Tal Día como Hoy

Luis de León

Humanista agustino español

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Fray Luis de León (en latín: F. Luyssi Legionensis; Belmonte, 1527 o 1528​-Madrigal de las Altas Torres, 23 de agosto​ de 1591) fue un teólogo, poeta, astrónomo, humanista y religioso agustino español de la escuela literaria salmantina.

Fray Luis de León es uno de los poetas más importantes de la segunda fase del Renacimiento español junto con Francisco de Aldana, Alonso de Ercilla, Fernando de Herrera y san Juan de la Cruz. Su obra forma parte de la literatura ascética de la segunda mitad del siglo XVI y está inspirada por el deseo del alma de alejarse de todo lo terrenal para poder alcanzar lo prometido por Dios, identificado con la paz y el conocimiento. Los temas morales y ascéticos dominan toda su obra.

Además, fray Luis de León fue uno de los expertos consultados para cambiar el calendario juliano usado en Occidente desde la época de Julio César al actual calendario gregoriano, así llamado por el papa Gregorio XIII, que supervisó el proyecto.

Fray Luis de León nació en Belmonte en 1527 o 1528 y era de origen judeoconverso por ambas ramas. Su padre fue el abogado Lope de León y su madre Inés Varela. Residió y cursó sus primeros estudios en Madrid y en Valladolid, lugares donde su padre ejerció la distinguida labor de consejero regio. Cuando cumplió los catorce años, marchó a Salamanca para ingresar en la Orden de los Agustinos, probablemente en enero de 1543, y profesó el 29 de enero de 1544. Salamanca constituyó desde entonces el centro de su vida intelectual como profesor de su universidad.​

Estudió Artes y Filosofía tutelado por fray Juan de Guevara (1544-1546) y Teología en Salamanca y Toledo, presuntamente con Melchor Cano, aunque no está demostrado. En el curso de 1556-1557 conoció a fray Cipriano de la Huerga, un orientalista catedrático de Biblia en Alcalá de Henares, y este encuentro supuso una experiencia capital en la formación intelectual de fray Luis.​ Asimismo, un tío suyo, Francisco de León, catedrático de leyes de la universidad salmantina, lo tutoró en esos momentos, puesto que su familia había marchado a Granada siguiendo los avatares de la profesión del padre, que había sido nombrado oidor en su Chancillería en 1542.​

Entre mayo y junio de 1560 obtuvo los grados de licenciado y maestro en Teología por la Universidad de Salamanca. Comenzó entonces su lucha por las cátedras: primero la de Biblia, que había dejado vacante Gregorio Gallo —más adelante nombrado obispo de Orihuela— y que fue ganada por Gaspar de Grajal; y después la de Santo Tomás, que finalmente obtuvo al año siguiente (1561) superando a siete aspirantes, entre ellos el maestro dominico Diego Rodríguez.

En 1565, al completar los cuatro años en la cátedra de Santo Tomás, opositó a la de Durando, y salió triunfador de nuevo frente al mismo Diego Rodríguez. Se mantuvo en ella hasta marzo de 1572.​ A finales de 1571, junto con el músico Francisco Salinas y el rector Diego de Castilla, formó parte del jurado de la justa literaria convocada para dar gracias por la victoria de Lepanto y por el nacimiento del príncipe Fernando.​

Estos y otros éxitos le atrajeron probablemente la ojeriza de los dominicos, patronos de la Inquisición; y en efecto, el agustino fue denunciado, y estuvo más de cuatro años en prisión, en Valladolid, en la calle que ahora recibe el nombre de Fray Luis de León. Su delito principal fue traducir el Cantar de los Cantares a la lengua vulgar sin licencia. Además, su defensa del texto original hebreo había irritado a los escolásticos más intransigentes, en especial al canónigo y catedrático de Griego León de Castro —autor de unos comentarios a Isaías— y al dominico fray Bartolomé de Medina, molesto contra él por algunos fracasos académicos. Y es que fray Luis, durante las juntas de teólogos celebradas en la Universidad para tratar de la aprobación de la llamada Biblia de Vatablo, había defendido una serie de proposiciones que fueron vistas como peligrosamente cercanas al protestantismo. Todo lo cual acabó por llevar al fraile a la cárcel, junto a los maestros Gaspar de Grajal y Martín Martínez de Cantalapiedra. En prisión escribió De los nombres de Cristo y varias poesías, entre las cuales está la Canción a Nuestra Señora.

Tras su estancia cautelar en prisión (del 27 de marzo de 1572 al 7 de diciembre de 1576), fue nombrado profesor de Filosofía Moral. Y, un año más tarde, consiguió por fin la cátedra de Sagrada Escritura, que en 1579 obtuvo en propiedad. En la universidad, uno de sus alumnos fue san Juan de la Cruz, quien era llamado entonces fray Juan de San Matías.

En Salamanca las obras poéticas que el agustino componía como distracción se divulgaron pronto, y le atrajeron no solo las alabanzas de sus amigos, los humanistas Francisco Sánchez de las Brozas (el Brocense) y Benito Arias Montano, sino también de poetas como Juan de Almeida y Francisco de la Torre, así como a Juan de Grial, Pedro Chacón, o el músico ciego Francisco de Salinas, que formarían la llamada primera Escuela salmantina o de Salamanca.

Los motivos de su prisión hay que achacarlos, en última instancia, a las envidias y rencillas existentes entre órdenes religiosas, por encima de las denuncias concretas. La acusación principal era preferir el texto hebreo del Antiguo Testamento a la versión latina oficial (la traducción Vulgata de San Jerónimo) adoptada por el Concilio de Trento, lo cual era cierto. Pero a ello se añadió -como vimos- el haberse atrevido a traducir partes de la Biblia, y en concreto el Cantar de los Cantares, a la lengua vulgar, algo que quedaba expresamente prohibido por ese reciente concilio; el cual, por recelo del pensamiento protestante (recuérdese la traducción de la Biblia al alemán que había realizado el también agustino Lutero), solo permitía traducciones en forma de paráfrasis, esto es, a modo de comentarios y usando, por tanto, más palabras que el texto original. Por lo primero fueron perseguidos y encarcelados también sus amigos los hebraístas Gaspar de Grajal y Martín Martínez de Cantalapiedra, así como el catedrático de la Universidad de Osuna Alonso Gudiel; este, al igual que Grajal, murió en cautiverio, en la cárcel de la Inquisición en Valladolid.

Es cierto que fray Luis había traducido el Cantar de los Cantares directamente del hebreo, con glosas y comentarios; pero también que lo había hecho privadamente, para ilustrar a su prima Isabel de Osorio, monja en el convento salmantino de Sancti Spiritus, la cual no sabía latín. El problema vino cuando alguien realizó sin su consentimiento una copia de esta traducción, y después se hicieron varias copias más, con la consiguiente no deseada difusión. En los Índices de libros prohibidos por la iglesia de Lisboa (1581) y de Toledo (1583) aparecen tanto su versión en prosa de la traducción, como otra en verso, de dudosa atribución.​ Su prolija defensa alargó el proceso inquisitorial, que se demoró casi cinco largos años, tras los cuales fue finalmente absuelto.

Pues que la parafrasea en su "Oda XVII, en una esperanza que salió vana",​ parece cierto que se le puede atribuir la décima graffiti que presuntamente, al salir de la cárcel, escribió en sus paredes:

Ya exonerado de toda culpa, y aun cuando la Inquisición le había reconocido el derecho a regresar a su cátedra de Escritura, renunció a ella en favor del padre Castillo, quien la estuvo desempeñando desde su encarcelamiento; de este modo el claustro, poco menos que obligado, le concedió en enero de 1577 la cátedra de Teología. Sus biógrafos cuentan que fray Luis acostumbraba, en sus años de docencia, resumir las lecciones explicadas en la clase anterior; y que, al volver a la Universidad a su nueva cátedra, retomó sus lecciones con la frase “Decíamos ayer…” (Dicebamus hesterna die) como si sus cuatro años de prisión no hubieran transcurrido.​ Pero, aunque la frase tiene sello luisiano, se supone que es una invención posterior de fray Nicolaus Crusenius.​ Un año después (1578), debido a sus conocimientos de Astronomía, fue comisionado para la reforma del calendario juliano. Y por el mismo tiempo, alcanzaba la cátedra de Filosofía Moral.​ Asimismo, siendo simpatizante de la reforma carmelitana, defendió a Teresa de Jesús cuando la santa anduvo confinada en Toledo y procesada (también) por la Inquisición por haber escrito el libro de su Vida. En 1579 volvió a ganar por oposición la cátedra de Biblia, asignatura que impartió ya hasta su muerte.​

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