Luis Adaro Ruiz-Falcó (Gijón, 11 de agosto de 1914 - Gijón, 26 de septiembre de 2006), fue un ingeniero y empresario español.
Luis Adaro Ruiz-Falcó nació el 11 de agosto de 1914 en Gijón (Principado de Asturias). Era el primogénito del matrimonio de María Ruiz-Falcó y Luis Adaro Porcel. Fue inscrito en el registro como Luis Napoleón Adaro y Ruiz, nombre compuesto por el tradicional «Luis» de la familia y «Napoleón» de su abuelo materno. Desde Madrid llegaron las felicitaciones de su abuelo Luis Adaro y Magro, que ya esperaba con cierta impaciencia conocer a su único nieto asturiano.
Fue bautizado en la Iglesia de San Lorenzo. Posteriormente nacieron sus hermanas: Ana María y Carmen, que vivieron durante su juventud en Gijón hasta que se casaron y se trasladaron a Madrid; posteriormente regresaron a Asturias para pasar los veranos.
Su padre quiso que cursara sus estudios de bachillerato en el Instituto Jovellanos donde estudió entre 1929 y 1931. Posteriormente se desplazó a Madrid en 1931 para preparar el ingreso en la Escuela de Ingenieros. Sus estudios en la Escuela de Minas se interrumpieron en su segundo año por la Guerra Civil Española. Tras el final de la contienda regresó a la Escuela de Minas donde realizó tres cursos en dos años y finalizó en 1941. Obtuvo el premio Gullón, por la memorias presentadas sobre el «Compendio Siderúrgico de Asturias», por el que obtuvo la máxima calificación (20 puntos), y mil pesetas.
El 15 de abril de 1942 contrajo matrimonio en Madrid con María Covadonga de Jove Ramírez Cienfuegos, gijonesa como él, a la que había conocido en Madrid durante sus años universitarios. Luis Adaro se emparentó con una de las familias más antiguas de Gijón. Su suegro, Matías de Jove y Cienfuegos-Jovellanos, era descendiente colateral de Gaspar Melchor de Jovellanos. Del matrimonio Adaro-Jove nacieron cuatro hijos: Luis (1943), Fernando (1944), Covadonga (1947) y Gonzalo (1951).
En 1958 murió su mujer, tras ocho años padeciendo un lupus eritematoso cutáneo. Para tratar de encontrar algún remedio, la vieron un buen número de médicos, entre ellos los doctores Marañón y Jiménez Díaz, pero se trataba de una enfermedad mortal y era poco frecuente. Tras su muerte no se planteó volver a casarse para rehacer su vida.
A finales de la década de los cincuenta, solicitó su admisión en el Opus Dei como miembro supernumerario. En los años sesenta colaboró en la puesta en marcha de los colegios Los Robles y Valmayor, labores apostólicas del Opus Dei. Y participó muy activamente en la puesta en marcha de la finca de José Antonio García Sol, en Granda, con el nombre de Solavieya, como centro de formación espiritual, por el que pasaron varios miles de personas desde su adquisición en 1963. En los años ochenta colaboró, igualmente con su esfuerzo en un proyecto similar: una finca llamada El Llendón de la Peña, en el concejo de Villaviciosa, dedicada a los mismos fines.
Actividad profesional y las lámparas de seguridad eléctricas
Tras la muerte de su padre, Luis Adaro Pórcel, en 1948 a los 65 años, Adaro Ruiz-Falcó se hizo cargo de la empresa familiar. La empresa familiar contaba únicamente con dos maestros de taller que eran los responsables de la producción. Ante los retos que tenía por delante decidió rodearse de un equipo de técnicos competentes. Incorporó ingenieros superiores e ingenieros técnicos para crear su equipo. Viajó por Francia, Inglaterra y Alemania. Allí descubrió una nueva tecnología empleada en las minas: las lámparas de seguridad eléctricas de casco, desconocidas en España, donde se utilizaba la lámpara de gasolina.
En Wigan, en plena cuenca minera del noroeste de Inglaterra, contactó con la empresa Ceag Limited, que fabricaba lámparas eléctricas de casco. Firmó un contrato de licencia para producirla en España. Los ingleses aportaron tecnología y en «Adaro» se hizo la primera lámpara de casco de España. En los 15 años siguientes, se fabricaron unas 350.000 unidades, que se vendieron en España y en varios países de Sudamérica.
En 1964 la empresa de Adaro Ruiz-Falcó se lanzó a un novedoso modelo de lámparas, con la fabricación de reductores de velocidad y equipos transmisores de potencia, que mediante una monitorización introducida en las máquinas, cambiaban de revoluciones, ofreciendo soluciones eficaces para su funcionamiento.
Concluida la Guerra Civil Española, el 12 de octubre de 1939 tomó la decisión de cambiar su vida de forma radical cuando estaba en la Iglesia de las Calatravas. Tras su regreso definitivo a Gijón se vinculó a la Acción Católica de la que fue presidente comarcal durante muchos años. En 1950 creó una biblioteca con 400 libros para dicha asociación.
También colaboró, dentro de las Conferencias de san Vicente de Paul, con el dispensario de la Milagrosa, y con el dispensario de la Sagrada Familia, que estaban entre la Iglesia de San José y la calle Magnus Blikstad, que era donde se encontraba su empresa. Aquel dispensario lo había creado su párroco Segundo García de Sierra, que llegó a ser obispo auxiliar de Oviedo y arzobispo de Burgos. Aquellos dispensarios estaban dotados de algunos de los medios modernos que existían entonces para la atención de los pacientes, rayos X, lámparas de cuarzo, etc. Varios médicos de Gijón dedicaban algunas horas a atender gratuitamente a las personas que acudían a los dispensarios, donde estaban atendidos permanentemente por monjas de la Caridad.
En el verano de 1943 se confeccionó un proyecto para la construcción de ciento sesenta casas con huerto cerrado y jardín en unos terrenos donados situados en la Carretera Carbonera, antes de llegar a Roces, en las que participó activamente Luis Adaro a través de una constructora benéfica. En Roces se construyeron viviendas para indigentes y se creó el barrio de Nuestra Señora de Covadonga.
La Cocina Económica fue otra de las instituciones gijonesas a las que dedicó más tiempo y desvelos porque sabía que de su eficacia y buen funcionamiento dependía el sustento diario de muchas personas. En aquella época la «Cocina Económica» estaba situada en la Plaza del Humedal. A instancias de Luis Adaro, en abril de 1963, el Ayuntamiento de Gijón acordó permutar el edificio de la Plaza de los Mártires por un solar situado en la calle Mieres. Allí se construyó el edificio que ocupa en la actualidad, mejorado con sucesivas ampliaciones, para centro de primera acogida, adictos al alcohol y a las drogas, con desarraigo familiar, a quienes se incorporó a un taller de encuadernación para alejarles de sus adicciones. Luis abandonó la presidencia de esta institución en 1994 y le sustituyó Pedro González Fuertes. Unas semanas más tarde, se nombró a Luis Adaro presidente de honor, en reconocimiento a su extraordinaria labor en favor de los necesitados.
En 1951 planteó a sus compañeros de la «Junta directiva de la Acción Católica» la perentoria necesidad de ayudar a varios conventos de clausura en algunos de los cuales las monjas padecían situaciones de urgente necesidad, cuando no de hambre extrema, casi agónica. El 15 de agosto de ese año, con la autorización del arzobispo Francisco Javier Lauzurica y Torralba se realizó una colecta en las cuatro parroquias gijonesas y de los jesuitas de la Basílica del Sagrado Corazón, consiguiendo más de once mil trescientas pesetas que fueron repartidas en diversos conventos de clausura de Gijón, Segovia, Hellín, Berlanga de Duero, Nájera, Cuenca, Sanlúcar, Villafranca del Bierzo y Olmedo. En 1952 se decidió realizar dos colectas que recaudaron más de 1193 50 pesetas con lo que se pudo ayudar a más conventos. Al final del siglo XX, esta colecta que desde entonces se hacía anualmente, alcanzaba los dos millones de pesetas.
Luis Adaro, con la autorización del arzobispo de Asturias, monseñor Lauzurica y Torralba, organizó una peregrinación de la Virgen de Covadonga para que visitara toda Asturias, con el fin de que todos los asturianos que quisieran, manifestaran a la Santina su afecto y devoción. Este viaje por Asturias de la Santina se realizó entre el 8 de mayo y el 8 de julio de 1951.