La lipodistrofia es una condición patológica caracterizada por la ausencia focal o general de tejido adiposo. Frecuentemente, también se produce la acumulación patológica de tejido adiposo o combinación de ambos. La pérdida de tejido adiposo se define como lipoatrofia y la acumulación como lipohipertrofia. Su etiología es múltiple y sus manifestaciones clínicas diversas, dependientes tanto de la gravedad de la enfermedad, como de sus causas y tiempo de evolución.
En función del grado de pérdida de tejido adiposo se determina la gravedad de las complicaciones metabólicas, pudiéndose diferenciar variedad localizada (zona pequeñas), variedad parcial (extremidades) y variedad generalizada (casi todo el cuerpo).
Las principales complicaciones de la lipodistrofia son de orden metabólico y mecánico-estéticas. Las alteraciones metabólicas pueden ser de tal gravedad que pueden poner en riesgo la vida de los pacientes.
Actualmente, las formas más comunes de lipodistrofia son las secundarias al uso de inhibidores de proteasa en el contexto de las HAART (highly active antiretroviral therapy: ‘terapias antirretrovirales altamente activas’) usadas en pacientes infectados con el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana), y aunque en ellos la lipodistrofia suele ser parcial o focal, usualmente hay grados variables de compromiso metabólico, el que puede llegar a ser grave.
Por el contrario, las formas generalizadas de lipodistrofias suelen ser de causa genética, y aunque usualmente son de presentación congénita también existen formas que se manifiestan más tardíamente en la vida. Sin embargo, en todas ellas la disfunción metabólica es de regla muy grave, y antes de la introducción de la leptina estos síndromes eran farmacológicamente inmanejables y conducían inexorablemente a la muerte de los pacientes en edades muy tempranas.
El estudio de los síndromes lipodistróficos ha permitido comprender mejor la biología del tejido adiposo en su relación con el metabolismo corporal de energía, lípidos y carbohidratos. De hecho, la aparente paradoja de que tanto el exceso de tejido adiposo (obesidad) como su carencia extrema (lipodistrofia) conducen a las mismas alteraciones metabólicas, ha empezado a ser dilucidada, fundamentalmente gracias al estudio de modelos genéticos-experimentales de lipodistrofia y obesidad en ratones mutantes para los diversos genes involucrados en la adipogénesis (formación de tejido adiposo).
Clasificación de lipodistrofias
La clasificación de lipodistrofia se basa en los parámetros de su adquisición (congénita y adquirida) y cómo se manifiesta la pérdida de tejido en el cuerpo.
Lipodistrofia Congénita Generaliza (LCG) (Berardinelle-Seip): pérdida generalizada de tejido adiposo y anomalías metabólicas que se manifiestan en la niñez.
Lipodistrofia Familiar Parcial (LFP) (Dunnigan, Köbberling, mandibuloacral): pérdida de tejido adiposo durante la pubertad y anomalías metabólicas observadas durante la edad adulta.
Lipodistrofia Adquirida Generalizada (LAG) (Síndrome de Lawrence): pérdida rápida (semanas) o gradual (años) de tejido adiposo en la niñez o adolescencia.
Lipodistrofia Parcial Adquirida (LPA) (Barraquer-Simons): pérdida de tejido adiposo en la niñez o adolescencia con exceso de grasa en las extremidades inferiores.
Los síndromes lipodistróficos pueden ser causados por anormalidades genéticas heredables. La forma más frecuente de lipodistrofia congénita generalizada, dentro de la rareza de esta condición, es la mutación del gen codificante para la enzima acil-glicerol-3-fosfato-acil-transferasa, isoforma 2 (agpat2), que participa centralmente en la biosíntesis de los triglicéridos. La carencia de esta enzima conduce, por mecanismos no esclarecidos aún, a la ausencia casi total de tejido adiposo en el ser humano, lo cual deriva en diversas complicaciones metabólicas tales como resistencia a la insulina, diabetes mellitus, hipertrigliceridemia e hígado graso.
Tóxicos causantes de lipodistrofia
Los fármacos antirretrovirales son fármacos específicos usados para el tratamiento de infecciones que son causadas por retrovirus, como por ejemplo el VIH.
Tras la aparición de las HAART empezó a manifestarse un nuevo problema de toxicidad que afectaba a la distribución de la grasa corporal de aquellos pacientes que estaban siendo tratados con esta nueva terapia. A estas alteraciones se les denominó síndrome de lipodistrofia asociada al VIH.
El síndrome de lipodistrofia asociada a VIH es caracterizado por la aparición de trastornos morfológicos como la pérdida del tejido adiposo subcutáneo de las zonas periféricas y de la cara o su acumulación en las zonas centrales, y por la aparición de trastornos del metabolismo de lípidos y glucosa. Este síndrome representa una de las reacciones adversas más frecuentes e importantes relacionadas con los fármacos antirretrovirales, que además supone un claro inconveniente para la adherencia del paciente al tratamiento.
Estos efectos, se asocian especialmente a los fármacos inhibidores de proteasas, grupo en el que destaca el indinavir, y a los inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de los nucleósidos (INTR).