Tal Día como Hoy

Máximo Gómez

Militar cubano-dominicano

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Máximo Gómez Báez (Baní, República Dominicana, 18 de noviembre de 1836 – La Habana, Cuba, 17 de junio de 1905), también conocido como El Generalísimo, fue un militar dominicano de la guerra de los Diez Años y el general en jefe de las tropas revolucionarias cubanas durante la famosa guerra de Independencia cubana. Es considerado como uno de los principales libertadores de Cuba.​

Antes de su partida permanente a tales tierras, ganó cierta fama nacional debido a su participación en la Guerra de independencia dominicana, específicamente en la Batalla de Santomé,​ la cual resultó en una aplastante derrota del ejército haitiano por parte de los rebeldes dominicanos. Años después de ser consumada la creación de la nueva república, el presidente de aquella época, Pedro Santana opta por anexar el país a España, provocando así otra guerra por la libertad en suelo dominicano. Gómez apoyaría en lo absoluto la decisión de Santana, motivo por el cual abandonó junto a muchos otros dominicanos la isla cuando el recién derrotado ejército español, ubicado Santo Domingo, partió hacia Cuba como retirada.

Después de un periodo en Cuba, optó por serle leal a los ideales de los independentistas cubanos, uniéndose a su causa hasta alcanzar los más altos rangos del ejército mambí.​

Era reconocido por su política controvertida de tierra quemada,​ la cual implicaba incendiar las propiedades y plantaciones de azúcar de los leales a la Corona española, incluyendo muchas propiedades estadounidenses, y dinamitar trenes de pasajeros. La eficacia de los ataques se incrementó significativamente al torturar y matar no solo soldados españoles, sino también a sus simpatizantes y en particular, a los cubanos leales a España. Cuando estalló la guerra hispanoamericana en abril de 1898, la rebelión estaba prácticamente derrotada en la mayor parte del oeste de Cuba, con sólo unos pocos focos operativos en el centro y el este.​

Después de la conclusión de la guerra, se retiró a la Quinta de los Molinos, una villa lujosa ubicada en las afueras de La Habana, que los capitanes generales utilizaban antes como residencia de verano.​​ Se negó adicionalmente a unir fuerzas con los españoles para luchar contra la presencia estadounidense en la isla.

Nació en noviembre de 1836, en la ciudad de Baní,​ el más joven de diez hermanos. Los Gómez-Báez no eran nuevos en tales tierras, puesto que sus ancestros tenían cierto tiempo estando instalados en la región sur del país, algunos incluso formaban parte de sus primeros pobladores al momento en que el mariscal de campo español, Manuel de Azlor y Urriés, fundó dicha ciudad. Su padre fue Andrés Gómez Guerrero y su madre, María Clemencia Báez, ambos agricultores. Para tal fecha, Baní aún estaba compuesto mayoritariamente por personas blancas de origen canario,​ y se convirtió en las pocas zonas del país que no se vieron severamente afectadas por las grandes oleadas de emigración de familias criollas dominicanas hacia otras partes del imperio, debido al tratado de Basilea. Su familia, al igual que otras contemporáneas, no solía mezclarse con los "pardos" y "negros", quienes ya para esa época representaban la mayoría de la población dominicana. Por esa misma razón, eran descritos por muchos banilejos como "de raza blanca pura".​ De condición humilde, aunque con ancestros de cierta fortuna, hicieron su hogar en uno de los muchos bohíos (viviendas tradicionales y rústicas, diseñadas para adaptarse al clima cálido y húmedo) ubicados en Baní. Su abuelo fue José Gómez Lizardo, un conocido terrateniente criollo de origen español que poseyó varios esclavos negros en el hato de Matagorda, ubicado en el valle de Baní.​ Su bisabuelo, José Gómez Calendario, había sido soldado del Batallón de la ciudad de Santo Domingo, y posteriormente sargento. Al morir, fue enterrado en la Catedral Primada.​

El ancestro directo de Máximo Gómez que llegó al Nuevo Mundo por primera vez se llamaba Ruy Gómez de Brito, oriundo de la ciudad de Sevilla, Andalucía. Su abuelo, Francisco Gómez, de Gibraleón, además de ser alférez del Real Ejército de Su Majestad, es el ancestro directo más antiguo del que se haya encontrado documentos hasta la fecha. Ruy Gómez de Brito fue a su vez hijo de Ana de Brito de Acuña, hija de Pedro de Brito, un sevillano de padres portugueses. Mediante este linaje, los ancestros del general Gómez pueden encontrarse en la mayor parte de la clase alta de aquel país, extendiéndose así hasta monarcas europeos. El más cercano de su árbol genealógico es el rey Sancho IV de Castilla (el Bravo).​ Esto ocurre a través de la séptima abuela de Pedro, Violante Sánchez de Castilla, fruto de la relación extramatrimonial entre María Alfonso Téllez de Meneses y el rey Sancho.

Para el nacimiento de Gómez, la parte hispana de isla ya había sido ocupada por el ejército haitiano, comandado al principio por Jean-Pierre Boyer. A su llegada, muchos cambios fueron impuestos para la población ya existente con una cultura establecida desde hacía años.​ Entre las más destacables, se encontraba la abolición de la esclavitud, la restricción del idioma español, suprimir las costumbres tradicionales y la que más terminaría afectando la familia Gómez-Báez, siendo la prohibición de los blancos como propietarios de tierras. Esto provocó que muchas de las principales familias terratenientes se desplazaran a Cuba, Puerto Rico o la Gran Colombia, por lo general con el apoyo de funcionarios haitianos, que adquirieron sus tierras.​ En el caso de los Gómez-Báez, debido a su posición económica, tuvieron que permanecer en suelo dominicano. Tuvo una infancia campesina,​ aprendiendo a leer y a escribir en su hogar. Más tarde lo siguió educando su padrino, el cura Andrés Rosón, quien quiso educar al niño para el sacerdocio, pero fracasó. Fue después su maestro el cura del pueblo, Simón Rodríguez.

En 1855, Máximo Gómez con 18 años se unió al ejército independentista nacional. Sus primeras preseas se las ganó como un "aguerrido alférez" de un escuadrón de caballería que estaba compuesto principalmente por banilejos, sin que este hecho lo sacara del montón.​ Este acontecimiento nos lo describe el Dr. Benigno Sousa (médico militar), como sigue: En la batalla de Santomé, el 22 de diciembre de 1855, sangrienta y definitiva derrota de los haitianos, recibe Gómez su bautizo de fuego. La Caballería de Baní, “Jinetes de Lanza y Machetes de Cabo”, en la cual figuraba como alférez, se llena de gloria, decidiendo la acción.​ Siguió su carreta militar, disciplinada y austera, santo y seña de toda su vida. Se destacó por ser un hombre de los que peleaban con machete, sobre un caballo o a pie y hasta descalzo.

Durante la re-anexión de Santo Domingo a España (1861-1865), Máximo Gómez era capitán de caballería. Se desempeñó en el gobierno anexado como secretario del ayuntamiento de San José de Ocoa, donde pasó gran parte del período de anexión. Se tienen informaciones fidedignas de que, entre el coronel Valera, Heredia, Tejeda, Marcano, Lucas Díaz y seguidores (todos blancos), se estaba gestando un movimiento de apoyo a las corrientes restauradoras, sin embargo, enmarcándose en las circunstancias de Baní en esa época, poseyendo una población de origen canario casi en su totalidad.​ Máximo Gómez, teniendo la formación educativa, religiosa y militar que poseía, en un pueblo que había mantenido sus raíces casi intactas de sus progenitores blancos, recibe la llegada a Baní, también conocido como la Perla del Sur, en forma ruidosa la lucha intestina de la Restauración bajo la jefatura suprema del valeroso general Pedro Florentino, de raza mulata. Florentino, caudillo militar y restaurador del sur, regresó a Baní racialmente influenciado debido al fruto de algunos inconvenientes que sufrió de parte de las fuerzas anexionistas y españolas combinada al mando del Mariscal de Lagándara. Se sabe que cometió actos criminales, como fusilamientos masivos de familias mayormente de raza blanca, entre ellos, el caso de Rudecindo Pimentel y sus dos hijos. También estuvieron los cuñados y sobrinos de Gómez. Impresionado por la presencia insegura de su madre y hermanas en el poblado, el capitán Gómez regresó a Baní, unificó un ejército improvisado entre soldados, familiares y amigos, acosando del pueblo a Florentino con sus secuaces.

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