León XIII (en latín: Leo PP. XIII), de nombre secular Gioacchino Vincenzo Raffaele Luigi Pecci (Carpineto Romano, 2 de marzo de 1810-Roma, 20 de julio de 1903), fue el 256.º papa de la Iglesia católica. Su pontificado, de veinticinco años de duración, se desarrolló entre los años 1878 y 1903, el cuarto más extenso de cualquier papa por detrás de los de san Pedro, Pío IX (su predecesor) y Juan Pablo II.
Nacido en Carpineto Romano, cerca de Roma, León XIII es reconocido por su intelectualismo y por sus intentos de definir la postura de la Iglesia católica con respecto al pensamiento moderno. El papa León XIII escribió un total de 86 encíclicas durante su pontificado, que abarcó desde 1878 hasta 1903. En su encíclica Rerum novarum, de 1891, el papa León delineó los derechos de los trabajadores a un salario justo, a condiciones laborales seguras y a la formación de sindicatos, al tiempo que reafirmaba los derechos a la propiedad y a la libre empresa, oponiéndose tanto al socialismo ateo como al capitalismo laissez-faire. Gracias a dicha encíclica, pasó a ser conocido popularmente como el «Papa Social» o el «Papa de los Trabajadores», habiendo sentado además las bases del pensamiento moderno en la doctrina social de la Iglesia católica e influido en sus sucesores. Influyó en la mariología de la Iglesia católica y promovió tanto el rosario como el escapulario. Tras su elección, buscó de inmediato revitalizar el tomismo —el sistema teológico de Tomás de Aquino—, a través de su encíclica Aeterni Patris, con el deseo de convertirlo en el fundamento político, teológico y filosófico oficial de la Iglesia católica. Como resultado, patrocinó la Editio Leonina (o Edición leonina) de las obras de Tomás de Aquino en 1879.
León XIII es recordado por su convicción de que la actividad pastoral en el ámbito de la sociología política constituye también una misión vital de la Iglesia, en tanto vehículo de justicia social y garante de los derechos y la dignidad de la persona humana. Publicó la cifra récord de once encíclicas papales dedicadas al rosario, lo que le valió el título de «Papa del Rosario». Asimismo, aprobó dos nuevos escapularios marianos. Fue el primer papa que no ejerció control alguno sobre los Estados Pontificios —disueltos ya en 1870— desde los tiempos de Esteban II, en el siglo VIII. Del mismo modo, muchas de sus políticas estuvieron orientadas a mitigar la pérdida de los Estados Pontificios, en un intento por superar la privación del poder temporal, si bien ello no impidió que la «Cuestión romana» persistiera. Tras su fallecimiento en 1903, fue sepultado en las Grutas vaticanas. En 1924, sus restos fueron trasladados a la Archibasílica de San Juan de Letrán.
Nacido en Carpineto Romano, cerca de Roma, fue el sexto de los siete hijos del conde Ludovico Pecci y su esposa Anna Prosperi Buzzi. Sus hermanos fueron Giuseppe y Giovanni Battista Pecci. Su familia pertenecía a la pequeña nobleza rural, perteneciendo su madre a la Orden Tercera de San Francisco, orden en la que él acabaría ingresando en 1872, después de haber sido obispo y cardenal. Su padre era comisario de guerra y coronel.
Ya en su juventud se señaló como un gran latinista, y en su madurez sería un conocido humanista, diestro escritor de poemas y cartas en latín. Fue alumno del colegio jesuita de Viterbo, donde estudió hasta 1824. Entre 1824 y 1832 estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde obtuvo el doctorado en Sagrada Teología. De 1832 a 1837 estudió en la Academia de Nobles Eclesiásticos (actual Academia Pontificia Eclesiástica), obteniendo el doctorado el Derecho y el doctorado en Derecho canónico; era, por tanto, doctor in utroque iure.
Fue completamente trilingüe, hablando con la misma soltura italiano, latín y francés; además, conocía y podía leer inglés y alemán.
Fue ordenado sacerdote en 1837 y fue nombrado prelado doméstico de Su Santidad ese mismo año. En 1838 fue enviado como legado papal a Benevento. En 1841 fue enviado como legado papal a Espoleto y Perusa.
En 1843 fue consagrado obispo y nombrado arzobispo titular de Damietta (o Tamiati). Entonces fue enviado como nuncio papal a Bruselas, donde permaneció hasta 1846.
En 1846 fue nombrado obispo de Perusa con el grado de arzobispo ad personam. En 1849 presidió un concilio provincial celebrado en Spoleto, por cuya iniciativa se tomó el acuerdo conciliar de pedir al papa Pío IX la promulgación de una constitución condenando los diversos errores sobre la Revelación divina, la Iglesia, la autoridad y la propiedad —ya condenados separadamente con anterioridad—, haciendo un escueto concurso de ellos. Se valoró que la idea era de gran utilidad para la feligresía católica. Este documento fue conocido posteriormente al ser publicado como Syllabus.
El 19 de diciembre de 1856, Pío IX lo nombró cardenal presbítero de San Crisógono.
En los años siguientes se produjo la Unificación italiana, que supuso la liquidación de los Estados Pontificios y el enfrentamiento radical entre la Iglesia católica y el Estado liberal (especialmente, el nuevo Reino de Italia). La postura moderada que mantuvo en estos temas el cardenal Pecci lo convirtió en un candidato idóneo para suavizar las tensiones, razón que probablemente influyó en la decisión del Colegio Cardenalicio de elegirlo papa al morir Pío IX en 1878.
Efectivamente, en un cónclave de solo dos días y a la tercera votación, Gioacchino Pecci fue elegido papa el 20 de febrero de 1878. El 3 de marzo siguiente fue coronado en la basílica de San Pedro por el cardenal diácono de San Eustaquio Teodolfo Mertel, por delegación del cardenal Prospero Caterini, protodiácono de S. Maria in Via Lata y ad commendam de S. Maria della Scala, que se encontraba enfermo.
León XIII se preocupó desde el inicio de su mandato por mejorar las bases intelectuales del clero, alejándose en lo doctrinal de la mera actitud defensiva de su predecesor. Con este fin nombró en 1879 una comisión de cuatro cardenales (entre ellos, el erudito T. Zigliara), y el 4 de agosto de ese año —en la encíclica Aeterni Patris— presentó el tomismo como la filosofía a seguir por los católicos para afrontar los problemas de su tiempo.
Los primeros años de su pontificado quedaron marcados por una serie de iniciativas académicas: la fundación de un nuevo instituto en Roma para el estudio de la filosofía y la teología, centros de estudio de las Escrituras y un centro astronómico. Además, se abrieron los archivos del Vaticano, tanto a los estudiosos católicos como a los no católicos. Vivió sin lujos y frugalmente durante su pontificado.
Su largo pontificado significó un acercamiento de la Iglesia a las realidades del mundo moderno. Frente al creciente problema obrero, en 1891 dio a conocer la encíclica Rerum novarum (Acerca de las nuevas cosas). La misma deploraba la opresión y virtual esclavitud de los numerosísimos pobres por parte de «un puñado de gente muy rica» y preconizaba salarios justos y el derecho a organizar sindicatos (preferiblemente católicos), aunque rechazaba vigorosamente el socialismo y mostraba poco entusiasmo por las instituciones de la democracia liberal y el sindicalismo obrero. Las clases y la desigualdad, afirmaba León XIII, constituyen rasgos inalterables de la condición humana, como son los derechos de propiedad. Condenaba el socialismo como ilusorio y sinónimo del odio y el ateísmo.[cita requerida]
El realismo político y la habilidad diplomática de León XIII permitieron poner fin a la hostilidad del régimen imperial alemán hacia los católicos (abandono por el canciller Otto von Bismarck de la Kulturkampf en 1879 y visita a Roma del emperador Guillermo II en 1888). Igualmente, propugnó el fin de la confrontación entre la Iglesia francesa y la Tercera República, avalando la participación de los católicos franceses en el régimen republicano. Por el contrario, mantuvo el enfrentamiento numantino con el Estado italiano, insistiendo en el boicot de los católicos italianos a la vida política nacional.
León XIII pensaba que el servicio diplomático papal debía desempeñar un papel de primer orden tanto en la consolidación de la disciplina interna de la Iglesia como en la conducción de las relaciones Iglesia-Estados. En 1885, España, Alemania y Reino Unido recurrieron a él como mediador en la disputa sobre la posesión de las islas Carolinas, en el Pacífico, siendo España quien las consiguiera; aunque a contrapartida, Alemania tomó las islas Marshall. Ya en 1899, el zar Nicolás II de Rusia y la reina Guillermina de los Países Bajos se beneficiaron de sus buenos oficios en el intento de convocar una conferencia de paz de todos los países de Europa.