Luis Miguel Sánchez Cerro (Piura, 12 de agosto de 1889-Lima, 30 de abril de 1933) fue un militar y político peruano, que gobernó al Perú en dos ocasiones no consecutivas: la primera, de facto, como jefe de una Junta Militar, de agosto de 1930 a marzo de 1931; y la segunda, como presidente constitucional, de diciembre de 1931 hasta su asesinato en abril de 1933.
Nacido en un hogar modesto de Piura, cursó sus estudios escolares en el Colegio San Miguel de dicha ciudad y luego ingresó a la Escuela Militar de Chorrillos, de donde egresó en 1910 como subteniente de infantería. Fue destacado a Sullana, de donde pasó a Sicuani y luego a Lima. Intervino en el golpe de Estado contra el presidente Guillermo Billinghurst, ocasión en la que perdió dos dedos de la mano derecha, por lo que recibió el apodo de "el mocho".
Promovido a capitán, viajó a Washington D. C. como adjunto militar y, al retornar en 1918, fue incorporado a un regimiento de Arequipa. Fue destacado nuevamente a Sicuani, en 1921, y al año siguiente fue nombrado juez militar en el Cuzco, donde promovió una sublevación contra el gobierno de Augusto B. Leguía. Herido, fue apresado y confinado a la isla de Taquile en el lago Titicaca, y luego a la isla San Lorenzo en Lima. Al salir en libertad, se dedicó a los negocios, pero poco después fue readmitido al servicio como ayudante del Ministerio de Guerra, en 1925. Luego pasó a ser jefe del Batallón de Zapadores en el Cuzco y, de allí, fue enviado en misión de estudios a Europa. Estuvo en Francia e Italia, aunque no se alistó en el ejército español ni peleó en la guerra del Rif, como una de sus biografías afirma.
De retorno al Perú, fue ascendido a teniente coronel y nombrado jefe del Batallón de Zapadores N.º 3 de Arequipa. Continuó conspirando contra el gobierno de Leguía, hasta que el 22 de agosto de 1930 se alzó en armas, encabezando la llamada revolución de Arequipa, que acabó por deponer al régimen leguiísta, que había durado once años. Luego asumió el poder como jefe de una Junta Militar de Gobierno, que gobernó de 27 de agosto de 1930 a 1 de marzo de 1931. Una de las razones de la gran popularidad que tuvo en vastos sectores de la población fue su marcada fisonomía de mestizo o cholo, haciendo que la gente lo viera «como uno más de ellos». También su autoritarismo y su nacionalismo le ganaron adeptos.
Durante este periodo de facto, enfrentó los efectos de la crisis mundial de 1929, que afectó a la economía y derivó en un agudo malestar social. Convocó a elecciones pero cometió el error de querer participar como candidato sin abandonar el poder, por lo que perdió popularidad, alzándose en su contra la ciudad de Arequipa. Finalmente optó por renunciar al mando, el 1 de marzo de 1931. Luego de unos gobiernos efímeros, se instaló una Junta Transitoria presidida por David Samanez Ocampo, desligada totalmente de Sánchez Cerro y que fue la que llevó a cabo las elecciones.
Tras abandonar el poder, Sánchez Cerro viajó a Europa. Regresó al Perú en junio de 1931 para participar en elecciones generales, a la cabeza de su partido, la Unión Revolucionaria, enfrentando a Víctor Raúl Haya de la Torre, líder del partido aprista. Ganó elecciones y juramentó, en medio de una crisis postelectoral, como presidente constitucional el 8 de diciembre de 1931. Los apristas desconocieron el resultado electoral y pasaron a la insurgencia. El gobierno respondió con la represión, que exacerbó más los ánimos, hasta desatar una guerra civil, cuya máxima expresión fue la revolución de Trujillo de 1932.
De su breve mandato constitucional destaca también la promulgación de la Constitución Política de 1933 (la cual fijaba en seis años el período presidencial, prohibía la reelección inmediata del presidente de la República, implantaba la libertad de culto, se reconocía el divorcio y se dio el derecho a voto a la mujer en las elecciones municipales). Asimismo, otorgó a los obreros vacaciones y el descanso remunerado por el día del trabajo, creó los restaurantes populares, suprimió la ley de conscripción vial, equipó las Fuerzas Armadas, continuó la construcción de la carretera Central, etc. En el aspecto internacional apoyó a la población peruana de Leticia en su deseo de retornar a ser parte de Perú, pues por el tratado de 1922 dicha localidad había pasado a poder de Colombia. Se desató así un enfrentamiento bélico con dicha nación. Precisamente cuando se hallaba pasando revista en el Hipódromo de Santa Beatriz en Lima a los reclutas que serían enviados a la guerra, fue asesinado por Abelardo Mendoza Leyva, un joven militante aprista, aunque no se ha determinado si fue víctima de un acto individual o de un complot partidista.
Debido a su actuación política en medio del período más turbulento de la historia peruana del siglo XX, Sánchez Cerro es sin duda una personalidad muy controvertida, y todavía tiene en el Perú acérrimos detractores así como enconados defensores.
Luis Miguel Sánchez Cerro fue hijo de Antonio Sánchez y Rosa Cerro de Sánchez. Su familia era de clase media baja. Hizo los estudios primarios y secundarios en el colegio San Miguel de Piura de su ciudad natal, siendo uno de sus amigos escolares Luis Antonio Eguiguren. Era conocido por el apodo de «El Dictador» por su forma de realizar actividades.
Según una versión no confirmada, era de ascendencia afroperuana malgache, pues se decía que provenía de La Mangachería, famoso arrabal piurano poblado de descendientes de esclavos mangaches. El historiador Héctor López Martínez lo describe como «un hombre de corta estatura, magro de carnes, de tez oscura, con ojos negros y chispeantes, gestos enérgicos y don de mando.»
En 1906 se trasladó a Lima para ingresar a la Escuela Militar de Chorrillos, de la cual egresó como subteniente de infantería en 1910. A su pedido fue inmediatamente destacado a Sullana, donde se hallaba acantonado el regimiento que guarnecía la frontera con Ecuador, en medio de la amenaza de guerra con este país a raíz de la rebelión ecuatoriana contra el fallo arbitral del rey de España sobre el diferendo limítrofe. La guerra no estalló y Sánchez Cerro pasó a Sicuani en 1911 y luego a Lima, en 1912.
Con el grado de teniente, participó activamente en el golpe que derribó al presidente Guillermo Billinghurst en 1914, quedando gravemente herido; de las cinco heridas de bala que sufrió, una le originó la pérdida de dos dedos de la mano derecha, lo que le valió el apodo quechua de «el collota» (‘mano como mortero o canto rodado’) y el apelativo criollo de «el mocho» (‘mutilado’).
Promovido al grado de capitán, sirvió como adscrito al Estado Mayor, es decir, fue alejado del mando de tropas, posiblemente por temores políticos.
En 1915 fue nombrado adjunto militar en Washington, Estados Unidos; allí permaneció pocos meses y de vuelta en el Perú, actuó como capitán en el Servicio Geográfico del Ejército.
Ya bajo el segundo gobierno de José Pardo fue destacado a un regimiento de Arequipa (1915); luego fue enviado como jefe provincial a Carabaya (1916) y enseguida a la guarnición de Loreto (1918), donde, ya como sargento mayor, tuvo una destacada actuación en la frontera con Ecuador, deteniendo, casi sin auxiliares, el avance de 50 soldados ecuatorianos al mando del teniente Miguel Bonilla (3 de marzo de 1919).
Ascendido a mayor fue destacado nuevamente a Arequipa (1920) y luego a Sicuani (1921). Por sus actividades conspirativas contra el segundo gobierno de Leguía, fue separado de su regimiento y nombrado juez militar sustituto en el Cuzco, donde el 21 de agosto de 1922 efectuó un pronunciamiento contra el gobierno, el cual fue reprimido fácilmente luego de caer gravemente herido. Un mes después fue confinado en la isla Taquile, en el lago Titicaca, pasando después a la isla San Lorenzo, frente al Callao, otro de los centros de reclusión de la dictadura leguíista.
Separado del ejército, pasó grandes dificultades y se dedicó al negocio de la venta de carbón de palo. No pasó sin embargo mucho tiempo para lograr su readmisión en el ejército, ya que el presidente Leguía solía mostrarse generoso con aquellos oficiales dispuestos a reconciliarse con él. En 1924 se le permitió volver como ayudante en el ministerio de Guerra; luego fue nombrado jefe del batallón de zapadores N.º 4 que se había sublevado en La Pampa (Cuzco), hacia donde marchó solo, negándose llevar consigo tropas leales. Contra todo pronóstico, logró disciplinar y reorganizar dicha unidad. Pero debido a suspicacias políticas fue separado bruscamente del mando de su batallón.