Juana de Valois, o Juana de Francia (Châteauneuf-sur-Loire, 24 de junio de 1343 - Évreux, 3 de noviembre de 1373) fue reina consorte de Navarra, condesa de Évreux y señora de Montpellier. Desempeñó el cargo de regente del reino de Navarra durante la ausencia de su esposo el rey Carlos II de Navarra entre 1369 y 1372, y de Normandía, en 1373. También ejerció labores diplomáticas en favor de Navarra ante la corte francesa.
Era la quinta hija, de un total de nueve, del matrimonio realizado entre el entonces solamente duque de Normandía, Juan II, rey de Francia, y su primera esposa, Bona de Luxemburgo, hija de Juan I de Luxemburgo, rey de Bohemia (1309-1346). Tenía cuatro hermanos varones, mayores que ella, y otras cuatro hermanas, todas menores que ella. Como hija mayor empleará durante su vida adulta el título de «ainsnee fille du roy de France».
Cuando apenas tenía 6 años falleció su madre, Bona de Luxemburgo, y su padre contrajo de nuevo matrimonio con Juana I de Auvernia.
Juana estuvo, en un primer momento, comprometida con Enrique de Limburgo, duque de Brabante, hijo de Juan III de Brabante y de María de Évreux, pero el matrimonio no se llevó a cabo al morir Enrique en 1349.
Juan II de Francia, tras la muerte de su padre Felipe VI de Francia el 22 de agosto de 1350, buscó de inmediato la adhesión de Carlos II, rey de Navarra y le nombra lugarteniente de Languedoc. Poco después acuerda la boda de su hija Juana que se celebra en Vivier-en-Brie hacia el 12 de febrero de 1352, quizá el 21 o el 22, según otros autores, cuando ella contaba apenas nueve años y él tenía diecinueve. Las capitulaciones matrimoniales, que no se pusieron por escrito, contemplaban las promesas del rey francés de entregar cien mil escudos de oro además de algunas rentas. Tales promesas no se hicieron efectivas y serían, a futuro, objeto de reivindicaciones por parte del monarca navarro. Tras el enlace, celebrado suntuosamente, Juana se convertiría en la quinta reina de Navarra con tal nombre —antes lo fueron Juana I, Juana II de Borgoña, Juana de Evreux y Juana II—, la tercera consecutiva, aunque en la historiografía no le asignara ordinal alguno aun cuando realmente, tras ganarse la confianza de su marido, como su lugarteniente, gobernaría en Navarra.
En la corte francesa (1352-1360)
Debido a su corta edad, Juana estuvo en la corte francesa acompañada la tía de su marido, Juana de Évreux, viuda de Carlos IV de Francia, y por la hermana de su marido, Blanca de Navarra, viuda de Felipe VI de Francia. El papel de ambas reinas viudas, como mediadoras, será fundamental en el desarrollo de los Tratados de Mantes (22 de febrero de 1354) y de Valognes (10 de septiembre de 1355). Sin embargo, resultaría insuficiente cuando estalle el conflicto (1356) y las tres reinas se vean sitiadas en Melun por los soldados de Du Guesclin. La plaza estaba defendida por el alférez de Navarra, Martín Enríquez de Lacarra (julio de 1359). Con todo, y una vez más, la reina viuda Juana mediará ante su hermano Carlos, delfín de Francia, logrando sellasen el Tratado de Pontoise (22 de agosto de 1359). Juana, tras dos años en Borgoña junto con la reina viuda de Francia, regresó a París en septiembre de 1359. Tenía ya dieciséis años y fue confiada a la reina viuda Blanca en cuya compañía estuvo desde el 1 de diciembre de 1359 hasta el 13 de julio de 1361. Fue con ella con quien en abril de 1361 fue a París para ver al rey Juan, su padre.
Retomando el contacto conyugal (1360-1362)
Juana de Valois que había estado alejada de su marido desde 1352, se reencuentra con él con ocasión del Tratado de Calais firmado en diciembre de 1360. Carlos tenía autorización para retomar su vida matrimonial junto a su esposa. El nacimiento del primogénito Carlos en Mantes-la-Jolie (22 de julio de 1361) pudo impedir que ambos acompañaran a Carlos II a finales de 1361 en su viaje a Navarra (18 de octubre). Aunque Juana había ejercido, junto a las reinas viudas, una labor mediadora importante en los conflictos y tratados firmados por su marido, por un lado, y por su padre y por su hermano, por otro, no debía gozar aún de la confianza del monarca navarro receloso de que hubiera estado demasiado influenciada durante su estancia con ellas. Junto a su mujer permanecieron los hermanos de Carlos, Felipe y Blanca.
Primer estancia en Navarra (1362-1365)
Cuando Juana dejó Pacy-sur-Eure el 15 de noviembre de 1362, acompañada de Mouton de Blainville, señor de Ruan y mariscal de Francia, y su cuñado Felipe, dejó a su hijo en Melun bajo la tutela de su cuñada Blanca. En el testamento que Carlos II había redactado en 1361 se transmitía incluso cierta desconfianza hacia su esposa cuando prefirió el rey navarro dejar a su hijo primogénito bajo la custodia de su hermana, la reina viuda Blanca. Los tres fueron hasta Tours vía Chartres, y desde allí continuó Juana su viaje acompañada del tesorero y Jean de Crèvecoeur, mayordomo del rey, enviado por el rey desde Navarra para organizar este viaje. Atravesando Poitiers y Saintes llegaron a Burdeos donde les dieron la bienvenida los delegados reales el señor de Luxá y Rodrigo de Úriz. Junto con el equipaje, enviado por río de Mantes a Ruan y desde allí hasta Burdeos por mar, la comitiva llegó a Saint-Jean-Pied-de-Port el 19 de diciembre. El camarero real, Raoul de La Planche, supervisó la dirección de este convoy desde su salida el 1 de septiembre de 1362 hasta su llegada el 28 de octubre. Su primera estancia en Navarra se mantuvo en segundo plano tras Carlos II, sin mayor protagonismo político alguno, dedicada a la familia y alumbrando a dos nuevos hijos de Carlos: Felipe, (noviembre de 1363), que falleció prematuramente, y María (c. 1365). En este momento conoce a su cuñada Inés, hermana menor de Carlos II que, casada y repudiada por Gastón, conde de Foix (1364), se había trasladado a Pamplona; ella se convertiría en su más fiel compañera y confidente durante el resto de su vida.
El Tratado de Pamplona-Saint-Denis (mayo de 1365), celebrado tras la derrota de Cocherel, disponía que Carlos II rindiera homenaje al rey de Francia. Se había concedido un respiro hasta la Navidad de 1365. Carlos V amplió este plazo el 2 de octubre de 1365 hasta la Pascua del año siguiente. Carlos II tomó los asuntos de Navarra como excusa para posponer su viaje, y es probable que enviara a su esposa a Francia para, en particular, apacientar a Carlos V por intercesión de su hermana. En la crónica de Garci López de Roncesvalles se precisa, al hablar de este viaje, que su objetivo era negociar la paz con el rey de Francia, por lo que tenía un objetivo político que trascendía las preocupaciones del parto de la reina. Juana permaneció en París del 7 al 25 de enero de 1366 y el 13 de enero cenó en Saint-Pol en compañía de su hermano Carlos V de Francia donde permaneció dos días más. Sin embargo, no hay constancia documental sobre la ampliación del plazo concedido para el pago del tributo pendiente, y durante los cuatro años siguientes el asunto quedó silenciado. Además, Carlos V amplió el envío de los fiscales que se reunirían con los de su cuñado en Aviñón para discutir con el Papa la suerte del ducado de Borgoña reclamado por ambas partes, en Saint-Jean-Baptiste de 1366, y Carlos fue informado de ello el 17 de marzo de 1366, tras la estancia de su esposa en París.
Viaje diplomático a Francia (1365-1366)
El poder de Carlos II en Francia decaía al mismo tiempo que aumentaba la tensión con Aragón, aliado de los Valois. Ambas circunstancias motivaron que Juana de Valois fuera enviada por Carlos II, a realizar tan largo viaje a Francia a finales de 1365. Acompañada de su cuñada Inés, según narra el cronista Garci López de Roncesvalles, y con la tarea de mediar ante su hermano Carlos V «por abrir manera de paz». Para entonces su hermano Carlos ya había sido coronado como rey, mientras que Juana, en estado de gestación (el infante Pedro, tercero de los hijos), comenzó los preparativos a principios de noviembre y salió de Pamplona el día 22 de noviembre para llegar a Évreux un mes después, el 23 de diciembre. Realizó una breve estancia aquí (23-31 de diciembre de 1365) y se rodeó de las damas de Sacquenville y Peray, del consejo y de los burgueses del condado de Évreux para pasar la Navidad. Aquí se reencontró con el infante Carlos y tres meses más tarde daría a luz a Pedro.