Laura Restrepo Casabianca (Bogotá, 1 de enero de 1950) es una escritora, columnista y activista colombiana de ascendencia italiana.
Restrepo es especialmente conocida por su novela Delirio, ganadora del Premio Alfaguara (2004) y del Grinzane Cavour (2006). Su estilo desdibuja los límites entre identidades tradicionales, categorías y conceptos; en sus obras incorpora una mezcla periodística y de experiencias propias, con relatos de alta intensidad que habitualmente se desarrollan en su Colombia natal. Además de novelas, ha escrito ensayos y un libro infantil. Sus obras han sido traducidas a diversos idiomas.
Ha ejercido también como periodista y ha participado activamente en política. Desempeñó un importante papel en el proceso de negociación con la guerrilla durante los años 1980, lo que la llevó al exilio forzoso del que pudo regresar después de que el Movimiento 19 de Abril (M-19) dejó las armas y fue indultado.
Intelectual de izquierda, defendió las posibilidades de la revolución bolivariana de Hugo Chávez,[cita requerida] ha condenado los odios nacionalistas orquestados muchas veces en Bogotá y otras en Caracas y creyó en el proyecto del Socialismo del siglo XXI.[cita requerida]
Cuando tenía nueve años escribió su primer cuento, que trataba de "una tragedia sobre los campesinos pobres", pero tardó 25 años más antes de tomar en serio la que sería su principal profesión. Escribe -dice- para sentir más cerca a su padre fallecido y también para estar más cerca de otros familiares asesinados durante el periodo más violento de Colombia. Sobre su niñez, Restrepo recuerda: "Tuve una infancia muy feliz, en un núcleo familiar: mi padre, mi madre y mi hermana. Llena de viajes, muy nómada, siempre estábamos viajando por todas partes. Mi padre no creía en la educación convencional, entonces mi madre nos metía en colegios y mi padre nos sacaba. Él estaba siempre preocupado por que leyéramos.
Su padre, que debió abandonar sus estudios a los 13 años para trabajar, no pensaba que las escuelas en general fueran buenas; esta opinión se reforzaba por el hecho de que el suyo, autodidacta, fue escritor y dominó 6 idiomas a pesar de nunca haber ido a un colegio. Laura prácticamente no asistió regularmente a escuelas porque su padre, empresario, viajaba mucho y llevaba a la familia a todas partes del mundo a las que iba. Este estilo de vida hizo que Laura nunca pudiera completar un año de estudios en el mismo colegio. Fue así como asistió a escuelas en California —donde en Corte Madera estableció el récord de ir a clases solo por un día, porque al día siguiente la familia debía viajar— y Dinamarca —allí fue a los 10 años a una escuela de cerámicas—; en Madrid, el colegio al que postuló la rechazó porque reprobó la prueba de admisión en gramática, matemáticas, costura y bordado, que eran considerados requisitos básicos bajo la dictadura de Francisco Franco. A pesar de su opinión negativa sobre las escuelas tradicionales, el padre de Laura tenía un pasión por la educación, que se traducía en llevar a su familia a museos, ruinas, teatros. A su regreso a Colombia, Laura validó el bachillerato ante el Ministerio de Educación con el fin de ingresar en la universidad.
Diplomada en Filosofía y Letras por la Universidad de Los Andes, realizó posteriormente un posgrado en Ciencias Políticas; fue maestra de la Escuela Santa Helena y, más tarde, profesora de Literatura en la Universidad Nacional y del Rosario, pero luego se enfocó en la revolución en Colombia.
Su participación en política ha tenido lugar en Colombia, en España en el Partido de Trabajadores Socialistas y en Argentina, donde trabajó con la resistencia contra el gobierno militar. La muerte de su padre tuvo gran influencia en la vida de Restrepo. Su padre era muy controlador y no le gustaba que ella tuviera curiosidad por lo que sucedía en el mundo, por esta razón, decidió tomar su propio camino, aseguró "despedirse de su padre y nunca volver a verlo". Después de su muerte, empezó a involucrarse en política, con especial interés en el socialismo. Fue muy activa en la política y también hizo parte de la generación del activismo en los años 1960. Sus influencias eran la Revolución Cubana, Camilo Torres Restrepo (sacerdote revolucionario colombiano), y los condiscípulos de universidad. Sintió el dolor de ver la pobreza, la injusticia, la desigualdad y los abusos de poder que afectaban a las personas más vulnerables. Empezó a trabajar en periodismo cuando volvió a Colombia después de trabajar en Madrid por tres años en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y después de una era de activismo contra la dictadura militar en Argentina. En su escritura se puede ver la influencia de sus años de activismo político. También ha viajado a lugares considerados peligrosos por temas sociales o políticos. Visitó Granada durante los eventos allí ocurridos, y también fue a la frontera entre Nicaragua y Honduras por un mes para escribir sobre la guerra entre las sandinistas y las contras.
Durante sus años como periodista, trabajó para la revista Semana, y estaba encargada de escribir sobre política nacional e internacional. En este trabajo conoció a Gabriel García Márquez, quien estaba asociado con dicha revista en ese momento. Él sirvió de mentor de Laura Restrepo, ofreciéndole sugerencias sobre cómo escribir mejor. En 1983, durante el gobierno de Belisario Betancur, formó parte de la Comisión de Paz, Diálogo y Verificación que debía negociar con el movimiento rebelde M-19. En el curso de este proceso, se vio en situaciones muy delicadas que finalmente, a instancias del M-19, la llevaron a emigrar. En una entrevista dijo, "Yo estuve muy cerca de los militantes y dirigentes del M-19 que fueron asesinando durante aquel proceso de paz. Esta experiencia quedó reflejada tres años después en su primer libro, Historia de un entusiasmo. Era una de las primeras ocasiones en que acuerdos sociales y políticos fueron usados para llegar a un acuerdo mutuo con las guerrillas. Restrepo estuvo en el centro de los movimientos sociales y dejó de dedicarse al periodismo porque quiso enfocar sus esfuerzos en negociaciones de paz. Debido a su activismo político recibió amenazas contra su vida y se exilió durante seis años. Vivió en exilio en México —donde colaboró como columnista en el diario La Jornada y en la revista Proceso, siempre trabajando para lograr la paz con el M-19, haciendo viajes a España, América Central y Francia para intentar que se volviera a abrir un proceso de negociación. Dio por concluida su labor en 1989 cuando dicho movimiento decidió deponer las armas y se convirtió en un partido de oposición legal. Laura Restrepo vivió en Argentina por varios años durante la dictadura.
Comenzó a militar en el trotskismo cuando estaba en la Universidad Nacional, «un sitio muy politizado, era la época de la revolución cubana, Mayo del 68, el movimiento campesino en Colombia, era casi ineludible y el boom latinoamericano, muy ligado a todos estos procesos de renovación social. Según cuenta, "Ahí entré al trotskysmo. Al principio no tenía mucha idea, me metí porque uno de los dirigentes estaba leyendo En busca del tiempo perdido y me pareció que ese era mi sitio. No fue un mal criterio para elegir....». Dispuestos a hacer la revolución mundial, sus correligionarios trotskistas la enviaron a España recién fallecido Francisco Franco, y allí llegó a ser secretaria general de una de las Casas del Pueblo en el barrio obrero Ciudad Lineal.
Durante el tiempo en que vivió en Argentina militó durante algunos años en el Partido Socialista de los Trabajadores, apoyó la lucha por los derechos humanos y colaboró con las Madres de Plaza de Mayo y los familiares de los desaparecidos por la dictadura. Pasó tres años en Buenos Aires y uno en Córdoba, donde nació Pedro Saboulard, su hijo de padre argentino.
Escribió su primer cuento, "una tragedia sobre los campesinos pobres", garabateado en un cuaderno, a los nueve años. La familia asegura que su padre siempre supo que un día su hija sería novelista. Fue la muerte de este lo que la inspiró a dedicarse seriamente a la labor de escritora, según ha explicado, en buena medida por amor al padre y por su memoria.