Juan Luna Novicio (Badoc, Filipinas, 24 de octubre de 1857-Hong Kong, 7 de diciembre de 1899) fue un pintor hispano-filipino. A caballo entre la pintura de historia de corte academicista y el realismo social, fue el primer pintor filipino con proyección internacional, premiado en París en el salón de 1886 por Spoliarium, óleo con el que ya había obtenido medalla de primera clase en Madrid, en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884 (Manila, Museo Nacional de Filipinas). Luna adquirió también notabilidad pública por los asesinatos de su esposa, Paz Pardo de Tavera, y su suegra, Juliana Gorricho, y el posterior juicio celebrado en París en 1892 del que salió absuelto al ser calificado de crimen pasional.
Tercero de los siete hijos del matrimonio formado por Joaquín Luna de San Pedro y Posadas y Laureana Novicio y Ancheta, de origen malayo, fue bautizado en Badoc, provincia de Ilocos Norte, el 27 de octubre de 1857. El hermano mayor, Manuel, muerto prematuramente, fue excelente músico y, según dijo a José Rizal el propio Juan, con «más disposición para la pintura que él mismo». El segundo, José, era en 1886 uno de los más brillantes cirujanos del archipiélago, y el menor, Antonio Luna, con el que residió en Europa, llegaría a ser general del ejército de la Primera República filipina. En 1861, la familia se instaló en Manila. Estudió el bachillerato en el Ateneo Municipal de Manila y posteriormente en la Escuela de Náutica con intención de hacerse marino mercante. Con diecisiete años navegaba ya como piloto por el Mar de China con Manuel, cuyos dibujos comenzó a copiar, despertando su afición artística. Recibió al mismo tiempo lecciones de dibujo en la Academia de Bellas Artes con Lorenzo Guerrero, un pintor indio que se había formado sin apenas maestro, quien lo animó a viajar a Madrid para matricularse en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En ella tuvo como maestro a Alejo Vera, del que siempre se reconoció discípulo, que lo llevó con él a Roma cuando en 1878 obtuvo una plaza de pensionado, corriendo con todos los gastos .
En Roma conoció y trabó estrecha amistad con Mariano Benlliure, que en 1884 modeló un busto en barro del pintor al que regaló el modelo en escayola.
Madrid, Roma, la pintura de historia y el Spoliarium
Influido por Vera comenzó pintando grandes cuadros de temática histórica conforme al gusto imperante, tomando sus temas de la historia clásica. Su primer gran éxito le llegó con La muerte de Cleopatra (Madrid, Museo del Prado), pintada en Roma y presentada en la Exposición de Bellas Artes de Madrid de 1881, en la que fue premiado con medalla de segunda clase, por la que él también fue pensionado —en su caso por el ayuntamiento de Manila— y la obra fue adquirida por 5000 pesetas por el Estado, que la destinó al Museo de Arte Moderno.
A la exposición de Bellas Artes de 1884 concurrió con otro cuadro del mismo género: el Spoliarium, pintado también en Roma donde ya se había expuesto, junto con las obras de otros artistas españoles, en el Palazzo delle Esposizione en marzo de ese año. Óleo de monumentales dimensiones, Luna trabajó en él desde julio de 1883, inspirándose —como recogía el texto del catálogo— en la descripción que el historiador y novelista Louis Charles Dezobry ofrecía de las siniestras bóvedas del anfiteatro en su obra Rome au siecle d'Auguste, ou voyage de'un galois a Rome a l'epoque du règne d'Auguste et pendant une partie du règne di Tibère, publicada en 1835:
La presentación del Spoliarium en Madrid en 1884 fue motivo de controversia, pero gozó de la crítica favorable del integrista El Siglo Futuro. El anónimo redactor, dando de lado las «mamarrachadas que afean la Exposición», destacó el óleo de Luna, cuestionado por ciertos críticos que le achacaban falta «de alcance y de trascendencia», por justamente lo contrario, por ser ni más ni menos que «la representación material de una escena cotidiana de la vida romana». Con toda la crudeza de sus cuerpos vivos y muertos, Luna, decía el articulista de El Siglo Futuro.:
En el otro extremo del arco político, con el seudónimo de Demófilo, Fernando Lozano Montes en Las Dominicales del Libre Pensamiento firmó un extenso artículo dedicado íntegramente al cuadro del que llamaba pintor filósofo, del que elogiaba que no hubiese querido quedarse en los detalles costumbristas y pintorescos de la lucha de gladiadores, como hubiera hecho Jean-Léon Gérôme o cualquier «pintor adocenado» de escenas taurinas, para, al contrario, denunciar la corrupción que se oculta tras la fiesta, pues en medio «de lo pintoresco del espectáculo, late en el fondo del asunto un algo tan repulsivo, que tiene que hacerlo forzosamente antiestético». Es lo que Luna había sabido hacer con profundos sentimientos humanitarios para protestar, en general, «contra este espectáculo de barbarie», y de él esperaba que, como filipino, supiese inmortalizar «en un nuevo cuadro, al fraile de su tierra, presentándonos el inmenso Spoliarium en que la tiene convertida».
Premiado con la primera medalla de oro de la exposición, el Spoliarium fue adquirido en 1885 por la Diputación Provincial de Barcelona que pagó al pintor 20 000 pesetas. En la fase final de la guerra civil española el cuadro sufrió daños al ser evacuado por las tropas republicanas que abandonaban Barcelona para trasladarlo a Francia, aunque en el camino fue recuperado por las tropas franquistas, que lo devolvieron en primer lugar al Museo de Arte de Barcelona. Trasladado más adelante al Museo del Prado, para su restauración, en 1958 el Gobierno del dictador Francisco Franco hizo donación de él a la República filipina. Luna hizo otras dos copias de la pintura: una, que pintó en el mismo salón de la exposición, encargada por un coleccionista ruso, fue enviada a París; la segunda la pintó para que se vendiese en Filipinas y al no encontrar comprador fue sorteada en Manila en 1886 con objeto de recaudar fondos en beneficio de la familia del pintor en las islas, que atravesaba un difícil momento económico.
Otra vía por la cual obtuvo reconocimiento público fue la reproducción de sus pinturas mediante grabados publicados en revistas ilustradas. Además del Spoliarium, que apareció reproducido en el suplemento artístico de la barcelonesa Ilustración Artística del 20 de octubre de 1884, con el retrato del pintor en portada, merecieron ese honor, entre otras, La bella feliz y la esclava ciega, obra inspirada en Los últimos días de Pompeya de Edward Bulwer Lytton, en la que se puso a trabajar tras viajar por Italia y visitar Pompeya, la ciudad sepultada por el Vesubio donde «todo es bello y elegante», presentada a la Exposición de 1881 junto con La muerte de Cleopatra. y Mujeres romanas (colección particular), una escena «de la voluptuosa decadencia» del Imperio romano en la que dos jóvenes recostadas en una escalinata juegan azuzando a sus perros contra las palomas, que derraman un cesto con flores, óleo de 1882 reproducido en grabado en un suplemento de la Ilustración Artística del 25 de febrero de 1884. También, en otro orden, la Ilustración Artística reprodujo en un grabado de M. Weber, ¿A do va la nave?... ¡Quién sabe do va!, pintura de 1885 inspirada en El diablo mundo de José de Espronceda, típicamente romántica, en la que representó una barca a la deriva con nueve náufragos elegantemente vestidos y una joven que desesperada se arroja al mar.
Para compensar al ayuntamiento de Manila por la beca de estudio de que había disfrutado entre 1880 y 1884, pintó en 1885 Miguel López de Legazpi, primer gobernador de las islas Filipinas, y El pacto de sangre (Manila, Palacio de Malacañán), donde lo representado es el pacto sellado entre Legazpi y el régulo Sikatuna, ambos óleos enviados a Filipinas con la copia del Spoliarium en agosto de 1886. Su amigo José Rizal, más adelante fundador de la Liga Filipina, que habría posado en El pacto de sangre en el papel de Rajah Sikatuna, escribió de él, antes de que estuviese terminado, que era «el primero en la historia de nuestro país, que reproduce fielmente los trajes y las costumbres de la época, borrados de la memoria del pueblo pero conservados en los museos extranjeros». Algunos de esos elementos autóctonos aunque olvidados y fielmente reproducidos podrían concretarse en el salacot de metal, sombrero típico de la identidad filipina, como corresponde a un guerrero, y la daga que lleva Sikatuna, con empuñadura de oro y armadura adornada con un cuerno de carabao, el buey emblemático del archipiélago. Los dos cuadros, reproducidos en grabados de la Ilustración Artística del 13 de diciembre de 1886, el primero de ellos en portada, fueron premiados con medalla de plata a título póstumo en la Exposición Universal de San Luis, Misuri, de 1904.