Tal Día como Hoy

Juan Lavalle

Militar y político argentino

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Juan Galo de Lavalle (Buenos Aires, 17 de octubre de 1797-San Salvador de Jujuy, 9 de octubre de 1841) fue un militar y político argentino de larga trayectoria que, tras participar en la Guerra de Independencia de la Argentina y la Guerra del Brasil, tuvo un papel protagónico en las guerras civiles argentinas como líder militar del Partido Unitario. Ejerció como gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1828 y 1829.

Era hijo de la argentina María Mercedes González Bordallo y Ross (1770-1829) y del peruano Manuel José Bonifacio de Lavalle y Cortés (1753-1840). Su padre, que fue contador general de las Rentas y el Tabaco del Virreinato del Río de la Plata, era hermano menor de José Antonio de Lavalle y Cortés, I Conde de Premio Real. También era descendiente directo por parte de su abuela paterna de Hernán Cortés, conquistador de México. Por parte de su abuelo paterno desciende de una familia francesa, condes de La Vallée; de donde proviene la forma española simplificada de su apellido como Lavalle.

En 1799, los Lavalle se trasladaron a Santiago de Chile y volvieron en 1807 a Buenos Aires, donde Juan cursó sus estudios primarios y secundarios.

En 1812 ingresó como cadete en el Regimiento de Granaderos a Caballo.​ Fue ascendido a teniente en 1813 y pasó en 1814 al ejército sitiador de Montevideo, bajo las órdenes de Alvear. Luchó al servicio del Directorio (unitario) contra el líder federal José Gervasio Artigas en 1815 y, bajo el mando de Manuel Dorrego, combatió en la batalla de Guayabos. Un año después, pasó a Mendoza para integrarse al Ejército de los Andes bajo el mando del General José de San Martín.

Cruzó los Andes hacia Chile y acompañó al mayor Antonio Arcos en la victoria de Achupallas. Tuvo un papel notable en las batallas de Chacabuco y Maipú. En 1819 se trasladó a Mendoza, donde se comprometió con la joven Dolores Correas.

En 1820 intervino en la campaña al Perú, y a las órdenes del general Arenales participó en la primera campaña de la Sierra, teniendo destacada actuación en la batalla de Cerro de Pasco. Después de ésta, tomó prisionero al entonces coronel Andrés de Santa Cruz. A órdenes del General Antonio José de Sucre hizo la campaña al Ecuador, destacándose en la Batalla de Riobamba, por lo que luego sería conocido como el "León de Riobamba".​ Tuvo también relevante participación en la batalla de Pichincha, que aseguró la independencia de ese país.

Participó en la campaña de “Puertos Intermedios” a las órdenes de Rudecindo Alvarado, la que terminaría con consecuencias desastrosas. Todo el ejército tuvo que ser reembarcado, y hubiese sido masacrado en la operación si no fuera por las cargas de caballería con que Lavalle protegió la maniobra. En el viaje de vuelta su buque naufragó, y aunque lograron llegar a la costa, la sed estuvo a punto de acabar con sus vidas.​

Fue ascendido a coronel tras su regreso a Lima, pero tuvo serias desavenencias con Simón Bolívar, por su propio carácter independiente.

Se embarcó hacia Chile y regresó a Mendoza, donde se casó con su prometida Dolores Correa. El partido unitario lo puso al mando de una revolución contra el general José Albino Gutiérrez, que gobernaba esa provincia con apoyo del partido federal. Fue gobernador interino por seis días, el tiempo que le tomó organizar una elección de dudosa legitimidad,​ en que fue elegido como nueva autoridad Juan de Dios Correas, su suegro. Como una premonición, ese fue el único movimiento militar violento que ocurrió en todo el país ese año de 1824.

Regresó a Buenos Aires, donde fue puesto al mando de una expedición hacia el sur de la provincia de Buenos Aires; su compañero de ruta era el coronel Juan Manuel de Rosas, acompañando al ingeniero Felipe Senillosa en su trabajo de agrimensura.

A su regreso fue incorporado a la guerra del Brasil, como jefe del Regimiento de Caballería 4; hizo la campaña sobre Río Grande do Sul y venció en los combates de Bacacay (abatiendo una columna de 1200 hombres con fuerzas menores) y Ombú. Unos días más tarde, utilizando una arriesgada maniobra, logró una parte importante de la victoria en la batalla de Ituzaingó, de febrero de 1827, arrollando a las fuerzas del general brasileño Abreu, y ganando su ascenso a general. Luchó también en el combate de Camacuá, en el que fue herido en un brazo.

La herida le permitió una breve licencia en Buenos Aires donde tomó contacto con los líderes del partido unitario, que lo convencieron de unirse a ellos para derrocar al gobernador Dorrego. Tanto los líderes unitarios como Lavalle, de tendencia liberal, detestaban a Dorrego, por la tendencia de este a favor de las clases populares.​

Regresó a Uruguay, hasta que, firmada la paz con el Imperio del Brasil, llevó el ejército a Buenos Aires. Los oficiales de esta fuerza estaban molestos con Dorrego por haber firmado una paz desventajosa, olvidando que habían sido la actitud del ministro de Rivadavia, Manuel José García —que había firmado un tratado aún peor— y las presiones inglesas las que habían forzado a Dorrego a aceptar la independencia de Uruguay. Los mismos unitarios que habían iniciado el camino hacia ese desenlace culpaban al gobernador por las consecuencias de sus decisiones.​

Fue invitado por Julián Segundo de Agüero, Salvador María del Carril y otras figuras del partido unitario a ponerse al frente de una revolución contra el gobernador. Entre las cosas que se acordaron, estaba la muerte de Dorrego si se resistía. El 1 de diciembre de 1828 derrocó al gobernador en funciones - que se retiró hacia el interior de la provincia- y se hizo elegir gobernador interino por una asamblea de partidarios en el atrio de la Capilla San Roque (actuales calles Alsina y Defensa de la ciudad de Buenos Aires), mientras Dorrego se retiraba a la campaña con el objeto de reunir fuerzas para resistir el alzamiento. Este último se unió al general Rosas y trató de defenderse, pero fue derrotado en la batalla de Navarro. Unos días después, el coronel Mariano Acha lo traicionó y lo entregó a Lavalle. Mientras este esperaba al prisionero, todos los notables escribieron a Lavalle, destacándose las cartas de Del Carril y Juan Cruz Varela, reclamando la cabeza de Dorrego. El 13 de diciembre, en Navarro, sin proceso ni juicio previo, Dorrego fue fusilado por orden de Lavalle.​

A continuación y una vez consolidada su autoridad, decidió disolver la legislatura - reemplazándola por un consejo consultivo de notables - y desterró a los federales más reconocidos, como Juan Ramón Balcarce, Enrique Martínez y Tomás de Anchorena, entre otros.

La ejecución de Dorrego pesaría sobre la conciencia de Lavalle por el resto de su vida.[cita requerida] Del Carril le aconsejó mentir - levantando un acta falsa de un supuesto sumario previo - y todos los que lo habían aconsejado negaron más tarde su participación.

La carta fechada el 12 de diciembre de 1828 decía, entre otras cosas:

Todas estas cartas fueron mantenidas en secreto hasta mediados del siglo XX.[cita requerida] Lavalle, por su parte, asumió toda la responsabilidad por lo realizado.

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