Tal Día como Hoy

Juan Rodríguez Lozano

Militar español

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Juan Rodríguez Lozano (Alange, Badajoz; 28 de julio de 1893 - campo de tiro de Puente Castro, en las afueras de León, 18 de agosto de 1936) fue un militar español, que llegó al grado de capitán y fue fusilado en 1936 por los sublevados en la Guerra Civil. Alcanzó cierta notoriedad cuando su nieto, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España entre 2004 y 2011, declaró en numerosas ocasiones que fue la memoria de su abuelo ejecutado durante la Guerra Civil la que motivó sus convicciones políticas.

Juan Rodríguez Lozano nació en la localidad pacense de Alange. Pertenecía a una familia de labradores propietarios, lo que hacía de ellos parte de una clase «acomodada».​ Era hijo de un teniente de Infantería, Sebastián Rodríguez Gil, y de Marcelina Lozano García.​ Siendo niño quedó huérfano de padre, al morir este durante la guerra de Cuba, por lo que se fue a vivir con su madre​​ y sus tíos a la localidad leonesa de Pola de Gordón, situada a 33 km al norte de la capital, en la carretera que unía León con Asturias a través del puerto de Pajares. Allí conocería a la que posteriormente sería su esposa, Josefina García García. En agosto de 1913, con apenas 20 años, y gracias a los beneficios concedidos a los huérfanos de militares muertos en campaña, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo.​​

Salió de la academia en junio de 1916 con el rango de segundo teniente,​ y fue destinado al Regimiento de Infantería Burgos n.º 36, con guarnición en León. En 1917 intervino como abogado de oficio en varios consejos de guerra incoados en la cuenca minera leonesa como consecuencia de la huelga general de 1917 (según el propio Rodríguez Lozano, fue en esta época cuando comenzaron sus simpatías hacia el socialismo).​

Guerra del Rif y carrera en la península

En junio de 1918 fue ascendido a primer teniente​ y destinado al Regimiento de Infantería Serrallo n.º 69, con guarnición en Ceuta,​ por lo que participó en la guerra del Rif. Permaneció en el protectorado de Marruecos hasta 1923. Como reconocimiento a sus servicios obtuvo, en diciembre de 1924, la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo «por méritos contraídos y servicios en la zona de nuestro protectorado en África».​​ En julio de 1919 se casó con Josefina.​

En junio de 1923 fue ascendido a capitán​ y regresó a la península. Tuvo destino primero en Lérida, donde nació su hija Josefina, y desde 1925 en León, de nuevo en el regimiento Burgos n.º 36, en el que permanecería hasta su muerte.​

Desde 1922 fue profesor de las clases de tropa, primero en las escuelas de cabos y, desde 1925, en las de sargentos y suboficiales. Ese año le fue concedida la medalla del Homenaje otorgada por el rey Alfonso XIII (concedida a todo aquel que la solicitase con el objeto de sumarse al reconocimiento de los ayuntamientos españoles a los monarcas).​ En 1928 solicitó también la Medalla de la Paz de Marruecos (tenían derecho a ella todos los militares que hubieran «tomado parte en operaciones realizadas en Marruecos» entre 1909 y 1927).​ Ya en León nació su hijo Juan (quien posteriormente sería el padre de José Luis Rodríguez Zapatero).​

En la misma época su superior, el coronel Enrique Álvarez, consignó en 1927 en su hoja de servicios la siguiente apreciación: «este oficial es un dechado de pundonor, tiene a su favor el concepto de los jefes y de todos sus compañeros. Su modestia corre pareja con su talento y discreción. Pueden confiársele todas las comisiones y trabajos, que desempeñará a satisfacción», lo que probaría la alta valoración que se tenía de él dentro del ejército.​

Tras el advenimiento de la República, el capitán Rodríguez Lozano juró lealtad al nuevo régimen sin acogerse al retiro voluntario previsto por la Ley Azaña del 25 de abril de 1931.​

Se sabe que se inició en la masonería en agosto de 1933, como aprendiz en la logia Emilio Menéndez Pallarés número 15 de León, tomando el nombre simbólico de «Rousseau».​​​ En diciembre de 1935 fue exaltado al segundo grado masónico, el de compañero, sin que haya constancia de que fuera nunca exaltado al tercero, el de maestro.​ La Emilio Menéndez Pallares n.º 15 era la única logia masónica de León —el número documentado de hermanos masones durante el período de la Segunda República en León fue de quince, cifra que incluye a quienes habían abandonado la masonería en diciembre de 1931—,​ y fue elevada a la categoría de logia perfecta el 2 de septiembre del año anterior (hasta entonces era el Triángulo Libertad n.º 3),​ formando sus integrantes un grupo pequeño (once componentes) y modesto —dos oficiales de correos, dos pequeños industriales, un dependiente de comercio, un encargado de biblioteca, un maestro nacional, un contable, un empleado y un abogado, además del capitán Rodríguez Lozano—.​​ Sin embargo, Rodríguez Lozano no aparece en la exhaustiva obra de Manuel de Paz Sánchez Militares masones en España,​ lo que especialistas en masonería achacan a la escasa relevancia de la militancia masónica del capitán.​​

En esta época se encontraba también vinculado al diario leonés La Mañana, un periódico fundado en 1928 por su cuñado, Isidoro García,​ un indiano que había invertido en la prensa parte de su fortuna. En este periódico trabajaba como linotipista el poeta Victoriano Crémer, el cual narró en su libro autobiográfico Ante el espejo. León 1920-1940 (1978) cómo Rodríguez Lozano hacía las veces, desde la fundación del diario, de «asesor social, y se supone que también jurídico» de la empresa periodística. De acuerdo con Crémer, «ofrecía la impresión, así que se le trataba, de una enorme humanidad, henchida de buena voluntad y dotada de una cultura poco común en militares de todas las épocas, más entregados al cultivo de las armas que de las letras».​ Rodríguez Lozano fue amigo de Crémer y le ofreció consejo sobre su trabajo literario («Don Juan era hombre ponderado, generoso y fundamentalmente bueno y honorable, y me llamó a capítulo para estimularme en mis ensayos literarios, a los que tuvo acceso, y puedo decirlo sin mengua de recelo, que estoy dispuesto a proclamar que si conseguí algún adelanto en mis pretensiones literarias se lo debo a la influencia del capitán Lozano, el cual, no solamente me tuteló sino que me aconsejó con seriedad y espíritu cuasi paternal»).​ En agosto de 1933, Crémer publicó un poema titulado Vía Crucis (romance proletario) sobre los sucesos de Casas Viejas en La Tierra, el diario filoanarquista de Madrid. Aunque con él obtendría un premio literario patrocinado por el periódico, la justicia militar decidió abrir una causa contra él. Crémer acudió a Rodríguez Lozano, el cual le defendió en el juicio militar y logró la nulidad de los cargos contra el poeta.​​

Aunque como militar en activo no podía desarrollar actividades políticas, mostró sus simpatías por el socialismo. Consta, porque así lo afirmaron posteriormente sus superiores, que Rodríguez Lozano leía abiertamente en su acuartelamiento El Socialista, el órgano oficial del PSOE, hasta que se prohibió la entrada de prensa en los cuarteles.​ En febrero de 1934 le remitió a Julián Zugazagoitia, director de El Socialista, una carta confidencial en la que exponía sus afinidades políticas:​

En la carta, Rodríguez Lozano también se ofrecía a escribir sobre temas militares para el periódico, bajo pseudónimo o sin firma. Zugazagoitia respondió a Rodríguez Lozano con «grato acogimiento»,​ sin que conste si Rodríguez Lozano llegó a publicar algún artículo en la publicación.​

El capitán Rodríguez Lozano se encargó también, por orden de sus superiores, de desarrollar labores de contrainteligencia dentro de los acuartelamientos leoneses al frente de un «servicio técnico». Su objetivo era prevenir acciones revolucionarias dentro del ejército, para lo que vigilaron a sospechosos de promover «cualquier explosión putchista».​

La revolución de Asturias de octubre de 1934

Sus simpatías socialistas no le impidieron participar en las operaciones para sofocar la insurrección de los mineros asturianos en octubre de 1934, en lo que se conoce como Revolución de Asturias. Previamente, Rodríguez Lozano participó con su regimiento en las maniobras que se realizaron en las montañas de León a finales de septiembre, bajo la dirección del general Eduardo López Ochoa. El día 3 de octubre las tropas del regimiento del capitán regresaron a su acuartelamiento en León.​ La madrugada del 5 de octubre se produjo un levantamiento contra el gobierno de la Segunda República, al que, bajo presidencia radical, se acababan de incorporar tres ministros de la CEDA. Esta insurrección había sido impulsada por el PSOE y la UGT en toda España. Sin embargo, el movimiento insurreccional solo tuvo éxito en Asturias, donde agrupó a todas las fuerzas obreras: socialistas, anarcosindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo y comunistas (Partido Comunista de España, Bloque Obrero y Campesino e Izquierda Comunista).

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