Tal Día como Hoy

Lord Monboddo

Juez. filósofo y lingüista escocés

Anúncio

James Burnett, Lord Monboddo (25 de octubre de 1714-26 de mayo de 1799) fue un juez, filósofo y lingüista escocés, figura preeminente de la Ilustración Escocesa y controvertida en el mundo intelectual británico del siglo XVIII. En 1767 fue nombrado juez de la Court of Session escocesa (el tribunal supremo de Escocia), y adoptó su título de Lord a partir del nombre de la hacienda de su padre, Monboddo House.

En la actualidad se lo conoce fundamentalmente por haber sido el fundador de la filología comparada (Hobbs, 1992). En su época, era más conocido por sus excentricidades y algunas controvertidas teorías relacionadas con la evolución del ser humano, habiendo sido uno de los primeros en postular que todos los simios y antropoides tienen un origen común. Ofreció para ello una explicación que anticipa el principio de la selección natural de Charles Darwin, y por ello, aunque nunca desarrolló su teoría buscando pruebas biológicas en el sentido moderno, es visto como un precursor directo del evolucionismo darwiniano (Watt, 1985), (Bailey, 2005), (Cloyd, 1972).

James Burnett nació en 1714 en Monboddo House, en la comarca de Kincardineshire, Escocia. Tras haber sido educado primeramente en la escuela parroquial de Laurencekirk, pasó al Marischal College, en Aberdeen, donde se graduó en 1729. También estudió en las universidades de Edimburgo y Groninga, graduándose en derecho y logrando entrar en el Colegio de Abogados de Escocia en 1737.

Se casó con Elizabethe Farquharson, y tuvieron dos hijas y un hijo. La hija menor, Elizabeth Burnett, fue toda una celebridad en la Edimburgo de la época, conocida por su belleza y amabilidad. Desgraciadamente, murió de tisis a la edad de 25 años; el poeta Robert Burns, amigo de Burnett y enamorado de Elizabeth, escribió un hermoso poema al respecto, Elegy on the late Miss Burnett of Monboddo ("Elegía en honor a la difunta Miss Burnett de Monboddo"), refiriendo su belleza y cualidades.

Durante su ejercicio de la abogacía, se vio implicado en el llamado caso Douglas, un litigio que, aunque inicialmente parecía ser un simple caso de herencias impugnadas, acabó tornándose en la novela de misterio de la época, con una compleja trama de eventos que se extendían por Escocia, Francia e Inglaterra, y que incluían al joven heredero al que Burnett defendía. Tras años de batalla en los tribunales, el caso llegó a la Cámara de los Lores británica, que finalmente falló a favor del cliente de Burnett.

De 1754 a 1767, Monboddo fue uno de los propietarios del Canongate Theatre. Aunque algunos amigos suyos opinaban que ello perjudicaría la carrera judicial de Monboddo, éste parecía disfrutar de una actividad que lo colocaba en primera línea del panorama cultural de Escocia. Fue aquí donde conoció al filósofo David Hume, que actuaba como protagonista en una de las obras de teatro producidas por Monboddo. Aunque en rigor se conocían de cuando Hume trabajaba de bibliotecario del Colegio de Abogados de Escocia, fue de esta actividad que surgiría una larga correspondencia entre ambos.

Cuando en 1767 fue nombrado juez del tribunal supremo escocés, comenzó a organizar cenas eruditas, a las que invitaba a la flor y nata de la sociedad escocesa e inglesa de la época. Entre los huéspedes más asiduos se encontraban Robert Burns, el doctor Samuel Johnson y James Boswell. Otros, como Adam Smith o David Hume, también acudían cuando estaban en Escocia. Durante aquellas cenas, Monboddo exponía sus teorías científicas y filosóficas, caracterizándose por su excentricidad. Sus discusiones eran por lo demás muy apreciadas: todos los años, Monboddo viajaba a caballo a Londres, donde era recibido en Hampton Court por el Rey, quien disfrutaba de las coloridas discusiones de Monboddo (Watt, 1985).

Uno de los principales intereses de Lord Monboddo fue la lingüística, la filología comparada y la evolución del lenguaje. Así, en su The Origin and Progress of Language (El origen y progreso del lenguaje), Monboddo analiza con profundidad la estructura de las lenguas primitivas y modernas, y argumenta que a lo largo de su historia, la humanidad ha ido desarrollando diferentes esquemas lingüísticos en respuesta a un medio y a estructuras sociales cambiantes. Su trabajo sobre la evolución del lenguaje se desviaba así de todas las teorías existentes hasta aquel momento, y además es meritorio si se tiene en cuenta el hecho de que Monboddo estaba parcialmente sordo.

A lo largo de su obra, Monboddo se muestra especialmente intrigado por la recurrencia de esquemas lingüísticos que fue encontrando en los numerosos idiomas primitivos que analizó. Fue el primero en descubrir que los idiomas primitivos mostraban una cierta tendencia a crear palabras innecesariamente largas para describir conceptos sencillos, y razonó que en los hablantes de estos idiomas debía existir un imperativo de claridad que los llevaba a introducir redundancias añadiendo sílabas aparentemente innecesarias. Concluyó además que esta forma de lenguaje se desarrolló como un método de supervivencia ventajoso cuando una comunicación clara podía ser determinante para evitar peligros. De esta manera, fue el primero en señalar la ventaja selectiva que daba el lenguaje al ser humano; de hecho, a lo largo de su análisis parece dar por hechos los conceptos de evolución y de selección natural, en virtud de los cuales aquellos individuos capaces de desarrollar aptitudes lingüísticas superiores se habrían visto favorecidos, y en última instancia habrían determinado la ulterior evolución de los idiomas. Esta tesis, aunque fácil de aceptar como justa en la actualidad, en sus tiempos rayaba la herejía, al presuponer que las lenguas podrían no haber surgido por inspiración divina, y le causó problemas con el clero presbiteriano escocés. Irónicamente, Monboddo era alguien profundamente religioso, y a menudo le gustaba argumentar que Dios era el principio motor del universo, al modo en que lo hacía Aristóteles.

Para realizar este análisis, Monboddo estudió con gran detalle varias lenguas habladas por pueblos posteriormente colonizados por Europa, incluyendo las de los Caribe, esquimales, hurones, algonquinos, peruanos (¿quechua?) y tahitianos, amén de ciertas lenguas extintas del oriente, como el siríaco o el cananeo. Fue el primero en observar la preponderancia de las palabras polisilábicas en dichos idiomas, lo que, aceptando como él hacía que eran lenguas primitivas y con pocas influencias externas, llevaba a descartar la opinión establecida en la época de que los idiomas primitivos consistían en una serie de gruñidos monosilábicos de gran simpleza. También notó que en el idioma hurón, palabras empleadas para significar objetos muy parecidos eran increíblemente diferentes, que fue lo que llevó a Monboddo a postular que los primitivos necesitaban, para sobrevivir, comunicarse con gran fiabilidad y precisión en un número mucho más limitado de temas que las civilizaciones modernas, lo que sería la causa de la polisílaba y la naturaleza redundante de muchas palabras.

Él fue el primero en notar que las lenguas primitivas son generalmente ricas en vocales, fruto de la necesidad de redundancia y polisílaba; por su parte, lenguas modernas de desarrollo muy tardío, como las lenguas eslavas o germánicas actuales, al carecer de la necesidad de claridad de las anteriores, habrían evolucionado hacia una mayor tendencia al uso de consonantes y a palabras más breves.

Finalmente, en su obra también intentó determinar el origen y evolución de las lenguas europeas modernas, centrándose sobre todo en el griego clásico, idioma que dominaba a la perfección. Argumentaba que el griego es el idioma más perfecto que jamás haya existido, debido a su complejidad estructural y a su tonalidad, lo que permite cubrir todo un espectro de matices que se pierden en el resto de idiomas. Monboddo fue el primero en formular la que se conoce como teoría del origen común de toda la humanidad, esto es, la teoría de que la humanidad procede de una única región de la tierra, y lo hizo empleando argumentos lingüístico-evolutivos (Jones, 1789). Según él, la humanidad habría surgido de un lugar común (los prejuicios de la época lo llevaron a situarlo en el oriente medio o en el antiguo Egipto), y a partir de ahí habrían ido divergiendo en costumbres y necesidades, y con ello en idioma. Esta teoría sitúa a Monboddo como uno de los precursores de la teoría de la evolución.

Anúncio

Próximamente en la app World in Stories

Audio, descarga offline, sin anuncios y mucho más.

Conocer Premium
Lord Monboddo | World in Stories