Leo Strauss (Kirchhain, Hesse, Alemania, 20 de septiembre de 1899 - Annapolis, Maryland, Estados Unidos, 18 de octubre de 1973) fue un filósofo político y clasicista germano-estadounidense. Nacido en una familia judía, posteriormente emigró a Estados Unidos. Pasó la mayor parte de su carrera como profesor de ciencias políticas en la Universidad de Chicago, donde enseñó a varias generaciones y publicó quince libros.
Originalmente educado en la tradición neokantiana con Ernst Cassirer e inmerso en el trabajo de los fenomenólogos Edmund Husserl y Martin Heidegger, Strauss posteriormente enfocó sus estudios en los textos griegos de Platón y Aristóteles, recorriendo sus interpretaciones mediante la filosofía judía e islámica, y animando a la aplicación de sus ideas a la teoría política contemporánea.
Hijo de Hugo Strauss y de Jenny David, comerciantes, al entrar en el gymnasium, entró en contacto con los clásicos europeos, terminando por descubrir la obra de Friedrich Nietzsche.
Durante la Primera Guerra Mundial, Strauss trabajó de intérprete en Noruega y su frontera.
Después se fue a estudiar a Marburgo, una ciudad universitaria situada a unos veinte kilómetros de Kirchain y centro de la filosofía kantiana. Seguidamente estudió en Hamburgo, donde tuvo como profesor a Ernst Cassirer, bajo cuya dirección elaboró su tesis doctoral Teoría del conocimiento según el pensamiento de Jacobi que leyó en 1921.
Se marchó después a Friburgo de Brisgovia para ponerse bajo la tutela de Edmund Husserl y de Martin Heidegger, por quien se mostró más interesado sobre todo por su interpretación de Aristóteles y a quien consideró el más relevante pensador del siglo. Durante su estancia en Friburgo se hizo amigo de Hans-Georg Gadamer, Jacob Klein y Karl Löwith.
Entre 1925 y 1932 fue asistente en la Universidad de Berlín y formó parte de la Escuela Superior de Ciencias del Judaísmo (Hochschule für die Wissenschaft des Judentums, en alemán), cuyo director era Julius Guttmann.
Escribió un ensayo sobre Spinoza y su crítica de la ciencia de la Biblia (publicado en 1930) y se interesa por la obra de Carl Schmitt, de quien reseñó en 1932 El concepto de lo político. Strauss consiguió después una beca de estudios Rockefeller para trabajar en París sobre los filósofos árabes y judíos medievales. Allí conoció a Alexander Kojève y a Alexandre Koyré.
En el año 1932 se casó con Mirjam (Marie) Berenson (o Bernsohn) en París. Nunca tendrían hijos, aunque Mirjam ya tenía uno de un matrimonio anterior. Adoptarían a la sobrina de Strauss, Jenny, huérfana en 1942 de su hermana y de Paul Krau. La pareja dejó París para irse a Londres y Cambridge, donde Strauss ocuparía un puesto universitario. Trabajaría sobre los manuscritos de Thomas Hobbes hasta 1937 (durante esta época publicaría La filosofía política de Hobbes).
En los años siguientes ocuparía varios puestos en distintos colegios y más tarde daría clases en la New School for Social Research de Nueva York. En 1949 obtuvo un puesto de profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chicago, y después en la Universidad Stanford, en California.
Leo Strauss llegó a los Estados Unidos en 1938 huyendo de la persecución nacionalsocialista. Sus primeros años de exilio le sirvieron para tomar conciencia de la realidad estadounidense y fueron de crucial importancia en el desarrollo de su pensamiento posterior. En 1948 se convierte en profesor por la Universidad de Chicago, puesto que ocuparía hasta 1968. Durante ese periodo su actividad académica fue muy prolífica y publicó varios de sus trabajos más importantes, como Thoughts in Machiavelli.
Leo Strauss falleció el 23 de octubre de 1973. Está enterrado en el cementerio judío de Annapolis.
La filosofía política de Leo Strauss puede explicarse en torno a algunos ejes fundamentales que guiaron su investigación.
Uno de ellos es el rechazo abierto y frontal a la manera historicista de estudiar la filosofía, según la cual las ideas están determinadas por el contexto social y político. Para Strauss, dicha posición es insostenible, pues implica sostener que el mismo historicismo es, de por sí, falso (pues está determinado también). Al mismo tiempo, el historicismo impide el verdadero diálogo con los autores del pasado, quienes buscan transmitirnos ideas. Es posible que estén equivocados, dice Strauss, pero para saberlo debemos examinar su argumentación desde la buena fe, es decir, debemos suponer que es posible que tengan razón. El historicismo impide una lectura adecuada de los textos del pasado.
Strauss escribió que Friedrich Nietzsche fue el primer filósofo en comprender adecuadamente el historicismo, una idea basada en una aceptación general de la filosofía hegeliana de la historia. Heidegger, en opinión de Strauss, saneó y politizó a Nietzsche, mientras que Nietzsche creía que «nuestros propios principios, incluida la creencia en el progreso, se volverán tan poco convincentes y ajenos como todos los principios (esencias) anteriores se habían mostrado» y «la única manera parece ser ... que uno elige voluntariamente el engaño vivificante en lugar de la verdad mortal, en que uno fabrica un mito». Heidegger creía que el trágico nihilismo de Nietzsche era en sí mismo un «mito» guiado por una concepción occidental defectuosa del Ser que Heidegger remonta a Platón. En su correspondencia publicada con Alexandre Kojève, Strauss escribió que Hegel tenía razón cuando postuló que el fin de la historia implica el fin de la filosofía tal como la entiende la filosofía política clásica.
Justamente el arte de la lectura es uno de los aportes de Leo Strauss a la filosofía política contemporánea: en su ensayo The persecution and the art of writing, Strauss expone su particular método de lectura, al distinguir la lectura (y la escritura) esotérica de la exotérica. A lo largo de la historia, y por los motivos más diversos, muchos autores han debido esconder su pensamiento más íntimo tras una fachada convencional. Escriben, por tanto, en dos niveles: gran parte de la actividad investigadora de Strauss estuvo dedicada a descubrir la escritura esotérica en autores como Maquiavelo, Spinoza o Maimónides.
Por otro lado, Strauss cree que la modernidad se caracteriza por una ruptura muy profunda con el pensamiento clásico, y que es deber del filósofo político preguntarse sobre la validez de las premisas filosóficas y políticas que dieron nacimiento a la modernidad. Por lo mismo, parte importante de sus trabajos constituyen una constante e ininterrumpida interrogación a los textos clásicos de la filosofía griega, judía y musulmana. Otro problema objeto de sus preocupaciones fue el problema teológico-político, es decir, el de las relaciones entre fe y razón. Su influencia es muy vasta hasta el día de hoy pues dejó un gran número de discípulos que se han mantenido activos en la vida pública e intelectual.
Para Strauss, la política y la filosofía estaban necesariamente entrelazadas. Consideró el juicio y la muerte de Sócrates como el momento en que nació la filosofía política. Strauss consideró uno de los momentos más importantes en la historia de la filosofía el argumento de Sócrates de que los filósofos no podían estudiar la naturaleza sin considerar su propia naturaleza humana, que, en palabras de Aristóteles, es la de «un animal político». Sin embargo, también sostuvo que los fines de la política y la filosofía eran intrínsecamente irreconciliables e irreductibles entre sí.