Tal Día como Hoy

Juan de Palafox

Decimoctavo virrey del Virreinato de Nueva España

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Juan de Palafox y Mendoza (Fitero, 24 de junio de 1600-El Burgo de Osma, 1 de octubre de 1659),​ obispo español, ejerció su obispado de Tlaxcala (Nueva España) con sede en Puebla de los Ángeles y más tarde en Osma. Desempeñó asimismo el cargo de consejero del Consejo Real de Indias entre 1633 y 1653, virrey y Capitán General de Nueva España.

Fue beatificado en El Burgo de Osma el 5 de junio de 2011, por el cardenal Angelo Amato.

Como cuenta José María Blanco White, Juan de Palafox:

Era hijo ilegítimo de don Jaime de Palafox y Mendoza (marqués de Ariza) y de una mujer de ilustre familia que, para ocultar su estado, se retiró al balneario de Fitero, en Navarra, y al dar a luz el 24 de junio de 1600, para evitar el escándalo, tomó la depravada resolución de ahogar al niño en el cercano río. Pero la mujer encargada del infanticidio fue descubierta y el niño se salvó y fue criado por un viejo servidor de la casa de Ariza hasta que su padre, al volver de Roma, lo ayudó y lo envió a las Universidades de Alcalá y Salamanca. Su madre se hizo monja en la Orden de las Carmelitas Descalzas.​

Así pues, nació en Fitero (Navarra) y fue educado y mantenido por una familia humilde durante seis años, aunque finalmente fue reconocido por su padre y pudo estudiar en Alcalá de Henares y en Salamanca. En 1626 fue presentado al Conde-duque de Olivares y fue designado diputado de nobleza en las cortes de Monzón. Poco después, obtuvo el cargo de fiscal de los Consejos de Guerra e Indias. Don Jaime de Palafox y Cardona fue sobrino suyo.

Tan fuerte impresión le causaron la enfermedad de una tía paterna suya, el entierro de dos hombres ilustres y la devoción de su madre que decidió ordenarse sacerdote y lo eligieron capellán de la reina de Hungría, María Ana de Austria, hermana de Felipe IV, a quien acompañó en varios viajes por Europa (Italia, Alemania, Flandes y Francia).

En 1639 fue escogido en Madrid por el Rey como Obispo de Tlaxcala (cuya sede era la ciudad de Angelópolis o Puebla de los Ángeles), siendo confirmado por el papa Urbano VIII el 27 de octubre de ese mismo año. Se distinguió por sus esfuerzos en la protección de la población indígena, prohibiendo emplear cualquier método de conversión que no fuera el de la persuasión, y por sus roces y enfrentamientos con los privilegios de los jesuitas, que al cabo obligaron al rey a llamarlo a España y nombrarlo obispo de Osma.​

Fue nombrado también visitador general. Más tarde, en 1640, cuando estalla la Guerra de Restauración portuguesa, aprovecha la relación familiar entre el Virrey Diego López Pacheco y Portugal, duque de Escalona y marqués de Villena, y el autoproclamado rey de Portugal, Juan IV, para poner en duda la fidelidad del Virrey a su Rey en Madrid. Tras meses de deliberación en Madrid, Palafox recibió en Puebla reales cédulas secretas que le daban el poder de deponer al duque de Escalona, y ocupar provisionalmente los cargos de Arzobispo de México y Virrey de la Nueva España. En secreto, entró en la Ciudad de México y se puso en contacto con miembros de confianza de la Audiencia y el Ayuntamiento, la noche del 9 de julio de 1642 mandó arrestar al duque de Escalona, quien se refugió en el Convento de Churubusco.​ Hecho lo anterior, confiscó y remató sus bienes y lo remitió a España.

Palafox, virrey de Nueva España

Durante este período, Juan de Palafox ocupó temporalmente el cargo de virrey de Nueva España, en funciones desde el 10 de junio al 23 de noviembre de 1642. En este breve periodo, apoyó el acceso de los criollos a los cargos públicos, propuso reducir impuestos para fomentar la economía y defendió el comercio entre colonias, hasta entonces muy restringido; expulsó a los portugueses (sospechosos de deslealtad debido a la rebelión de independencia de Portugal) de las minas y las costas; levantó 12 milicias para la defensa, pues temía que pudieran propagarse las revoluciones de Portugal y la de Cataluña; realizó un masivo auto de fe, con la ejecución de 150 herejes y criptojudíos, 50 de los cuales eran mercaderes portugueses.​ Asimismo formó las ordenanzas para la Universidad, la Audiencia y los abogados.

Como obispo de Puebla fundó el convento de religiosas dominicas de Santa Inés; redactó constituciones para el seminario de San Juan y erigió los colegios de San Pedro (para gramática, retórica y canto llano) y el de San Pablo (para grados académicos) al que dotó de una excelente biblioteca, hoy llamada Palafoxiana. Creó el colegio de niñas dedicado a la Purísima Concepción y dedicó sus mejores esfuerzos a terminar la Catedral, que consagró el 18 de abril de 1649.

Vacante la sede metropolitana por la muerte de Feliciano de Vega y Padilla (1641) mientras viajaba desde Acapulco, el cabildo eclesiástico lo eligió arzobispo de México el 12 de noviembre de 1643.

Su defensa de la jurisdicción episcopal es un capítulo que sólo puede entenderse teniendo presente la responsabilidad del Obispo como ejecutor de las disposiciones del Concilio de Trento. El gesto de la designación de conservadores (mayo de 1647), que llegaron a declarar Sede vacante con el Obispo presente en el territorio, haciendo caso omiso de tres provisores designados legítimamente para suplirle en caso de ausencia, revestía una gravedad tal, que, según diagnosticaba Palafox, amenazaba la estructura misma de la Iglesia.

Sobre el tema escribió Palafox mucho y muy claro, obligado a contrarrestar la propaganda de sus adversarios. Sin embargo, en la historiografía eclesiástica, su versión ha tenido menos eco que la contraria.

A causa de no ser aceptado por los regulares a sujetarse a visita y examen, conforme lo disponían varias cédulas reales, Palafox nombró 36 curas regulares y erigió otras tantas parroquias.

Debido a su papel en el contencioso mencionado, encontró la hostilidad de los jesuitas (1645), lo que motivó su gran animadversión hacia ellos. En dos ocasiones (1647 y 1649) manifestó mediante quejas formales ante el papado de Roma sus desavenencias. Inocencio X, sin embargo, rechazó estimar sus censuras, y todo lo que pudo obtener fue un informe de 14 de mayo de 1648 que instaba a los jesuitas a respetar la jurisdicción episcopal. Palafox también tomó una postura antijesuita en la disputa de los ritos chinos, argumentando la tolerancia de los jesuitas hacia los chinos quienes, después de su conversión al catolicismo, aún practicaban los rituales tradicionales de adoración de sus ancestros como equivalentes a herejías. El académico costarricense Ricardo Martínez Esquivel ha argumentado que, aunque Palafox efectivamente tenía jurisdicción como obispo en algunas misiones asiáticas, su posición en esta controversia estaba más bien motivada por su generalizada actitud antijesuita.​ En 1653 los jesuitas consiguieron por fin su traslado a España. En Puebla, fue sustituido por el obispo Nicolás Guzmán Briceño por 1647, descendiente de conquistador Francisco de Orduña por una parte, y por otra de Francisco Briceño López, gobernador de Guatemala y Presidente de la Real Audiencia de Nueva Granada.

El virreinato de Nueva España y el fondo palafoxiano de la Real Biblioteca

Con relación a su labor de gobierno en Nueva España, como hombre de la Monarquía hispánica en un momento de máxima tensión de la misma -los años cuarenta del siglo XVII-, cuando la crisis constitucional en los reinos que la componían no sólo afectaba a Portugal o Cataluña sino también, en otro nivel, a los virreinatos de Indias, cabe destacarse la significación de la colección documental de la Real Biblioteca.​ Contempla diversas facetas de su gobierno virreinal con amplitud pero, sobre todo, el enfrentamiento con el clero regular y, en menor medida, cuestiones como las obras de la catedral de Puebla. Son en total veintitrés los volúmenes manuscritos que vinieron del Archivo de Simancas con motivo del proceso de beatificación del prelado que la propia Corona quería impulsar, y tras una recatalogación, en la que participó la Universidad de Alicante, se presentó dicho fondo en la Real Biblioteca en el año 2001, en un seminario científico sobre el aragonés.

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