Tal Día como Hoy

Juno (mitología)

Diosa romana del matrimonio y esposa de Júpiter

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En la mitología romana, Juno (en latín: Iῡno, -ōnis) era una diosa que presidía el matrimonio y los nacimientos, equivalente a la Hera griega, y como tal era la reina de los dioses.​ Era hermana gemela​ y esposa de Júpiter, rey del Olimpo, con el que tuvo a Marte, Juventas, Libertas​ y Vulcano.​ Es llamada Saturnia por ser ‘hija de Saturno’;​ otro epíteto común era Lucina, como diosa protectora de los alumbramientos.​ Juno fue una deidad mayor de la religión romana y formó parte, junto a Júpiter y Minerva, de la Tríada Capitolina, un importante culto romano. También es una de los dioses Consentes​ y uno de los dioses elegidos (di selecti) de Varrón.​

Poco a poco Juno fue adquiriendo rasgos de diosa del aire y la atmósfera.​ Si Júpiter es el dios del cielo entonces Juno lo es del aire inferior.​ O bien, como dioses celestes, Juno es el aire y Júpiter el fuego (del cielo).​ Juno le dio a Eolo el cetro de las nubes y los huracanes.​ Se llama Curetis (Quirites) porque usa un carro y lanza.​ Están a su servicio Argos, el pavo real,​ e Iris, el arcoíris, mensajera que compartía con su esposo.​ Foroneo fue el primero que dedicó un templo a Juno.​ Aparece prominentemente en la Eneida, en donde es enemiga declarada de Eneas.​ Saturno, después de perder la posesión del cielo anduvo vagando errante por la tierra en compañía de Juno. Para que su hija no se fatigara por el viaje la dejó en compañía de unas ninfas africanas para que estas criaran a su hija. Debido a esto Juno fue siempre aliada de Cartago y la mantuvo fuerte.​

Durante el Renacimiento Juno fue reinterpretada como una figura alegórica de la realeza, alejándose de la visión homérica. Era la figura de la reina y progenitora de la continuidad dinástica. Juno preside entonces el tránsito de la novia a la casa del esposo, la fecundidad, menstruación, parto y procreación de los pueblos.​

Hay una probable etimología para Juno en la raíz protoindoeuropa *yeu-, ‘fuerza vital’. Aunque tal derivación podría ser consistente con un origen como Diosa Madre, es más probable que esta raíz se usara en el mismo sentido que otras palabras latinas derivadas de ella, como iuvenis (‘hombre joven’, con derivados tales como «juvenil» o «rejuvenecer»), lo que implicaría que la natural de la mitología grecorromana era más cercana a la Diana como diosa doncella de los nacimientos o la partería. Sin embargo, la absorción romana del mito griego reemplazó características primitivas de Juno con otras de Hera, extendiendo su dominio del nacimiento al matrimonio y promocionándola al papel de esposa de Júpiter y reina de los dioses. También podía arrojar rayos como él.​

También existe la posibilidad, por inmediatez geográfica, de una influencia etrusca. La equivalente etrusca de Juno era Uni. Es probable que una de estas diosas se inspirase en la otra, pero no está claro en qué dirección. Aunque actualmente hay más apoyo a la teoría de que Uni derivó de Juno, si fuera al revés, el nombre de Juno no podría tener un vínculo protoindoeuropeo con *yeu- y su raíz semántica permanecería ambigua. Hay algún apoyo a la teoría de que Uni fuese la original: Livio afirma​ que Juno era una diosa etrusca de Veyes que fue ceremonialmente adoptada por el panteón romano cuando la ciudad fue saqueada en el 396 a. C.

Varrón nos da la siguiente etimología: «Dado que Juno es la esposa de Júpiter y éste es el Cielo, aquella es la Tierra (Terra), que es la misma que Telus (Tellus), y ella recibió la denominación de Juno porque ayuda (iuvat) juntamente con Júpiter, y la de Regina «Reina» porque de esta es todo lo terrestre».​

En las Fábulas de Higino se nos dice que Juno es hija de Saturno y Ops. Con Júpiter fue madre de Marte, Juventas y Libertas. Vulcano nació de Júpiter​ o bien es hijo de Juno sin padre.​ Vulcano había fabricado unos tronos de oro y acero para Júpiter y los demás dioses; cuando Juno se sentó, quedó de repente suspendida en el aire. Se mandó recado a Vulcano para que liberase a su madre, a la que había amarrado, pero, airado por haber sido precipitado desde el cielo, dijo que él no tenía ninguna madre.​

Después de que Ops hubo engendrado por obra de Saturno a Júpiter, Juno le preguntó si se lo entregaba, puesto que Saturno había arrojado a Plutón al Tártaro, y a Neptuno al mar. Juno se llevó al infante Júpiter a Creta para que Amaltea lo cuidara.​ O bien Juno engendró, de nuevo sin consorte, a Marte tras tocar cierta flor​ y a Juventas tras comer una lechuga.​ Otros dicen que después de que Juno vio que Épafo tenía un poder tan grande, se ocupó de que muriese en una cacería, y exhortó a los titanes para que destronaran a Júpiter y delvolvieran el poder a Saturno.​

Foroneo fue el primero en ofrecer sacrificios a Juno​ y en construirle un templo.​ También fue el primero que fabricó armas para Juno y por esta causa fue el primero que obtuvo la facultad de reinar en Argos.​ Dánao le había consagrado a Juno un escudo​ conocido como el Escudo de Argos, emblema de la casa real argiva desde Linceo, yerno de Dánao.​ Cídipe era sacerdotisa de Juno y esta bendijo a sus dos hijos con una muerte piadosa.​

Se dice que Calisto había sido convertida en una osa por la cólera de Juno, porque había yacido con Júpiter. Más tarde Júpiter la colocó entre las estrellas como la constelación llamada Septentrión (Osa Mayor), la cual permanece inmóvil sin moverse en el firmamento. Esto se debe a que Tetis, esposa de Océano y nodriza de Juno, prohibió a la constelación bañarse en las aguas del Océano.​

Sémele se había acostado con Júpiter y por ello Juno se enemistó con todo su linaje.​ Ino era hermana de Sémele y esposa de Atamante. Juno enloqueció a Atamante, que mató a su hijo Learco.​ Cuando Sémele quedó encinta Juno, tornándose en apariencia como la nodriza de Sémele, le dijo: «Hija, pide a Júpiter que se venga a ti tal y como hace con Juno, así conocerás el placer de dormir con un dios». Convencida por ella, Sémele hizo su petición a Júpiter, y así fue castigada por un rayo.​

Juno fue la diosa protectora de la expedición de los argonautas. Se dice que Juno se había transformó en una anciana y, como estaba junto al río Eveno poniendo en prueba los sentimientos de los hombres, para que la llevaran a la otra orilla del río Eveno, pero nadie quería hacerlo, Jasón la llevó a la otra orilla: ella, enfurecida con Pelias, porque no el había hecho un sacrificio, logró que Jasón perdiera una sandalia en el fango.​ Por haber sido amable con ella Juno siempre estuvo dispuesta a proteger a Jasón.​ Envió a Jasón y los argonautas a la isla de Día e indujo en sueños a Medea a enamorarse de Jasón.​

Cuando Hércules era un infante estranguló con sus dos manos a dos serpientes que Juno había enviado.​ También maldijo con la locura a Hércules, que mató a Mégara y a sus dos hijos.​ Cuando Filoctetes estaba en la isla de Lemnos una serpiente le mordió en el pie que Juno había enviado, porque Filoctetes solo había osado construir una pira fúnebre para Hércules.​

Cuando Júpiter quiso yacer con Egina, temió a Juno, y entonces tomó a la joven hasta la isla distante de Delos y Éaco fue su hijo. Cuando Juno lo hubo descubierto, envió una serpiente hacia las aguas que había envenenado, y si alguno bebía de ella, moría.​ Debido a que Latona había yacido con Júpiter, Juno ordenó a Ticio, una criatura de inmenso tamaño, para que se ofreciese a forzarla.​ Juno decretó que Latona debería dar a luz en un lugar en donde el sol no brillase. Neptuno, para no faltar al decreto de su hermana, la llevó a la isla de Ortigia.​

Ixión intentó yacer con Juno. Ésta, por órdenes de Júpiter, fue substuida por una nube; Ixión y la nube engendraron a los centauros.​ Una vez sucedió una disputa matrimonial entre Júpiter y Juno por ver quién obtenía más placer en el acto sexual, si el hombre o la mujer. Tomaron a Tiresias como juez, pues había sido tanto hombre como mujer. Cuando se decidió a favor de Júpiter, Juno, encolerizada, lo cegó con el dorso de la mano.​ Júpiter, que amaba a Io, la poseyó y la convirtió en vaca, para que Juno no la reconociese. Cuando Juno lo descubrió, lo envió como guardián a Argos Panoptes, a quien le brillaban los ojos por todo el cuerpo. Por orden de Júpiter, Mercurio lo mató. Entonces Juno le inspiró terror a Io y atormentada por el miedo, la forzó a precipitarse al mar, que se llamó Jonio.​

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