Tal Día como Hoy

Luis Felipe I de Francia

Rey de los franceses (1830-1848)

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Luis Felipe I (en francés: Louis-Philippe I.er; París, 6 de octubre de 1773-Claremont, 26 de agosto de 1850), nacido Luis Felipe de Orleans, fue el último rey de Francia pero el penúltimo de sus monarcas, ya que años más tarde Napoleón III Bonaparte se convertiría en emperador. Reinó con el título de «rey de los franceses» (roi des français) entre 1830 y 1848 y llevando implícito con ello el título de copríncipe de Andorra.

Era hijo del duque Luis Felipe II de Orleans, primo de Luis XVI, apodado «Felipe Igualdad» (Philippe Égalité). Durante la Revolución francesa, Luis Felipe fue conocido como el «Ciudadano Chartres» (a causa de su título de duque de Chartres) o «Igualdad hijo» (Égalité fils). Fue duque de Valois hasta 1785, duque de Chartres de 1773 a 1793 y, tras la muerte de su padre, duque de Orleans con el nombre de Luis Felipe III de 1793 a 1830.

Ascendió al trono en julio de 1830 con la revolución que obligó a abdicar a Carlos X, e inició un reinado de corte liberal que la historiografía ha conocido como la Monarquía de Julio (Monarchie de Juillet). Su gobierno se caracterizó por el ascenso de la burguesía como clase dominante, por la rápida industrialización del país y por el surgimiento del proletariado. Fue derrocado por la Revolución de 1848, que dio paso a la Segunda República Francesa.

Luis Felipe I recibió varios apodos durante su reinado: Rey Ciudadano (Roi Citoyen), Rey de los banqueros (Roi des banquiers) o Rey de las barricadas (Roi des barricades), este último porque ascendió al trono a través de la revuelta popular de julio de 1830.[cita requerida]

Luis Felipe de Orleans​ nació en el Palais-Royal de París el 6 de octubre de 1773, y ese mismo día recibió un bautismo de urgencia de manos de André Gautier, doctor en la Sorbona y capellán del duque de Orleans, en presencia de Jean-Jacques Poupart, párroco de la iglesia de San Eustaquio de París y confesor del rey.​ Nieto de Luis Felipe I, duque de Orleans, era el hijo primogénito de Luis Felipe José de Orleans, duque de Chartres (1747-1793), más tarde conocido como «Felipe Igualdad» (descendiente del rey Luis XIII) y de Luisa María Adelaida de Borbón, mademoiselle de Penthiévre (1753-1821), también descendiente del rey Luis XIV de Francia. Desde su nacimiento tuvo el trato de Su Alteza Serenísima, el duque de Valois, hasta la muerte de su abuelo en 1785, cuando su padre tomó el título de duque de Orleans, correspondiéndole el título de duque de Chartres.

El 12 de mayo de 1788, Luis Felipe fue bautizado el mismo día que su hermano Antonio de Orleans en la capilla del Palacio de Versalles por el obispo de Metz y gran capellán de Francia, Louis-Joseph de Montmorency-Laval, en presencia de Afrodise Jacob, párroco de la iglesia de Notre-Dame de Versalles: su padrinos fueron el rey Luis XVI y la reina María Antonieta.​

Su educación fue confiada inicialmente a la marquesa de Rochambeau, nombrada institutriz, y a madame Desroys, como subgobernanta.​ A la edad de cinco años, el joven duque de Valois pasó a la tutela del caballero de Bonnard, que fue nombrado vicegobernador en diciembre de 1777.​ Después de las intrigas de Félicité, condesa de Genlis, con el duque y la duquesa de Chartres, Bonnard fue despedido a principios de 1782, mientras que la condesa de Genlis, que ya era preceptora de sus hijas, fue nombrada gobernadora de los reales niños en 1781. Se trataba de una mujer ilustrada, escritora y seguidora de una pedagogía moralizante e inspirada en Rousseau, en el que ocupaba un lugar preferente el estudio de otros idiomas, llegando Luis Felipe a dominar la conversación en alemán, inglés, italiano y español. Madame de Genlis diría del futuro rey: «Era príncipe, he hecho de él un hombre; era torpe, he hecho de él un hombre hábil; era aburrido, le he convertido en un hombre amable; era cobarde, le he convertido en un hombre bravo; era mezquino, no he podido hacer de él un hombre generoso. Liberal, todo lo que se quiera; generoso, no».​

Al igual que su padre el duque de Orleans, Luis Felipe fue un firme partidario de la Revolución Francesa. Bajo la influencia de su institutriz, Madame de Genlis, se unió al grupo de los jacobinos y apoyó la promulgación de la Constitución civil del clero.​

Al principiar su carrera militar, el duque de Chartres tomó el mando del 14.º Regimiento de Dragones el 1 de junio de 1791 con el rango de coronel. Tras el estallido de la guerra en 1792, fue ascendido a mariscal de campo, luego participó con el ejército francés del Norte, comandado por Charles François Dumouriez, en las batallas de Valmy, Jemappes, donde jugó un papel importante al evitar la retirada del centro durante el primer asalto, y en la de Neerwinden (su título como teniente general al servicio de los ejércitos republicanos le valió su inscripción en el Arco de Triunfo de París).​

Trató de persuadir a su padre para que no participara en el juicio de Luis XVI. Felipe Igualdad, sin embargo, votó a favor de la ejecución del rey. Fue visto con hostilidad por los emigrantes realistas y cargó con la responsabilidad de la participación de su padre en el regicidio.​

En abril de 1793, tras el guillotinamiento de Luis XVI, se trasladó a los Países Bajos Austríacos cuando su superior, el general Dumouriez, se pasó a las filas enemigas tras su intento de golpe de Estado fallido contra la Convención.

La reacción en París a la participación de Luis Felipe en la traición de Dumouriez conllevó la desgracia para la familia Orleans. Felipe Igualdad habló en la Convención Nacional, condenó a su hijo por sus acciones y afirmando que no lo perdonaría, de forma muy semejante al cónsul romano Bruto y sus hijos. Sin embargo, las cartas de Luis Felipe a su padre fueron descubiertas y se leyeron a la Convención. La fortuna familiar fue incautada y Felipe Igualdad fue puesto bajo vigilancia. Poco después, los girondinos tomaron medidas para arrestarlo a él y a sus dos hijos menores, Luis Carlos y Antonio Felipe (este último había estado sirviendo en el Ejército de Italia). Los tres fueron internados en el fuerte de Saint-Jean en Marsella.

Mientras tanto, Luis Felipe se vio obligado a vivir en las sombras, evitando tanto a los revolucionarios pro republicanos como a los centros de emigrados franceses legitimistas en varias partes de Europa y también al ejército austríaco. Primero se instaló en Suiza con un nombre falso y se reunió con la condesa de Genlis y su hermana Adelaida en Schaffhausen. De allí se dirigieron a Zúrich, donde las autoridades decretaron que para proteger la neutralidad suiza, Luis Felipe tendría que abandonar la ciudad. Fueron a Zug, donde sería descubierto por un grupo de emigrados.

Se hizo bastante evidente que, para que las damas se establecieran pacíficamente en cualquier lugar, tendrían que separarse de Luis Felipe. Se fue con su ayuda de cámara, Balduino, hacia los Alpes, y luego a Basilea, donde vendió todas sus pertenencias menos uno de sus caballos. Se fue mudando de ciudad en ciudad a lo largo de Suiza. Los monjes les negaron la entrada a un monasterio pues creían que eran vagabundos. En otra ocasión, tras pasar la noche en un granero, se despertó apuntado por un mosquete, por el dueño del granero que pretendía alejar a los supuestos ladrones.

A lo largo de este período, nunca permaneció en un lugar más de 48 horas. Finalmente, sin revelar su auténtica identidad por temor a ser descubierto, en octubre de 1793, Luis Felipe consiguió un puesto de profesor de geografía, historia, matemáticas y lenguas modernas en un internado para varones en Reichenau, en los Grisones. Su salario era de 1400 francos y trabajaba bajo el nombre de Monsieur Chabos. Allí mantiene una relación amorosa con Marianne Banzori, la cocinera del colegio, con la que tuvo un hijo. Llevaba un mes en la escuela cuando le llegaron noticias de París: su padre había sido guillotinado el 6 de noviembre de 1793 tras un juicio ante el tribunal revolucionario.

Finalmente su falsa identidad fue descubierta, lo que lo obligó a huir nuevamente de Reichenau, comenzando una serie de largos viajes por toda Europa, bajo un nombre falso. Separó a Adelaida, de dieciséis años, de la condesa de Genlis, con quien se había peleado, y la instaló con su tía abuela, la princesa de Conti en Friburgo. Posteriormente la joven princesa se trasladaría a Baviera y a Hungría y, finalmente, junto a su madre, que permanecía exiliada en España.

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