Tal Día como Hoy

Juana I de Navarra

Reina de Navarra y condesa de Champaña

Anúncio

Juana I de Navarra (Bar-sur-Seine, 14 de enero de 1273-Vincennes, 4 de abril de 1305​) fue reina de Navarra y condesa de Champaña y de Brie entre 1274 y 1305. Fue, además, reina consorte de Francia entre 1285 y 1305, debido a su boda con el entonces futuro Felipe IV "el Hermoso" de Francia. Hija de Enrique I de Navarra y de Blanca de Artois, fue la última reina de la casa de Champaña. Durante su reinado, al principio y ejercido más directamente —al parecer— por su esposo, se sucedieron los desastrosos sucesos de la Guerra de la Navarrería cuyas secuelas marcarán a todo el reino —y especialmente la capital, Pamplona— durante varias décadas después.

Apenas habían pasado unos meses de su nacimiento en Champaña, se iniciaron negociaciones para un matrimonio con un hijo (Enrique de Inglaterra) de Eduardo I de Inglaterra con un encuentro en Bonloc (30 de noviembre de 1273) entre el monarca inglés y el navarro que regresaba definitivamente a Navarra. Con esta unión existía la posibilidad de la creación de un reino navarro-gascón, en ambas vertientes pirenaicas, que chocaba con los intereses de la monarquía francesa. El fallecimiento de Enrique (22 de julio de 1274) y del heredero inglés (14 de noviembre de 1274) truncó esta posibilidad y abrió el interés de otras monaquías próximas.​

Sucedió a su padre Enrique I, con poco más de 18 meses,​ con su madre como regente. Esta situación supuso un aumento de las presiones de castellanos, aragoneses y franceses, por casarse con la heredera e incorporar así el reino a sus dominios. Blanca de Artois, la madre de Juana, francesa, era sobrina del fallecido rey Luis IX, hermano de su padre Roberto I de Artois, por lo que pidió ayuda a su primo hermano Felipe III de Francia. El monarca decidió casarla con su hijo Felipe, cuando ella tenía 11 años y él 16, anticipándose a Alfonso X el Sabio, que deseaba casarla con su hijo. De ese modo, Felipe el Hermoso se convirtió en el rey Felipe I de Navarra, conde de Champaña y de Brie. La corona del reino de Navarra queda, desde este momento, unida a la corona del reino de Francia.

Al año siguiente, en 1285, falleció Felipe III y su hijo subió al trono como Felipe IV. Defendía un estado centralizado y omnipotente, y la necesidad de dinero para mantener este tipo de gobierno influyó en la política que se aplicó en Francia y en Navarra:

devaluación de la moneda, bajando su peso de oro y plata;

imposición de fuertes impuestos a los judíos, detentadores del dinero, ya que la Iglesia prohibía a los cristianos dedicarse a la banca;

venta de títulos nobiliarios a los burgueses ricos;

exención de obligaciones a los siervos a cambio de dinero;

imposición de diezmos al clero.

Conflictos con la Iglesia romana

Ante estas medidas, el Papa Bonifacio VIII respondió prohibiéndole al clero proporcionar subsidios a los laicos. El rey prohibió la salida de oro y plata del reino, con la protesta del Papa. Finalmente Bonifacio VIII cedió, pero en 1301 el rey detuvo al obispo de Pamiers, y Bonifacio VIII reaccionó acusando al rey de violar las prerrogativas de la iglesia y se disponía a excomulgarlo, cuando fue detenido por los hombres de este. El Papa murió al mes de este suceso, después de ser liberado por la población de la ciudad.

Sus sucesores, Benedicto XI y sobre todo Clemente V, elegido por intervención de Felipe, hicieron marcha atrás: Clemente V nombró cardenales franceses, derogó todas las decisiones de Bonifacio VIII contra Felipe IV y se instaló en Aviñón. El estado francés había vencido a Roma.

Por último, como los Templarios, debido a su prestigio, habían ejercido como banqueros, decidió hacerse con sus riquezas, lo que logró acusando a la Orden hasta conseguir su disolución. Los jefes, incluido el Gran Maestre Jacques de Molay, fueron detenidos en 1307 acusados de herejía. En 1309, un primer grupo de templarios fue a la hoguera. En 1312, la Santa Sede suprimió la orden, pero en 1314 Felipe mandó quemar a los dignatarios del Temple como relapsos. Así pudo apoderarse de los bienes mobiliarios de la orden; los inmobiliarios fueron otorgados a los hospitalarios.

En Navarra, el régimen francés acentúa el anti-judaísmo, los reyes Felipe y Juana limitan la acción de los hebreos al establecer que en sus préstamos sólo recibirían lo prestado, sin ningún tipo de interés.

Otorgó a la orden de Grandmont la iglesia de Corella con todas sus rentas, valoradas en 125 libras anuales, a cambio de los bienes del monasterio de Tudela, que revirtieron a la corona, salvo el solar en que estaba edificado, el huerto, el acueducto y el aprovechamiento del monte de las Bardenas.

Sin embargo, no pudo derogar el Fuero General de Navarra, puesto por escrito en 1250 por la nobleza para evitar los abusos reales.

Al fallecer Juana el 4 de abril de 1305, los naturales del reino navarro acordaron en mayo de ese año guardar el trono para su hijo Luis: «las buenas villas de Navarra renovaron inmediatamente la habitual unidat e jura para defender al reino si alguno más poderoso viniese a hacer daño en él,​ y para ayudarse a demandar y mantener sus fueros, privilegios y franquezas».​ Tan sólo otro mes después las Cortes de Navarra se dirigen al heredero y primogénito de Juana y Felipe para que acuda a Navarra donde será recibido como rey y señor.​​

Estas reiteradas llamadas se van sucediendo durante el año 1306 e, incluso, elevando su tono alarmante y apremiante, mostrando especialmente la nobleza una mayor impaciencia que llevará a que en la corte parisina se reciban informes preocupantes (aunque se desconozca el fundamento) de que uno de sus miembros, Fortuño Almoravid, «aspiraba a coronarse como rey de Navarra».​

Anúncio

Próximamente en la app World in Stories

Audio, descarga offline, sin anuncios y mucho más.

Conocer Premium
Juana I de Navarra | World in Stories