Luis Manuel de Zañartu e Iriarte (Oñate, País Vasco, 10 de septiembre de 1723—Santiago de Chile, 15 de abril de 1782) fue un noble español (de origen vasco) y célebre personaje histórico criollo de la entonces sociedad colonial de Chile, más conocido como el Corregidor Zañartu, fue comerciante de Santiago. Su fama se debió a la mano firme de sus procedimientos para evitar el pillaje y la comisión de delitos y su obra máxima, la construcción del Puente Cal y Canto.
Hijo de José de Zañartu y Palacios y Antonia de Iriarte y Lizarralde, perteneció a una familia de la alta nobleza vasca; de hecho, parte de sus ancestros ocuparon puestos concejiles en su pueblo natal, los cuales antaño estaban reservados a personas que acreditaran ser hidalgos. El progenitor era un próspero comerciante de productos agrícolas, y poseía graneros y bodegas en Valparaíso y tierras cerca de lo que ahora se llama Concón las cuales le fueron concedidas por el virrey de la época.
Algunos pasajes de su infancia, su adolescencia y su adultez
Luis Manuel llegó a Chile junto a sus padres en 1730 a sus 7 años de edad. Ese mismo año fue puesto bajo la dirección de un preceptor jesuita, para después educarse en el Convictorio jesuita de San Francisco Javier de Santiago.
Al cabo de cierto tiempo, fallecieron sus padres y, como único hijo (tenía una hermana en España) en territorio chileno, se convirtió en su heredero universal, transformándose en uno de los sujetos más ricos del reino.
Pasaron los años, y el joven Luis Manuel recibió noticia de su hermana Margarita, de que sus heredades en España habían sido gravadas con los acostumbrados impuestos cobrados a los pecheros (no nobles), lo cual ciertamente lo indignó. Por esto, en abril de 1755 se resolvió viajar a España con el objeto de demostrar su calidad social y, con ello, impugnar y dejar sin efecto el cobro de tales gravámenes. Así, pues, en 1757 Zañartu otorgó poder al presbítero Juan José de Araos y Otálora para que lo representase ante el ayuntamiento de Oñate, y entablase juicio de ejecutoria de nobleza. Logró su cometido y fue declarado "caballero hijodalgo de casa y solar conocido"; a la vez, obtuvo que se suspendiera definitivamente el impuesto sobre sus bienes. Con su reconocimiento recibió el trato hidalgo de "Don" y escudo de armas.
Al año siguiente regresó a Chile, trayendo diversos artículos y mercaderías; luego, contrajo matrimonio en Santiago, el 24 de septiembre de 1758, con la joven María del Carmen Errázuriz y Madariaga, natural de dicha ciudad, hija de Francisco Javier de Errázuriz y Larraín (el fundador de su linaje en Chile) y de María del Loreto Madariaga y Lecuna Jáuregui. Este matrimonio solo engendró dos hijas: Teresa de Jesús Rafaela (nacida en 1759) y María de los Dolores (nacida en 1761), a quienes su padre confinó de por vida en un convento de la capital chilena.
Panorama social de su marco de acción
La sociedad colonial chilena se debatía, bien entrado el siglo XVIII, en una profunda degradación moral, al punto de que las riñas callejeras, los desórdenes públicos, las masacres, la prostitución y otros vicios, no lograban sorprender a nadie. Varias fueron las iniciativas tomadas por parte de las autoridades para acabar con semejantes tropelías, pero todas resultaban estériles tentativas de encauzar por el camino de la rectitud a quienes cometían estas fechorías. Zañartu de formación estrictamente religiosa y puritana consideraba estas situaciones como indignas para el ideal de pueblo civilizado y le aterrorizaba que sus hijas se enfrentaran a esta sociedad degradada moralmente. Este pensamiento sellaría el destino de sus dos hijas.
Luis Manuel de Zañartu advirtió prontamente, una vez que entró en años y comenzó a conseguir éxito en sus negocios mercantiles, aquel estado de abyección social. El historiador chileno Francisco Antonio Encina le atribuye una potente personalidad y liderazgo firme, unida a un carácter marcadamente inflexible y severo, elementos que considera propios de un alma vascongada:
Agrega Encina que para Zañartu, los únicos medios eficaces para cristalizar su objetivo eran "los azotes, los grillos y los trabajos forzados".
El 11 de diciembre de 1762, el gobernador de Chile Antonio de Guill y Gonzaga extendió a Zañartu el nombramiento de Corregidor y Justicia Mayor de Santiago, cargo que lo convertiría en una de los hombres más duros, famosos y enigmáticos de la historia de este país sudamericano. Unió a este empleo los títulos honoríficos de Justicia Mayor y Lugarteniente de Capitán General, situación que lo habilitaba para portar bastón de mando y le confería poder militar. Zañartu usó ampliamente estos poderes con mano firme e hizo caso omiso a las fuertes críticas de los criollos vecinos de los cuales fue víctima.
El corregidor de Santiago-obras civiles
Tras su designación, Zañartu se abocó con inusitada energía a los proyectos que tenía en mente en forma autocrática.
Ideó el traslado diario de los presos de la cárcel de Santiago a las obras públicas que requirieran mano de obra útil con el pretexto de que el trabajo duro y forzosamente honesto educaría a aquellas almas delictivas.
De esta forma, son absoluta autoría suya materializaciones tales como la canalización y conducción de agua potable cordillerana para los vecinos de esa ciudad o la construcción del célebre puente de Cal y Canto (cuyas obras se iniciaron en 1771 y que fueron inauguradas al público el 11 de febrero de 1782, con el concurso del presidente Ambrosio de Benavides, de los miembros de la audiencia real, del cabildo y otras personas de calidad).
Zañartu consideraba que forzar a los viciosos, borrachos, a los reos y a todos aquellos que fueran despreciados por la sociedad, significaba redimirlos y ganar para el reino brazos útiles entregados forzosamente al trabajo honesto. Él mismo, arriesgando su propia vida, se hacía encadenar con los presos, provisto sólo con una pistola, para impedir que éstos se fugasen. Hizo, además, recoger a todos los vagos, borrachines de taberna y facinerosos e inmediatamente fueron conducidos engrillados a las obras que se les señalasen, su figura comenzó a ser temida en la bohemia de la época; sin embargo, la concentración de poder, las envidias, una personalidad directa y honesta y sus acciones empezaron a formar en torno a él, hostilidades y maledicencias soterradas además de enemigos dentro de su misma clase social la cual le debía su salvaguarda y protección.
Consecuentemente, la aparición de los detractores no se hizo esperar. Llovieron las acusaciones y las ofensas contra el corregidor, que, para colmo, tal como lo expresa Encina, servía de pararrayos al gobernador Guill, quien era reputado por un santo, pero que en realidad no pasaba de ser un hombre débil de personalidad, pusilánime e incapaz de realizar las empresas que emprendió Zañartu. El tenor de la maledicencia dirigida sobre la persona del mítico funcionario real era así: "Dígnese V. M. (vuestra merced) -decía el cabildo santiaguino en pleno al rey de España- por efecto de su real conmiseración quitarnos este estorbo que tanto nos perjudica".