño el clima es más inestable que en el resto del año, produciéndose con cierta frecuencia tormentas, a menudo secas. Tanto la humedad como los vientos son reducidos. No obstante, es frecuente la aparición de nieblas, sobre todo en los meses centrales de otoño e invierno.
Mérida cuenta con una población de 60 225 habitantes (INE 2025).
Desde el año 2000 ha entrado en una etapa de crecimiento demográfico sostenido. La ciudad ganó 6649 habitantes entre 2000 y 2010, lo que supone un crecimiento del 13,1 %, una media de casi 800 personas al año. Buena parte de este incremento poblacional tiene su explicación en la subida de la natalidad, especialmente notable en los últimos cinco años. Si 2000 se cerró con un total de 580 nuevos inscritos en la ciudad, en 2008 se pasó de 700 y en 2009 se llegó a 804, una marca histórica para la ciudad.
Pese a que es la tercera ciudad con mayor número de habitantes de Extremadura, presenta una densidad de población baja (69 hab/km²), debido a la extensión de su término municipal, uno de los más grandes de España, con 865,19 km². En comparación con la del conjunto español (92,77 hab/km²) tiene una densidad menor y si la comparamos con el dato extremeño, casi triplica su densidad, situada en 2018 en 26,71 hab/km². Por sexo, están empadronados en Mérida 28 918 varones y 30 417 mujeres (INE 2019), lo que representa unos porcentajes de un 48,74 % y de un 51,26 %, respectivamente. Comparativamente con el conjunto extremeño (un 49,64 % y un 50,35 %), en la ciudad emeritense se observa una mayor presencia relativa de mujeres.
El territorio donde hoy se asienta la ciudad de Mérida, enmarcado por los ríos Guadiana y Albarregas y entre los cerros del Calvario y San Albín, ha ofrecido, desde tiempos remotos, condiciones excepcionales para el asentamiento humano. La fertilidad del Valle Medio del Guadiana, la disponibilidad de agua y la abundancia de recursos naturales propiciaron la instalación de comunidades desde el Paleolítico Inferior. Los primeros vestigios de ocupación se remontan a este periodo, con industrias líticas localizadas en áreas locales como Morerías, Bodegones y Abadías. Durante el Neolítico Final y el Calcolítico, el poblamiento se intensificó, floreciendo en el entorno sociedades megalíticas, responsables de construcciones monumentales como el Dolmen de Lácara, uno de los más imponentes de la península ibérica y actualmente abierto al público. En los siglos siguientes, el poblamiento en las tierras cercanas a Mérida se volvió más estructurado y jerarquizado. Así lo prueban enclaves como el centro ceremonial de La Pijotilla, el cerro del Castillo de Alange con su granero, o el entorno de El Palomar, en Oliva de Mérida, con restos de un asentamiento orientalizante con sorprendentes elementos de arquitectura y planificación urbana. A estos se suman varios edificios monumentales rurales de origen tartésico como Cancho Roano o El Turuñuelo, localizados a poco kilómetros de la ciudad.