Luchino Visconti di Modrone, conde de Lonate Pozzolo (Milán, 2 de noviembre de 1906-Roma, 17 de marzo de 1976), fue un aristócrata, director de ópera y de cine italiano. Fue uno de los padres del neorrealismo cinematográfico, pero posteriormente se inclinó hacia épicas suntuosas y grandilocuentes que abordaban temas como la belleza, la decadencia, la muerte y la historia europea, especialmente la decadencia de la nobleza y la burguesía. El crítico Jonathan Jones escribió que «nadie contribuyó tanto a dar forma al cine italiano como Luchino Visconti». Ha sido uno de los cineastas italianos contemporáneos más reconocidos a nivel internacional.
Luchino Visconti nació en 1906 en Milán, capital de la región de Lombardía, en Italia, en el seno de una de las familias de las más antiguas de la aristocracia lombarda, los Visconti, cuyo linaje se remonta a la Edad Media. Era hijo del duque Giuseppe Visconti di Modrone y de Carla Erba, hija de un poderoso industrial milanés.
Creció en la residencia familiar milanesa, el Palazzo Visconti di Modrone en Via Cerva, así como en la finca familiar, el Castillo Grazzano Visconti cerca de Vigolzone. Fue bautizado y criado en la Iglesia Católica Romana. Después de que sus padres se separaran a principios de la década de 1920, su madre se mudó con sus hijos menores, incluido él, a su propia casa en Milán, así como a su residencia de verano, Villa Erba en Cernobbio en el Lago de Como. El padre, como chambelán del rey Víctor Manuel III de Italia, también poseía una villa en Roma que Luchino heredó más tarde y en la que vivió durante décadas.
Desde muy joven se vinculó al teatro de La Scala de Milán, convirtiendo la ópera en una de sus pasiones, medio de expresión artístico con el que su abuelo, el duque Guido Visconti, y su tío, Huberto Visconti, mantuvieron una estrecha relación, pues ambos fueron sovrintendenti (superintendentes) del teatro de La Scala.
Visconti descubrió la literatura leyendo En busca del tiempo perdido de Proust , un proyecto cinematográfico que más tarde se convertiría en una obra de toda la vida que nunca llegó a realizar. Antes de comenzar su carrera cinematográfica, le apasionaba entrenar caballos de carreras en su propio establo. Estuvo comprometido con la princesa Irma de Windisch-Graetz , pero esto generó preocupación en su padre, el príncipe Hugo, y Visconti rompió el compromiso en 1935.
Obsesión, La terra trema y Senso
En 1935, se trasladó a París, donde gracias a Coco Chanel se vinculó y colaboró con el cineasta francés Jean Renoir, con quien participó como asistente de dirección en Los bajos fondos (1936), y como asistente y diseñador de vestuario en Una partida de campo (Une partie de campagne), de 1937.
Su obra, luego, se aproximó a los principios artísticos del neorrealismo. Obsesión (de 1943) fue la primera película neorrealista, movimiento que toma como antecedente al novelista Giovanni Verga; introdujo una nueva visión del cine, de la dirección de actores (frecuentemente no profesionales) y en la concepción de la realidad y de los problemas sociales. El neorrealismo no fue una escuela con principios y personalidades artísticas totalmente concordantes, ni en los directores ni en los guionistas, de ahí que se ha sostenido la existencia de una línea más idealista, representada por Roberto Rossellini, y otra, más próxima al marxismo o a las concepciones sociales afines, representada justamente por Visconti, entre otros.
Uno de los teóricos marxistas más importantes del neorrealismo fue Guido Aristarco, autor de La disolución de la razón —discurso sobre el cine—, quien consideró que La tierra tiembla (La terra trema, de 1948) era la película más lograda y avanzada ideológica y estéticamente, que emprendía una búsqueda del hombre ante las cosas que no las sometía a estas como permanentes por sí mismas, lo que constituiría una alienación, y que tampoco admitía una naturaleza humana inmutable (cine antropomórfico de Visconti).
Con Obsesión en 1943, película de fuerte influencia renoiriana, Visconti trataba temas no aceptables hasta entonces por la censura fascista, sobre la base de una novela de James M. Cain, El cartero llama dos veces, narrando el asesinato de un hombre cometido por el amante de su esposa. Lo que más impactó a la sociedad italiana de la época, más allá de la excelente dirección de actores y la minuciosidad de estilo, fue el clima de opresión y el ámbito sórdido que se percibía en la película, pese a no tener aparentes implicaciones políticas.
Los años que siguieron hasta su segunda realización, La tierra tiembla (La terra trema, 1948), encontraron a Visconti comprometido con la lucha antifascista y la resistencia italiana. Las duras condiciones de vida de los pescadores, campesinos y obreros del sur italiano acapararon su atención, y sirvieron de inspiración a su nuevo film, el cual fue un fracaso económico, pero ubicó a Visconti en la cima de la escena política y social de la época, por el compromiso moral y humano que había enfrentado.
En los años 50, después de filmar Bellísima, protagonizada por Anna Magnani, melodrama ambientado en el mundo cinematográfico, Visconti encaró el tema del Risorgimento y la unidad italiana con Senso, una historia de amor ambientada en los momentos más dramáticos del Risorgimento y una visión crítica que otra vez abrió el camino para que la censura se impusiera con toda su fuerza. Esa concepción totalizadora del Risorgimento se completó con la inclusión de un aspecto cultural importante: una ópera de Verdi y el espíritu del melodrama verdiano como médula de la película.
Rocco y sus hermanos, y El gatopardo
Luego de una incursión hacia un cine creador con la libre adaptación de una obra de Dostoievski, Las noches blancas, Visconti retomó el sendero de los filmes munidos de cuestionamientos sociales, con la película Rocco y sus hermanos (1960). Nuevamente abordó el tema de los conflictos sufridos por los campesinos meridionales del sur italiano, esta vez en el marco de la historia de una familia que se traslada a Milán y la dura realidad que allí debe enfrentar a su llegada y sus problemas de integración en el industrializado norte italiano.
La importancia que Visconti otorgaba al núcleo familiar en el contexto de sus filmes también es puesta de manifiesto en otras películas.
En El gatopardo, su siguiente realización, concretó los indicios de gran producción evidenciados en su película anterior. En ella, con gran belleza visual y basándose en el libro homónimo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, reflejó las reflexiones del príncipe Di Salina sobre la decadencia de su clase nobiliaria y su mundo que agonizaba, mientras la nueva burguesía ascendía al poder económico y político en el marco de los acontecimientos que sacudieron Sicilia en 1860 (la invasión de los camisas rojas conducidos por Giuseppe Garibaldi).
Hacia un cine de perspectiva histórica
Atavismo impúdico o Sandra (Vaghe stelle dell'Orsa en el original) en 1965 era una adaptación libre de la Electra de Sófocles y seguía utilizando a Claudia Cardinale como su personaje fetiche —también era un nuevo ensayo de su cine de interioridad— y El extranjero —fiel reproducción de la novela de Albert Camus—, en 1967, sirvieron de antesala a La caída de los dioses, una metáfora sobre el mal y la corrupción moral de una familia alemana vinculada con el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.