No confundir con Juan Banderas "El Yaqui".
El general Juan M. Banderas alias El Agachado (Tepuche, Culiacán Sinaloa, 24 de junio de 1872-10 de febrero de 1918, Ciudad de México) fue un militar mexicano que participó en la Revolución mexicana.
Juan Manuel Banderas Araiza nació el 24 de junio de 1872, en Tepuche, pequeño poblado situado a pocos kilómetros al norte de la ciudad de Culiacán, por uno de los tres caminos que salen de la capital de Sinaloa, rumbo a la sierra, que se comparte con los estados de Chihuahua y Durango. Fueron sus padres: Francisco Banderas Valenzuela y María Jesús Araiza Castañeda. Cursó la educación primaria en la escuela del profesor Tito Flores, por lo que muy joven aprendió a leer y escribir. “Su valor personal, la reciedumbre de su carácter y su odio a la injusticia hicieron que su juventud fuera azarosa”. "Banderas fue un hombre corpulento, fuerte, medía 1.90 metros de estatura y su sola presencia imponía respeto. Era valiente y arrojado hasta la temeridad y nunca se dejó que le pisaran un callo. Hombre de campo sincero y fuerte, bondadoso de corazón y firme en sus ideas políticas". Por un defecto físico que le obligaba a caminar encorvado, fue apodado "El Agachado".
Banderas trabajaba en una mina, cuando algo que presenció cambiaría su vida: Un capataz norteamericano que trataba brutalmente a los peones de mina y había asesinado a varios, golpeaba a un minero mexicano, Banderas interviene, enfrenta a puñetazos al agresivo capataz, dominándolo con su fortaleza física y evitando que siga castigando al peón. Humillado y lleno de furia el gringo sacó su pistola y el de Tepuche se vio obligado a matarle.
Eludió la persecución de las autoridades, refugiándose en la ciudad de Durango, donde estuvieron a punto de aprehenderlo, por lo que se fue a trabajar de peón al mineral de San Fernando, enclavado en la sierra duranguense, en los límites con Sinaloa y Chihuahua. Ahí evadió nuevamente a sus perseguidores de una forma espectacular, ya que sin ayuda de nadie se enfrentó a balazos con 25 rurales, logrando escaparse. Banderas huyó a la sierra de Badiraguato, Sinaloa, y se escondió entre los barrancos en un lugar denominado Los Placeres. En la mentalidad de los serranos de esa zona de Sinaloa, Durango y Chihuahua, se formó una admirable imagen de Banderas, de macho, justiciero y valiente, cualidades muy apreciadas en el mundo rural.
Luego que pasaron varios años, en 1905 regresó Banderas a Culiacán, donde un comerciante, minero y funcionario del gobierno, cacique paternalista de una extensa zona de la serranía del Distrito de Culiacán, Fortunato de la Vega arregló con su amigo el gobernador Cañedo, para que ya no se persiguiera a Banderas, y le dio trabajo como guardián en sus fundos mineros. Posteriormente lo recomendó como guardaespaldas y caballerango, a la familia de su hermana Alejandra y de su sobrino Diego Redo de la Vega, yéndose Banderas a vivir a la hacienda de El Dorado, acompañado de su familia. Banderas, agradecido por la protección recibida, mantuvo siempre una relación amistosa, con la familia Redo, más allá de las diferencias políticas. Cuando Diego Redo se convirtió en gobernador del estado, Banderas se incorporó al Cuerpo de Policía Rural de la Federación.
El fraude realizado en las elecciones primarias del 26 de junio de 1910, que permitió a Díaz reelegirse para el periodo 1910-1916, hizo cambiar de opinión al hasta entonces pacifista Madero, convencido de que solo la revolución terminaría con la dictadura, proclama el Plan de San Luis Potosí en octubre de 1910, declarándose Presidente Provisional de la República y convocando a que “el día 20 del mes de noviembre, de las seis de la tarde en adelante”, todos los ciudadanos de la República se levanten las armas.
En el Sinaloa de 1910 solo el 7% de la población vivía en zonas urbanas, constituidas solamente por las cabeceras distritales, y el restante 93% habitaba los espacios rurales. Las ciudades y Villas tenían menores perspectivas revolucionarias, por lo escaso de su población, porque en ellas se concentraban los estratos sociales más reaccionarios, las familias de ricos hacendados, mineros y comerciantes; la clase media y otros grupos sociales comprometidos con el régimen de la dictadura.
En contraste con la pasada campaña electoral maderista, asentada principalmente en el ámbito urbano y semiurbano, sostenida por profesionistas, artesanos, empleados y obreros. Los partidarios más activos de la lucha armada vivían en las zonas rurales, eran mineros-gambusinos, rancheros-vaqueros y campesinos-labradores. Grupos sociales determinados por las contradicciones de la sociedad, para desarrollar el movimiento armado revolucionario. En el campo y la sierra predominaban el descontento social y las simpatías para la revolución, además lo abrupto de la serranía favorecía el desarrollo de actividades guerrilleras. El Plan de San Luis Potosí, fue respaldado en muchas regiones del país. En Sinaloa, en los distritos de El Fuerte, Sinaloa, Mocorito, Culiacán y Mazatlán se preparaban sublevaciones, acatando el plan de Madero.
Amado A. Zazueta, acomodado comerciante, originario de Sataya, pero avecindado en Culiacán, que había sido elegido vocal, del Club Antirreleccionista de Culiacán, recibió del propio Madero, un ejemplar del Plan de San Luis Potosí. Apasionado maderista, Zazueta se decidió a seguir el sendero de la revolución.
Juan M. Banderas se encontraba en la Villa de Sinaloa, donde se desempeñaba como jefe del destacamento de rurales de ese Distrito. A causa de su amistad con Zazueta, Banderas había adquirido conciencia política de la situación nacional. Zazueta lo llamó a Culiacán para que se uniese al movimiento, Banderas no lo dudó y se unió.
El general Juan M. Banderas, se caracterizó por ser el jefe militar más importante en Sinaloa, durante la revolución contra Porfirio Díaz; y el sinaloense más destacado de los que lucharon junto a Villa y Zapata. Luego del triunfo revolucionario en 1911, el movimiento popular que se generó para demandar la sustitución de los poderes legislativo y judicial de Sinaloa y que después también exigió la renuncia del Gobernador Interino Celso Gaxiola Rojo, mostró en las calles de las principales ciudades del estado, la inconformidad de la mayoría de los maderistas sinaloenses, con los Tratados de Ciudad Juárez. El liderazgo de Banderas en la lucha armada de 1911 y su gestión como Presidente de la Junta Militar del Estado, le permitieron obtener el apoyo del pueblo para ocupar el cargo de Gobernador Interino, luego de la renuncia de Celso Gaxiola, pese a la oposición de Francisco I. Madero y del gobierno federal.
Banderas ha sido el único gobernador sinaloense que ha defendido, y con éxito, la soberanía de Sinaloa, resistiendo la intromisión en los asuntos estatales, del gobierno federal, del Presidente Interino Francisco León de la Barra y sus ministros. Tampoco aceptó, de ningún modo, las órdenes injerencistas, impositivas, antidemocráticas, de Madero. Su breve, pero sobresaliente gestión gubernamental, logrando la efectividad del sufragio, garantizando el desarrollo tranquilo y legal de las primeras elecciones, tanto para gobernador, como para Magistrados del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, después de la caída de la dictadura, llevaría a destacados líderes políticos maderistas a ofrecerle la candidatura a gobernador, para el periodo 1912-1916. El triunfo de la candidatura a gobernador de José Rentería, apoyado por los clubes políticos que pidieron la renovación de los poderes del Estado, constituyó la derrota electoral de la oligarquía porfirista-redista, aliada del sector moderado de los maderistas sinaloenses encabezados por el ingeniero Manuel Bonilla.
Las diferencias políticas de Banderas con Madero, su desacuerdo con los Tratados de Ciudad Juárez, haberse opuesto a la injerencia de Madero en la política local, y el respaldo popular con que contaba, que lo convertía en el más fuerte candidato a suceder a Rentería en la gubernatura, motivaron que Madero, ya en la Presidencia de la República, en diciembre de 1911, encarcelara al general de Tepuche. En febrero de 1912, la reclusión de Banderas fue determinante, junto con otras motivaciones, para que sus más fieles subordinados y amigos, proclamaran el Plan de Ayala.