La vera costanza («La verdadera constancia»), Hob. 28/8, es un drama jocoso operístico de Joseph Haydn. El libreto en italiano fue una versión acortada de uno de Francesco Puttini al que puso música Pasquale Anfossi para la ópera homónima estrenada en Roma en el año 1776. La historia explora los problemas de una heroína sentimental abandonada por un amante enloquecido.
La obra se escribió para la corte de los Eszterházy y se estrenó el 25 de abril de 1779. Fue repuesta allí en abril de 1785 cuando Haydn aparentemente tuvo que recrear gran parte de la ópera de memoria, pues el original se perdió en gran medida. Se representó en Presburgo, Budapest, Viena y Brünn entre 1786 y 1792 bajo el título Der flatterhafte Liebhaber. En París en 1791, fue representada como Laurette.
La ópera se grabó en mayo de 1976 por Philips en asociación con la Radio Suisse Romande y la Unión Europea de Radiodifusión. Desde 1980 la ópera se ha repuesto en la escena de Lyon (1980), Asís (1982) y Viena (1982). La Ópera Clásica de Bampton dio representaciones en 2004, en inglés.
Esta ópera rara vez se representa en la actualidad; en las estadísticas de Operabase aparece con sólo 3 representaciones en el período 2005-2010.
Contexto histórico - artístico.
"La Vera Costanza", quinto “dramma giocoso” de Haydn, es una obra clave en la evolución del género operístico, la variedad de arias, la caracterización de los personajes, el pulso dramático, el refinamiento y la potencia de la orquesta, el desarrollo sinfónico y la abundancia y complejidad de los conjuntos vocales la convierten en pionera de la ópera moderna, tal y como la entendemos hoy.
Los números musicales se suceden con agilidad, las arias son concisas, alternan con breves recitativos “secco”, conjuntos vocales y sus novedosos recitativos “accompagnati" con desarrollo temático, marca de la casa Haydn, que dibujan hasta el más mínimo detalle los procesos anímicos por los que pasan los héroes y heroínas de esta ópera. Es una novedad total, prueba irrefutable de la originalidad del genio de Rohrau que no cesa de crear nuevas formas, estructuras y medios de expresión.
La vía abierta por “Il mondo della luna” se ve potenciada más aún en esta obra, el equilibrio entre lo serio y lo bufo alcanza su plenitud en “La vera costanza”, esto queda especialmente patente en las tonalidades por las que transita la obra, en el dramatismo de las "escenas - monólogo" pre-románticas con el "accompagnato" haydniano (siempre de gran profundidad psicológica), en la variedad de arias y conjuntos, y muy en particular, en los deslumbrantes “Finale” de acto, de enormes dimensiones, gran dinamismo y complejidad de escritura, que crean un efecto acumulativo que conduce a una explosión final con todos los personajes en escena.
Desgraciadamente esta obra se interpreta muy poco, en parte por el conservadurismo de los grandes teatros que repiten hasta la saciedad los mismos títulos de siempre (Bodas de Fígaro, Barbero de Sevilla, Norma, Carmen, Bohème, Traviata, Cavaleria, etc.…) y por otro lado, el desconocimiento del gran repertorio de la segunda mitad del XVIII, reducido a 5 o 6 títulos de Mozart y 2 o 3 de Gluck y una casi total ausencia de las obras maestras de Haydn, tan fundamentales como las de los anteriormente citados.
En esta obra el compositor dirige su crítica hacia los abusos de la aristocracia, adelantándose a las preocupaciones sociales presentes en las “Bodas De Fígaro” de Mozart o en “Fidelio” de Beethoven. El estamento noble queda representado principalmente en las figuras del conde Enrico y la baronesa Irene, mientras Rosina y Masino son la personificación del pueblo llano que sufre por los caprichos de la alta sociedad. El compositor, siempre consciente de su origen humilde, se muestra crítico con la clase poderosa a través de esta trama en la que unos personajes ensoberbecidos juegan con las vidas de las personas sencillas como si fueran títeres, concertando absurdas uniones para romper el vínculo evidente que existe entre la pareja protagonista.
Como es habitual en sus óperas, Haydn no juzga ni castiga, expone los hechos, las actitudes y las consecuencias que de estos se derivan, dejando en evidencia las contradicciones del género humano y sus absurdas convenciones sociales. Procede como un filósofo de la música, se aparta de la idea inmadura de “bondad versus maldad" como categorías absolutas, dotando a los personajes de una psicología compleja y ambigua independientemente del estamento social al que pertenecen. No evita ridiculizar a un conde pero tampoco a un humilde y aparentemente bondadoso pescador. El gran mérito de Haydn es conseguir este entramado psicológico por medios puramente musicales, con una orquesta que continuamente describe emociones y situaciones.La calidad del libreto ha sido habitualmente objeto de críticas, más o menos acertadas, se le ha considerado carente de teatralidad, complicado e incoherente. Independientemente de la su calidad poética, el libreto tiene las suficientes cualidades para crear escenas contrastadas y mantiene la intriga hasta el final. Haydn siempre tuvo inclinación hacia los libretos que resaltan por la crítica social, y solía escoger aquellos en los que hay una caracterización de personajes interesante y ambigua, o con posibilidades de profundización psicológica, y en este aspecto "La vera Costanza" de Puttini en la adaptación confeccionada para Haydn cumple suficientemente con lo anterior.
La ópera está estructurada en arias de gran libertad formal, breves recitativos “secco”, recitativos “accompagnati”, conjuntos vocales (un sexteto, un quinteto, dos duetos y septeto final) que culminan en los grandes “Finale” de los actos 1 y 2, verdaderas joyas del género, repletos de conjuntos vocales que avanzan a través de un desarrollo sinfónico en números que se suceden sin solución de continuidad, en el segundo Finale aparecen ya por vez primera relaciones de 3ª entre secciones, una idea genial que permite cambiar de tonalidad sin romper la fluidez musical.
Esta ópera es un melodrama refinado y aristocrático, como corresponde a un argumento en el que la mayor parte de los protagonistas pertenecen a este estamento. Tal vez sea la ópera más sofisticada de Haydn.
Ese toque aristocrático mencionado más arriba es lo que caracteriza a la Obertura, refinada y ágil, estructurada en dos partes contrastantes; la primera (Presto), es rápida y picante y una segunda parte en tempo de minuetto (Allegretto), elegante y sofisticada. El minuetto enlaza directamente con el Sexteto inicial (Allegro moderato), un magnífico número que describe una tormenta marina y que nos presenta los personajes principales a través de una música muy enérgica y de sonoridad ampulosa, cada uno de ellos se mueve en un registro propio e interactúa con los demás en un alarde de estructura dramática de gran virtuosismo en su escritura.
El carácter impositivo y arrogante de la baronesa Irene queda descrito finamente en su aria “Non s’innallza” en SI b M, de tempo ágil y música enérgica. Contiene difíciles coloraturas para la cantante.
El aria de Masino “So che una bestia sei” que le sigue es cómica y paradójica, pues el pescador se queja de la brusquedad y poca inteligencia del potentado Villotto en una ácida caricatura de esos ridículos “nuevos ricos” que ya pululaban por la sociedad de finales del XVIII y que lo siguen haciendo a día de hoy. Paradójicamente el rudo pescador le da una lección de educación al esperpéntico personaje de Villotto. La música es chispeante y hace gala del mejor humor haydniano.
A la anterior aria responde Villotto con su “Non sparate, mi disdico” en la que el personaje queda retratado como una persona cobarde y patética, gracias a una música frenética y divertida que añade acción a la escena, evitando que se produzca una relajación del pulso dramático. La segunda parte del aria es aún más alocada, en un tempo aún más rápido, y en el mejor estilo cómico italiano.
Aparece Lisetta con su aria “Io son poverina” sencilla y elegante como corresponde al personaje, la camarera de la baronesa Irene. La música pertenece a la tradición austríaca popular, en forma estrófica con un episodio en menor.