Leonardo de la Peña Díaz (Ciudad Real, 6 de noviembre de 1875-Madrid, 1 de noviembre de 1957) fue un cirujano manchego y fundador de la primera Cátedra de Urología en España.
Leonardo de la Peña tuvo una infancia muy dura ya que su padre ocupaba un modesto cargo en el ferrocarril de Ciudad Real a Badajoz como guardagujas, y quedando éste viudo muy pronto, cuando Leonardo tenía tan sólo dos años. Por el traslado de su padre a las oficinas de Madrid, debido a su ajetreado empleo, comienza sus estudios de primera enseñanza en una escuela municipal de la Cava Baja. Años más tarde, a pesar de la penuria económica paterna, ingresa en el Instituto de San Isidro para comenzar los estudios de bachillerato, los cuales los supera con las mejores calificaciones. En el último año ya comienza a manifestarse su vocación médica y docente, dando clases de dibujo a sus compañeros por tres pesetas al mes, que servían como apoyo económico a la familia.
Al terminar el bachillerato, se plantea de nuevo el problema de proseguir los estudios superiores, ya que el padre no disponía de fortuna para ello y, por otra parte, quedó inválido por una neuritis del brazo derecho. Gracias a los consejos y ayuda económica de dos médicos benefactores, Carlos Fernández Pardo y Cipriano González Pérez, Leonardo emprende la carrera de Medicina, en la Universidad Central de Madrid y en la de Valladolid.
Posteriormente, consigue por oposición ser interno del Hospital Clínico de la Facultad de Medicina. Entre 18 opositores, Peña consigue el número 2, lo cual la facilita la continuación de sus estudios. Más tarde, también por oposición, obtiene una plaza de ayudante director en la Cátedra de Técnica Anatómica de la Universidad de Valladolid, bajo el cargo del eminente profesor Federico Olóriz; cuyos méritos, dotes y buen hacer, ya serían reconocidos por este gran anatómico.
Más tarde, Peña hace de nuevo oposiciones para una plaza de alumno interno al Hospital de la Princesa de Madrid, donde logra el número 1 entre más de 60 opositores.
En 1897 finaliza su licenciatura obteniendo sobresaliente. Recibiendo además, un premio-beca fundado por el marqués de Urquijo, por valor de 1.225 pts, donado al licenciado más brillante y en precaria situación económica. El premio le permitirá contraer matrimonio, y salir definitivamente de sus dificultades pecuniarias. Un año después de la licenciatura obtiene el título de doctor con sobresaliente en la tesis: "Cura radical de las hernias inguinales".
Tras un fugaz paso como médico en las minas de Sotiel Coronada (Huelva) se presenta a oposiciones, sin conocer a nadie y sin valedores, para una plaza de director de trabajos anatómicos de la Universidad de Valladolid. Tras el primer ejercicio, sus opositores se retiran, consiguiendo la plaza por unanimidad. En Valladolid permanecerá durante cinco años reorganizando la enseñanza de la disección, e implantando el método de conservación de cadáveres del Dr. Sierra.
En 1904 hace nuevamente oposiciones a la cátedra de Anatomía Topográfica y Operaciones de Santiago de Compostela, desde la cual, por permuta, pasa a Cádiz. Nuevamente tiene que verse sujeto al precario sueldo de catedrático, volviendo a sus dificultades económicas.
Ante estas malas perspectivas, y ya con cierta inclinación hacia la Medicina de las vías urinarias, en 1905 solicita una pensión para el extranjero, dirigiéndose a París, pero dejando a su familia en España. Una vez en Francia acude a la clínica urológica de Félix Guyon (1831-1920) y Joaquín Albarrán (1860-1912), en el Hospital Necker, donde permanecerá durante tres años. Fue por estos años cuando Albarrán, tras la jubilación de Guyon, había conseguido la cátedra de Urología de París, y la jefatura del servicio del Hospital Necker. Por su aplicación y buena disposición, Peña fue nombrado "monitor" de la clínica, llegando a ser el brazo derecho del gran maestro hispano-cubano, y ayudante quirúrgico en su clínica privada. El reconocimiento de su labor y trabajo, también le permitirá ingresos extraordinarios de hasta 40.000 francos de entonces.
En 1909 vuelve a España, con espíritu renovado. En Valladolid regentará la cátedra de anatomía de la Facultad de Medicina de esta universidad, lugar donde comienza de nuevo a explicar sus extraordinarias lecciones y reimplantar su método de disección.
En 1911 permuta la cátedra de anatomía de Valladolid por la de Técnica Anatómica de Sevilla. En ese año participa como socio fundador de la Asociación Española de Urología, asistiendo a alguna de las reuniones constitutivas en Madrid. Al mismo tiempo, no cesa de impartir cursos de urología por las facultades más avanzadas.
En 1915 es nombrado catedrático de anatomía en la Universidad Central de Madrid, en virtud de concurso de traslado, si bien hay que reconocerle que antes había hecho oposición a dicha cátedra en la que obtuvo dos votos contra uno de cada opositor. Ya en las salas del Hospital de San Carlos realiza algunas innovaciones novedosas, entre las que destacan el procedimiento de conservación temporal de cadáveres, y el modelado y vaciado de preparaciones anatómicas, lo que permite el aprendizaje a un número mayor de alumnos. En la capital comienza también su ejercicio privado como urólogo, y como especialista de la Sociedad Filantrópica del Comercio.
En 1916, por su afición a la disección que no podía olvidar, permuta la cátedra de anatomía por la de técnica anatómica; permaneciendo en esta última disciplina durante 4 años, durante los cuales, aparte de sus clases teórico-prácticas por las mañanas, impartiría cursos de urología y anatomía por las tardes.
A principios de 1920 Leonardo de la Peña ya gozaba de una gran fama y poder político, y según sus propias declaraciones en una revista médica de la época, aspiraba a un puesto de senador si bien, según él, su interés por el cargo se centraba en mejorar la enseñanza de la Medicina desde el poder. Por lo que, en mayo de 1920 consigue crear la primera Cátedra de Urología en España en la Universidad Central de Madrid. Leonardo de la Peña es nombrado, por concurso de méritos, catedrático de dicha asignatura.
En 1929, por iniciativa del claustro de la Universidad Central de Madrid, concursa a la plaza de terapéutica quirúrgica general y especial, vacante por el fallecimiento de Ramón Jiménez, alcanzándola sin abandonar el desempeño de la de Urología .
En marzo de 1930 es nombrado académico de la Real de Medicina. Posteriormente fue presidente de la Academia Médico-Quirúrgica. Por reconocimiento a su labor, llegaría incluso a ser Director del Hospital Clínico de San Carlos, y Doctor Honoris Causa por las universidades de Universidad de Lovaina y Universidad de Coímbra.
En la guerra civil española estuvo militarizado al frente de un equipo quirúrgico y organizó en Medina del Campo un hospital de sangre, siendo elegido alcalde de la población. Terminada la contienda reorganizó y reconstruyó el Hospital Clínico de San Carlos, respaldado por el Decano de la Facultad, el profesor Enríquez de Salamanca.
En 1946, tras 25 años de explicar la cátedra de Urología se jubiló. Su recia personalidad y fuerte carácter fueron proverbiales, como hombre de ingenio, a veces algo mordaz y de polémica fácil; pero ante todo, persona popular y querida entre los estudiantes.