Tal Día como Hoy

Juan Manuel de Rosas

Gobernador de Buenos Aires de 1829 a 1832 y de 1835 a 1852

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Juan Manuel de Rosas, nacido como Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio (Buenos Aires, 30 de marzo de 1793-Southampton, 14 de marzo de 1877), fue un estanciero, militar y político argentino que, en el año 1829, tras derrotar al general Juan Lavalle en la batalla de Puente de Márquez, asumió el cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires y, entre 1835 y 1852, llegó a ser el principal caudillo de la Confederación Argentina. Su influencia sobre la historia argentina fue tan grande que el período marcado por su dominio de la política nacional es conocido como la época de Rosas.

Origen familiar y primeros años

Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio nació el 30 de marzo de 1793 en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata. Su nacimiento se produjo en el solar propiedad de su madre, Agustina López de Osornio, que había habitado su abuelo materno Clemente López de Osornio, situado en la calle que en ese entonces se denominaba Santa Lucía, actual calle Sarmiento, entre las calles Florida y San Martín, en la ciudad de Buenos Aires.

Era hijo del militar León Ortiz de Rozas (Buenos Aires, 1760-1839), nieto de Domingo Ortiz de Rozas y Rodillo (Sevilla, 9 de agosto de 1721 - Buenos Aires, 1785) y bisnieto de Bartolomé Ortiz de Rozas y García de Villasuso (n. Rozas del valle de Soba, España, 4 de septiembre de 1689); por lo tanto, pertenecía al linaje de los Ortiz de Rozas, que tienen su origen en el pueblo de Rozas del valle de Soba, en La Montaña de Castilla la Vieja –actual Cantabria– perteneciente a la Corona de España. Juan Manuel era, además, sobrino bisnieto de Domingo Ortiz de Rozas, gobernador de Buenos Aires de 1742 a 1745 y capitán general de Chile desde 1746 hasta 1755, cuya gestión de gobierno fue premiada con el título de conde de Poblaciones.​

Ingresó a los ocho años de edad en el colegio privado que dirigía Francisco Javier Argerich. Desde esta primera etapa escolar mostró su espíritu travieso y destacó como el alumno más aventajado de su curso. Al año de entrar, ya se había hecho célebre entre sus compañeros, camaradas con los cuales no dejaba de compartir los regalos que su padre le brindaba, desde dinero hasta sus mejores ropas.​ A su vez, desde su juventud se disciplinó en las tareas del campo, demostrando vocación por las actividades rurales; a pesar de esto, Juan Manuel interrumpió sus estudios para participar, contando trece años de edad, en la Reconquista de Buenos Aires en 1806 y posteriormente se enroló en la compañía de niños del Regimiento de Migueletes y combatió en la Defensa de Buenos Aires en 1807, ambos hechos durante las invasiones inglesas, donde fue distinguido por su valor.​ Según el historiador Adolfo Saldías,​

Este bautismo de guerra logró aumentar el prestigio del joven hacendado.​

Formación de su carácter y de su fortuna

Más tarde se retiró al campo de su madre, una gran estancia de la pampa bonaerense. En el "Rincón de López" daba rienda suelta a su temperamento indómito y a sus fugas montaraces como jinete consumado, para recorrer largas extensiones de campo. Fue allí donde todos sus subordinados empezaron a tomar una singular simpatía a Rosas, que se revelaba franco y jovial.​ Al producirse los sucesos que culminaron con la Revolución de Mayo de 1810, Rosas contaba 17 años y se mantuvo al margen de ellos, de la evolución política posterior, y de la guerra de independencia de la Argentina.

Ya cercano a los 18 años, en uno de sus viajes a Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas conoció a Encarnación Ezcurra y Arguibel, mujer de los mismos gustos e idéntica ubicación social.​

En 1813, pese a la oposición materna –que Rosas venció al hacer creer a su madre que la joven estaba embarazada– se casó con Ezcurra, con quien tuvo tres hijos: Juan Bautista, nacido el 30 de julio de 1814, María, nacida el 26 de marzo de 1816 y fallecida al día siguiente, y Manuela, conocida como Manuelita y nacida el 24 de mayo de 1817, quien luego sería su compañera inseparable.

Poco después, debido a un entredicho que tuvo con su madre, devolvió a sus padres los campos que administraba para formar sus propios emprendimientos ganaderos y comerciales. Además se cambió el apellido «Ortiz de Rozas» por «Rosas», cortando simbólicamente la dependencia de su familia. Comenzó a llevar a cabo sus propias actividades económicas, sin admitir el capital que le ofreció su padre, y, gracias a sus contactos, su experiencia y su educación, no le fue dificultoso obtener clientes valiosos. Entre sus clientes más importantes se contaron los ingleses radicados en Buenos Aires.​

Fue administrador de los campos de sus primos Nicolás y Tomás Manuel de Anchorena; este último ocuparía cargos importantes dentro de su gobierno, ya que Rosas siempre le tuvo un especial respeto y admiración. En sociedad con Luis Dorrego –hermano del coronel Manuel Dorrego– y con Juan Nepomuceno Terrero fundó un saladero; era el negocio del momento: la carne salada y los cueros eran casi la única exportación de la joven nación. Acumuló una gran fortuna como ganadero y exportador de carne vacuna, distante de los acontecimientos que condujeron al Virreinato del Río de la Plata a la emancipación formal del dominio español en 1816.

Por esos años conoció al doctor Manuel Vicente Maza, quien se convirtió en su patrocinador legal, en especial en una causa que sus propios padres habían entablado contra él. Más tarde fue un excelente consejero político.

En 1818, por presión de los abastecedores de carne de la capital, el director supremo rioplatense Juan Martín de Pueyrredón tomó una serie de medidas en contra de los saladeros. Rápidamente, Rosas cambió de rubro: se dedicó a la producción agropecuaria en sociedad con Dorrego y los Anchorena, que también le encargaron la dirección de su estancia Camarones, al sur del río Salado.

Inicios de su carrera militar y política

Al año siguiente, en 1819, compró la estancia Los Cerrillos, en San Miguel del Monte. Allí organizó una compañía de caballería (aumentada al poco tiempo a regimiento), los Colorados del Monte, para combatir a los indígenas y a los cuatreros de la zona pampeana. Fue nombrado su comandante, y alcanzó el grado de teniente coronel.

Todo este recorrido le permitió obtener capital y tierras propias, logrando un imperio agrícola y ganadero. Esta primera etapa le permitió también a Juan Manuel de Rosas distinguirse por su carisma y llevar a cabo la construcción de vínculo con toda clase de gente: empresarios, políticos, militares, pero también peones e indígenas, que le serían posteriormente funcionales para su vida política.

Por esos años también escribió sus famosas Instrucciones a los mayordomos de estancias, en la que detallaba con precisión las responsabilidades de cada uno de los administradores, capataces y peones. En ese librito demostraba su capacidad para administrar simultáneamente varias explotaciones con métodos muy efectivos, en un anticipo de su futura capacidad para administrar el estado provincial.

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