Juana Catalina Romero (Tehuantepec, Oaxaca, 27 de noviembre de 1837 - Ciudad de México, 19 de octubre de 1915) fue una empresaria, política y diplomática mexicana que apoyó con sus recursos al ejército durante la intervención francesa y propició la instauración de escuelas públicas en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, mucho antes que la cruzada educativa nacional Vasconcelista.
Como empresaria fue propietaria de una industria azucarera, la JCR, con la que recibió el reconocimiento internacional; primero en la Louisiana Purchase Exposition de 1904 con una medalla de plata por la calidad de su azúcar; y más tarde con la medalla de oro en el marco de la Great Exhibition of the Works of Industry of all Nations en 1908, al igual también recibió reconocimientos por parte de la United Fruit Company, siendo la primera mujer mexicana en recibir reconocimiento internacional por su propia industria.
Dentro del orden político tuvo una actividad inédita para la época. Su cercanía muy temprana y apoyo económico durante la intervención francesa al comandante de Tehuantepec Porfirio Díaz, quien años después sería el presidente de la República Mexicana, la colocaría en un lugar privilegiado durante el Porfiriato. En 1907 Juana C. Romero fue un personaje central dentro de la inauguración del ferrocarril transístmico: acontecimiento geopolítico-económico de gran relevancia para el país.
En su labor diplomática tuvo dos encuentros con el Papa León XIII, los mismos que le llevarían a implementar la encíclica Rerum Novarum en su proyecto de instauración de escuelas públicas que ella misma financió para el desarrollo educativo de Tehuantepec, Oaxaca.
Falleció el 19 de octubre de 1915, 3 meses después de Porfirio Díaz.
En la telenovela histórica El vuelo del águila fue interpretada por la actriz Salma Hayek.
En su mocedad, jugadora de billar, vendedora de cigarros a los soldados, mujer libre, pasional e industriosa, se hizo respetar por su altivez bravía y el dominio de las armas de fuego con largo alcance
A esta legendaria mujer tehuana, Juana Cata, se le atribuyó una relación con el presidente, el general Porfirio Díaz Mori. También conocida de promotora y dirigente de su entorno.
La gente dice que ella, al frente de los festejos, fijó las reglas del vestido tradicional, el tocado y las joyas que deberían siempre usarse. Un collar de monedas de oro con aretes peculiares, listones y trenzas entretejidas formando un semicírculo sobre la cabeza. Las joyas se compran o se rentan para las fiestas en un puesto especial del mercado, entre las sandalias y las canastas.
La indumentaria, de influencia europea, fue una aportación de la benefactora de Tehuantepec, Juana Cata, a la cultura local, según comenta el cronista Daniel Chicati, quien recuerda que esta mujer, empresaria, comerciante y promotora de la educación, traía de sus viajes anuales a Europa las muselinas, telas aterciopeladas e hilos de seda con que las mujeres empezaron a confeccionar sus vestidos. A ella se atribuye también la gran ornamentación en los peinados que llevan un elegante rodete a manera de trenza y un tocado con flores, canutillo e hilos dorados.
La tradicional camisa de manta de los tehuanos fue sustituida por la guayabera, mientras que el sombrero de palma se cambió por uno de cuero conocido popularmente como “panza de burro”, que también fue incorporado por influencia de Juana C. Romero, que legó a su pueblo el estilo de vestir que ahora caracteriza al Istmo de Tehuantepec.
Muerta hace casi un siglo, doña Juana Cata está presente en todas las fiestas a través de la severa observancia de sus reglas.
De generación en generación se transmite que cuando Porfirio Díaz, hombre gallardo de 1.80 de estatura, radicaba por el istmo en calidad de soldado federal con cierto rango, en uno de sus escapes del enemigo, fue Juana Catalina, la mujer que lo ayudó y escondió. De aquella bella mujer quedó grabado el recuerdo en Don Porfirio hasta su llegada a la silla presidencial, y, como todo buen caballero, respondió a aquella ayuda.
La fama de Juana Catalina provino no sólo de su relación con Díaz Mori, sino a causa de su belleza física, celebrada por quienes la conocieron, entre ellos el viajero francés Charles Etienne Brasseur.
Investigaciones de la escritora María de los Ángeles Cajigas, autora de la novela histórica de 1994 La Didjaza (en lengua indígena, la zapoteca) y del historiador Enrique Krauze (Porfirio Díaz, místico de la autoridad, Clío, México 1993) precisan algunos datos personales:
Se sabe que doña Juana Catalina Romero, hija de madre llamada María Clara, y de un hombre que descendía de la familia del militar español Juan Andrés Romero.
A la edad de 19 años, conoció a los dos hombres de su vida: el comandante liberal Porfirio Díaz Mori y el cabo Remigio Toledo, militar tehuano de San Blas, quien años más tarde se pasó a las filas del conservadurismo y del imperialismo francés.
La escritora María de los Ángeles Cajigas la describe, en la etapa de su juventud primera, como una muchacha muy hermosa, bronceada, vestida con clase , vendiendo cigarros a los soldados en el convento-cuartel de Santo Domingo.