Juan María Bordaberry Arocena (Montevideo, 17 de junio de 1928-Montevideo, 17 de julio de 2011) fue un político y ganadero uruguayo. Fue presidente constitucional entre 1972 y 1973 y dictador durante la dictadura cívico-militar entre 1973 y 1976.
Desde el mes de noviembre del 2006 se encontraba cumpliendo una pena de penitenciaría, tras ser sometido a procesos por diversos delitos de lesa humanidad, como desaparición forzada de personas bajo su período de gobierno dictatorial, crímenes de homicidio político y atentado contra la Constitución en reiteración real. En un principio cumplió su detención en dependencias carcelarias uruguayas, pero desde enero del 2007, a causa de su estado de salud, permanecería bajo arresto domiciliario hasta fallecer.
Juan María Bordaberry Arocena nació el 17 de junio del año 1928 en Montevideo, Uruguay, en el seno de una familia acomodada de origen vasco-francés y con trasfondo colorado y riverista.
Hijo del estanciero y político colorado Domingo Bordaberry Elizondo y de Elisa Arocena Folle, está emparentado con varias figuras de la política uruguaya, como por ejemplo sus tías abuelas maternas Matilde y Amalia de Arocena Artagaveytía, quienes fueron madre del periodista Eduardo Rodríguez Larreta y abuela paterna del político blanco Alberto Zumarán, respectivamente. Su abuelo materno Alejo fue doble primo y a su vez tío segundo de Elisa Nicanora Artagaveytía Arocena, abuela paterna del exsenador blanco Francisco Gallinal. Su hermano, Luis Ignacio, era casado con Gloria Fontana Etchepare, tía del legislador blanco Luis Alberto Heber. Además fue sobrino bisnieto del magnate Ramón Fermín Artagaveytia Gómez, uno de los tres uruguayos que perdieron la vida tras el hundimiento del RMS Titanic en 1912.
Educado en el colegio de los Padres Jesuitas, se transformó en un católico integrista y crítico del Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII. Dedicado desde joven a las actividades agropecuarias, sus primeras actividades políticas las realizó en el seno de la Liga Federal de Acción Ruralista liderada por Benito Nardone.
Fue presidente de la Junta Cárnica Nacional (1959), miembro honorario del Comité del Plan de Desarrollo Agrícola (1960), miembro del Consejo Lanero Nacional (1960-1962) y presidente de la Comisión contra Enfermedades Bucopédicas (1962).
Fue elegido senador por el Partido Nacional en las elecciones generales de 1962 por la alianza nacionalista-ruralista, ocupando ese cargo entre 1963 y 1965. En 1964 aglutinó a sus seguidores en la Liga Federal de Acción Ruralista, integrándose en 1969 al Partido Colorado. Fue ministro de ganadería y agricultura entre 1969 y 1972 durante el gobierno de Jorge Pacheco Areco.
En las elecciones de 1971, la Unión Nacional Reeleccionista, sector pachequista del Partido Colorado, lo postuló a la Presidencia de la República, en fórmula completada por Jorge Sapelli, para el caso de que la reforma constitucional propuesta por dicho grupo para habilitar la reelección del presidente Jorge Pacheco Areco no obtuviera los votos necesarios para su aprobación. Como esto fue lo que aconteció, Bordaberry fue elegido presidente de la República. En su momento hubo quienes afirmaron que habría habido irregularidades en dicha elección. En particular, que habría habido más votos que votantes habilitados en algunos circuitos y que estas irregularidades habrían favorecido a Bordaberry, en desmedro de Wilson Ferreira Aldunate, candidato del Partido Nacional.
De esa forma Juan María Bordaberry asumió como presidente en un momento de especial intensidad de las actividades, tanto de la guerrilla representada por el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, como de grupos de extrema derecha como el Escuadrón de la muerte y la Juventud Uruguaya de Pie (JUP), todo ello en medio de una crisis económica (la inflación no tardaría en dispararse) y con múltiples medidas prontas de seguridad vigentes, lo cual daba cuenta de lo desvirtuadas que estaban la institucionalidad y la legalidad.
Hizo frente a la situación aliándose con los sectores más conservadores militares y civiles, que ocuparon los puestos más relevantes del gobierno. Durante los primeros meses, se descubrió la "Cárcel del Pueblo" donde la guerrilla tupamara había mantenido a varios secuestrados; ese fue el principio del fin de la guerrilla. Una vez desarticulada la guerrilla se produjo una creciente influencia militar, que culminó con el cuestionamiento de la autoridad de Bordaberry en febrero de 1973, al no aceptar el Ejército y la Fuerza Aérea el nombramiento como Ministro de Defensa del general Antonio Francese. Ante la indiferencia ciudadana a su llamado de "defender las instituciones" y el abandono de su defensa por parte de la Armada, Bordaberry terminó cediendo y pactando con las Fuerzas Armadas el 12 de febrero en el llamado Acuerdo de Boiso Lanza, en lo que, para algunos, fue el prólogo del quiebre institucional que vendría.
Golpe de Estado del 27 de junio de 1973
Bordaberry presidió el golpe de Estado del 27 de junio de 1973. Disolvió el Parlamento —al que sustituyó por un Consejo de Estado designado por el poder ejecutivo—, las organizaciones sociales, los partidos políticos y suprimió las libertades civiles. Los militares comenzaron entonces a ocupar cargos de responsabilidad en el gobierno en lo que se denominó el "proceso cívico militar".
En 1975, propuso a los militares imponer un nuevo sistema constitucional de inspiración fascista y franquista, eliminando definitivamente a todos los partidos políticos para entonces ilegalizados y suprimiendo las instituciones liberales. En 1976 Bordaberry presentó dos nuevos memorandos políticos a la Junta de Oficiales de las Fuerzas Armadas. Esta consideró que la propuesta de eliminar los partidos políticos era muy arriesgada por lo que, el 12 de junio, decidió destituir a Bordaberry y designar a Alberto Demicheli para reemplazarlo, quien entonces ocupaba la presidencia del Consejo de Estado.
El 16 de junio las Fuerzas Armadas dieron a conocer sus discrepancias con Bordaberry mediante un comunicado:
En el año 1976 debían de haber correspondido elecciones generales para elegir un nuevo mandato constitucional, esto colocó al régimen militar en una encrucijada: o se avanzaba hacia una "apertura" o se decidía el establecimiento de un régimen nuevo distinto al de la Constitución de 1967. En esta indefinición en el régimen, tanto en el aspecto político como en el económico, ya que no había visto fructificar la política económica que estaba tratando de impulsar.
Dada por descartada una apertura del régimen, Bordaberry envía el 1 de junio de ese año un comunicado a la Junta de Oficiales Generales de las Fuerzas Armadas. El comunicado refería a su permanencia en el cargo de presidente si se aceptaban las siguientes propuestas:
a) En lo sucesivo, la presencia de los militares en la conducción de la República debe ser permanente e institucionalizada por una reforma constitucional. Las FF.AA. sustituirán a los partidos políticos.
b) La soberanía nacional será ejercida por plebiscitos o indirectamente por el Consejo Nacional de la Nación, integrado por el presidente de la República y los comandantes en jefe.