Juliana de los Países Bajos (Juliana Emma Luisa María Guillermina de Orange-Nassau; La Haya, 30 de abril de 1909 ‑ Baarn, 20 de marzo de 2004) fue reina de los Países Bajos desde la abdicación de su madre en 1948 hasta su propia abdicación en favor de su hija Beatriz el 30 de abril de 1980. Desde esa fecha retomó el título de princesa de los Países Bajos.
Fue hija de la reina Guillermina I de los Países Bajos y del príncipe Enrique Vladimiro, duque de Mecklemburgo-Schwerin. Era nieta por vía paterna del gran duque Federico Francisco II de Mecklemburgo-Schwerin y de la princesa María Carolina de Schwarzburg-Rudolstad. Por vía materna era nieta del rey Guillermo III de los Países Bajos y de la princesa Emma Guillermina de Waldeck-Pyrmont. Fue nombrada princesa de los Países Bajos desde su nacimiento y se le aplicó el tratamiento de Alteza Real.
Pasó su infancia en el palacio Het Loo, en Apeldoorn, el palacio Noordeinde y el palacio Huis ten Bosch, ambos en La Haya. Su tutor Jan Ligthart la educó en una pequeña escuela creada para ese propósito en el palacio de Noordeinde, a la que asistió desde los seis, y donde recibió una educación elemental con otras niñas de su edad. Dichas compañeras fueron las baronesas Elise Bentinck y Elisabeth van Hardenbroek, y la jonkvrouwe Miek de Jonge.
Como la constitución neerlandesa especificaba que debía estar preparada para acceder al trono desde los dieciocho años, la educación de la princesa Juliana se llevó a cabo de forma más acelerada que la de sus compañeros. Después de cinco años de educación primaria, la princesa recibió su educación secundaria y su preparación preuniversitaria de tutores privados.
El 30 de abril de 1927, la princesa Juliana celebró su 18.º cumpleaños. Según la constitución, oficialmente había alcanzado la mayoría de edad y estaba preparada para asumir prerrogativas reales si fuese necesario. Dos días después su madre la nombró miembro del “Raad van State” (Consejo de Estado).
Ese mismo año la princesa comenzó su carrera como estudiante en la Universidad de Leiden. Durante sus primeros años universitarios realizó estudios de sociología, jurisprudencia, economía, historia de las religiones, historia parlamentaria y derecho constitucional. Durante sus estudios también realizó cursos sobre la cultura de Surinam y las Antillas Neerlandesas, la Constitución de los Países Bajos, relaciones internacionales, derecho internacional, historia general, y derecho europeo. También estudió bajo la tutela privada del profesor Christiaan Snouck Hurgronje sobre los fundamentos del islam, una religión practicada por muchos habitantes de las colonias neerlandesas.
Como era costumbre en las monarquías de la época, la reina Guillermina también comenzó a buscar un marido adecuado para su hija. Los príncipes del Reino Unido y Suecia fueron “vetados”, pero otros declinaron o fueron rechazados por la princesa. Juliana conoció al príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld en los Juegos Olímpicos de Garmisch-Partenkirchen 1936, y su compromiso matrimonial fue aceptado por su madre. El príncipe Bernardo era un hombre de negocios con un estilo de vida dinámico y nada tradicional. Sin embargo, el matrimonio duró toda su vida y resistió la separación de ambos durante la Segunda Guerra Mundial, sus periódicas enemistades y las relaciones extramaritales e hijos ilegítimos del príncipe, conocidos públicamente. La reina Guillermina protegió a su hija con un acuerdo prematrimonial en el que se establecía exactamente lo que permitía o no hacer al príncipe alemán, además de la asignación monetaria que recibiría de la Hacienda real. El documento fue firmado y el compromiso se anunció públicamente el 18 de septiembre de 1936.
El anuncio de la boda dividió a un país que desconfiaba de Alemania, entonces gobernada por Adolf Hitler. Antes de la boda, el 24 de noviembre de 1936, al príncipe Bernardo se le otorgó la ciudadanía neerlandesa y cambió la pronunciación y escritura de su nombre del alemán al neerlandés. Se casaron en La Haya el 7 de enero de 1937, en la misma fecha que lo hicieron los abuelos de Juliana, el rey Guillermo III y la reina Emma, cincuenta y ocho años antes. La ceremonia civil tuvo lugar en el salón del ayuntamiento de La Haya y posteriormente el matrimonio fue bendecido en la Gran Iglesia de San Jacobo (St. Jacobskerk). La joven pareja se instaló en el palacio de Soetsdijk, en Baarn.
La princesa Juliana y el príncipe Bernardo tuvieron cuatro hijas:
La princesa (posteriormente reina) Beatriz de los Países Bajos, nacida el 31 de enero de 1938 en el palacio de Soestdijk. Se casó con el alemán Claus von Amsberg, fallecido el 6 de octubre de 2002.
La princesa Irene de los Países Bajos, nacida el 5 de agosto de 1939 en el palacio de Soestdijk. Se casó en 1964 en Roma con príncipe Carlos Hugo de Borbón-Parma, del que se divorció en 1981.
La princesa Margarita de los Países Bajos, nacida el 19 de enero de 1943, en Ottawa, Ontario, Canadá. Está casada con el neerlandés Pieter van Vollenhoven.
La princesa Cristina de los Países Bajos, (18 de febrero de 1947-16 de agosto de 2019). Se casó en 1975 en la ciudad de Utrecht con el cubano Jorge Pérez Guillermo, del que se divorció en 1996.
El clima político europeo ya era muy tenso a causa de la gran amenaza de la Alemania nazi, y esta tensión se intensificó en los Países Bajos cuando Adolf Hitler dejó entender que el matrimonio de Juliana era una señal de alianza entre los Países Bajos y Alemania. Una enfurecida reina Guillermina se apresuró a rechazar públicamente las palabras de Hitler, pero el incidente aumentó el resentimiento popular por la elección del marido de la princesa, calificada de desafortunada. Ciertas revelaciones sobre la pasada conducta del príncipe Bernardo avivaron la animadversión de los neerlandeses, pero tras la invasión alemana el 10 de mayo de 1940, el posicionamiento del príncipe, claramente contra de los nazis, cambió en gran parte la opinión pública en su favor.
Durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana de los Países Bajos los príncipes decidieron abandonar su país con sus dos hijas y viajaron al Reino Unido, representando al gobierno de los Países Bajos en el exilio. La princesa permaneció allí durante un mes antes de llevarse a las niñas a Ottawa, capital de Canadá, donde vivieron en una casa de Stornoway en el suburbio de Rockcliffe Park.
En la ciudad de Ottawa, donde pocas personas la conocían, las niñas acudían a la escuela pública y Juliana hacía las compras personalmente. Disfrutando de su anonimato, a menudo iba al cine y tomaba el autobús. Cuando su vecina dio a luz, la princesa de los Países Bajos se ofreció para cuidar de sus hijos mientras se recuperaba del parto.
Cuando su tercera hija, Margarita, nació en 1943, el Parlamento de Canadá aprobó una ley especial declarando territorio neerlandés la propiedad de la princesa Juliana en la ciudad y el Ottawa Civic Hospital, para que simbólicamente la niña naciera en tierra neerlandesa. De no haberse promulgado esta ley, la princesa Margarita habría quedado excluida de la sucesión al trono de los Países Bajos. El gobierno canadiense izó la bandera tricolor neerlandesa en la torre del parlamento mientras en su campanario sonaba música neerlandesa ante la noticia del nacimiento de la princesa Margarita. El príncipe Bernardo, que había permanecido en Londres con la reina Guillermina y los miembros del gobierno neerlandés en el exilio, pudo visitar a su familia en Canadá y estar presente en el nacimiento de Margarita.
El 2 de mayo de 1945, Juliana regresó con la reina Guillermina en un avión militar a la zona liberada de los Países Bajos, instalándose en Breda para poner en marcha un gobierno neerlandés provisional. Una vez de regreso en su país expresó su gratitud a Canadá enviando a la ciudad de Ottawa más de 100.000 bulbos de tulipán. El 24 de junio de 1945 viajó desde Gourock (Escocia) a los Estados Unidos, abandonando su residencia permanente en Londres. Al año siguiente (1946), Juliana donó otros 20.500 bulbos de tulipán con la petición de que parte de ellos fuesen plantados en los terrenos del hospital donde había nacido Margarita, y prometió a la ciudad de Ottawa un regalo anual de tulipanes durante toda su vida para mostrar su eterno agradecimiento a Canadá por su hospitalidad. Actualmente, Ottawa celebra el Festival Anual de los Tulipanes, en recuerdo de este regalo.