Tal Día como Hoy

Juliana de Sajonia-Coburgo-Saalfeld

Princesa de Sajonia-Coburgo-Saalfeld y duquesa de Sajonia

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Juliana de Sajonia-Coburgo-Saalfeld (en alemán, Juliane von Sachsen-Coburg-Saalfeld; Coburgo, 23 de septiembre de 1781-Elfenau, 15 de agosto de 1860) fue una noble alemana perteneciente a la familia ducal de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, que además por matrimonio fue gran duquesa de Rusia. Durante sus años de casada (1796-1820) fue conocida oficialmente como la gran duquesa Ana Fiódorovna de Rusia.

Juliana era hija del duque Francisco de Sajonia-Coburgo-Saalfeld y de su esposa, la condesa Augusta de Reuss-Ebersdorf. Entre sus hermanos se encontraba el rey Leopoldo I de Bélgica, mientras que la reina Victoria del Reino Unido, la emperatriz Carlota de México y el rey Fernando II de Portugal eran sus sobrinos carnales.

La emperatriz Catalina II de Rusia comenzó a buscar una esposa adecuada para su segundo nieto, el gran duque Constantino, tras el matrimonio de su nieto mayor, el Alejandro I de Rusia con Luisa de Baden en 1793. La emperatriz hablaba con orgullo de Constantino como un candidato envidiable para muchas novias en Europa, ya que era el segundo en la línea de sucesión al Imperio ruso. Pronto llegó una propuesta de matrimonio de la corte de Nápoles; el rey Fernando I de las Dos Sicilias y la reina María Carolina sugirieron un matrimonio entre el gran duque y la princesa italiana María Cristina de Borbón-Dos Sicilias que la emperatriz rechazó de inmediato.

En 1795, la emperatriz Catalina envió a su general Andréi Budberg en una misión secreta a las cortes europeas gobernantes para encontrar una esposa para Constantino. Este tenía una enorme lista de candidatas, pero durante el viaje enfermó y se vio obligado a permanecer en Coburgo. Fue atendido por el médico de la corte ducal, el barón Stockmar, quien al conocer la verdadera intención de su viaje, llamó la atención del general sobre las hijas del duque Francisco. Budberg escribió a San Petersburgo que había encontrado a las candidatas perfectas, sin visitar otras cortes.

Tras considerarlo brevemente, Catalina accedió. La duquesa Augusta, al saber que una de sus hijas sería gran duquesa de Rusia, se mostró encantada con la idea; un matrimonio con la dinastía imperial rusa podría traer enormes beneficios al relativamente pequeño ducado alemán de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. La duquesa escribió: El hospedaje del general ruso dio un completo giro que nos ha dejado atónitos. No me puede encantar mas la noticia que una de mis hijas se pueda casar con un miembro de una dinastía imperial. Las jovenes princesas estan entusiasmadas

Sin embargo, en Europa existían otras opiniones; por ejemplo, Charles-François-Philibert Masson, en sus Memorias secretas de la corte de San Petersburgo, escribió sobre el papel poco envidiable de las novias alemanas en la corte rusa: Joven víctima conmovedora, que Alemania envía como tributo a Rusia, como lo hizo Grecia que envió a sus sirvientas al Minotauro...

Juliana, junto con su madre y sus dos hermanas mayores, Sofía y Antonieta , viajó a San Petersburgo a petición de la emperatriz Catalina II de Rusia. Tras el primer encuentro, la emperatriz escribió:

. Sin embargo, el príncipe Adam Czartoryski , en sus Memorias, escribió:

La Emperatriz le dio orden de casarse con una de las princesas y le dio la opción de elegir a su futura esposa.

Este punto de vista fue confirmado por la condesa Varvara Golovina , quien también escribió:

Después de tres semanas, el Gran Duque Constantino se vio obligado a tomar una decisión. Creo que no quería casarse.

El propio Constantino diría sobre su elección: "Si así debe ser, me casaré con el pequeño mono; baila muy bonito".

Tras la elección de Juliana por parte del joven gran duque , esta comenzó su formación como consorte. El 2 de febrero de 1796, la princesa alemana de 14 años adoptó el nombre de Ana Feodorovna en una ceremonia bautismal ortodoxa rusa y, 24 días después, el 26 de febrero, contrajo matrimonio con Constantino. La emperatriz falleció nueve meses después, el 6 de noviembre. Por su boda, Ana fue condecorada con la Gran Cruz de la Orden Imperial de Santa Catalina y la Orden de San Juan de Jerusalén. Juliana escribió a su hermana.

No lo amo y es sabido que el tampoco a mí, pero veo el orgullo de nuestra madre ante mí, y un profundo agradecimiento de parte de la Emperatriz, y mi suegra por haber aceptado tal compromiso. Desconozco mi destino en este lugar. pero aún existe un alba antes de juzgar.

Esta unión, relacionada con la boda del hermano de Ana, Leopoldo, y la princesa Carlota Augusta de Gales , convirtió al pequeño Ducado de Sajonia-Coburgo en el corazón dinástico de Europa. Además, gracias a las relaciones con el Imperio ruso, Sajonia-Coburgo se mantuvo relativamente a salvo durante las guerras napoleónicas . Sin embargo, a nivel personal, el matrimonio fue profundamente infeliz. Constantino, conocido por su violencia y dedicado por completo a su carrera militar, hizo a Ana profundamente miserable

Los Grandes Duques se instalaron en el Palacio de Mármol que fue un obsequio de bodas de parte de la emperatriz. El Palacio fue remodelado para convertirse en una residencia de Grandes Duques. Constantino que no gustaba mucho del Palacio, coloco varias galerías de uniformes y armas en el Palacio. Constantino era un apasionado de la milicia por lo tanto se encontraba fuera constantemente. Ana mantuvo una vida activa en la corte imperial rusa. el palacio tuvo bastante actividad durante su estancia.

En febrero de 1799 el Príncipe heredero de Mecklemburgo-Schwerin Federico Luis de Mecklemburgo-Schwerin Visito la corte imperial para comprometerse con la Gran Duquesa Elena Pávlovna Románova. Ana y la emperatriz Maria Fiodorovna organizaron grandes celebraciones en el Palacio de Mármol.

Mientras tanto, la joven gran duquesa comenzó a madurar y se volvió cada vez más atractiva para la corte rusa, que la apodó la "Estrella Naciente". Esto provocó en Constantino una profunda envidia, incluso de su propio hermano Alejandro. Le prohibió a Ana salir de su habitación, y cuando ella tuvo la oportunidad de hacerlo, Constantino se la llevó. La condesa Golovina recordó:

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