Tal Día como Hoy

Juan José Castelli

Político argentino

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Juan José Antonio Castelli (Buenos Aires, 19 de julio de 1764 - 12 de octubre de 1812) fue un abogado y funcionario del Virreinato del Río de la Plata. Participó en forma activa en política frente a la crisis de la monarquía y en el movimiento juntista que se produjo en Buenos Aires en mayo de 1810. Por su discurso en el Cabildo Abierto del día 22 se lo conoce como «el Orador de Mayo». El Cabildo Gobernador lo designó como vocal en las juntas de gobierno que asumieron el 24 y el 25 de mayo.

Fue nombrado representante de la Primera Junta en el Ejército Auxiliar del Perú y ante los pueblos del interior, con amplios poderes políticos, administrativos y militares. Fue destituido tras la derrota en la batalla de Huaqui y al regresar a Buenos Aires se le inició un juicio de residencia que se interrumpió por su fallecimiento, debido a un cáncer en la lengua.

Juan José Castelli nació en Buenos Aires, en ese entonces parte integrante del virreinato del Perú (con capital en Lima). Fue el primero de los siete hijos del médico veneciano Ángel Castelli Salomón y de María Josefa Villarino.​ Su abuela materna era hermana del abuelo materno de Manuel Belgrano, por esa razón Juan José era su primo segundo.

El 17 de febrero de 1779, Castelli ingresó al prestigioso Real Colegio de San Carlos, institución que había iniciado su actividad docente seis años antes. Lo hizo en el curso de Lógica a cargo del doctor Pantaleón Rivarola. Una vez aprobado, al año siguiente, ingresó al curso de Física pero al final del periodo lectivo su nombre no figuró entre los egresados.​

Según una tradición familiar, un pariente rico había dispuesto en su testamento un legado o manda para un hijo del matrimonio Castelli que quisiera ordenarse de sacerdote. Para aprovechar esta oportunidad, los padres decidieron que Juan José fuera a estudiar a Córdoba, en el famoso Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat, que dependía de la Universidad Real de Córdoba del Tucumán y a donde convergían alumnos de distintos lugares del virreinato. Como el nombre lo indica, era un colegio donde los alumnos podían vivir mientras estudiaban. Para ingresar, Castelli cumplió con los requisitos de ser cristiano viejo, estar limpio de toda sangre de herejes y ser hijo de matrimonio legítimo. Fueron sus compañeros: Pedro y Mariano Medrano, Manuel Alberti, Juan Ignacio y José Ignacio Gorriti, Nicolás Laguna, José Gaspar Rodríguez de Francia. También compartió el colegio con Saturnino Rodríguez Peña y Antonio de Esquerrenea, que serán sus amigos toda la vida.

Durante 1781 y 1782, Castelli cursó las materias de gramática y latinidad. En febrero de este último año, el colegio Monserrat se trasladó al edificio donde funcionará hasta la actualidad. Castelli fue uno de los alumnos que inauguró esa nueva sede. Una vez completado este ciclo pasó al universitario cursando filosofía y teología durante tres años. Luego de permanecer cinco años en Córdoba, en octubre de 1785, volvió a Buenos Aires, con la decisión de no seguir la carrera sacerdotal por la que no sentía ninguna vocación.​

Por razones que no se conocen, Castelli no siguió los pasos de su primo Manuel Belgrano, que había sido enviado a continuar sus estudios a la Universidad de Salamanca, en España. En octubre de 1786, Belgrano desembarcó en La Coruña y al mes siguiente intentó inscribirse en Salamanca. Dos meses antes, en agosto de 1786, Castelli llegó a Chuquisaca y, tras aprobar el difícil examen de ingreso, juró como recipiendario ante el ministro director de la Real Academia Carolina de Practicantes Juristas de Charcas y demás autoridades. Una de las cuatro promesas que hizo fue «defender la sanción XV del Concilio Constantiense en que se proscribe el regicidio y el tiranicidio», lo que obligaba a los futuros doctores, no solo a defender y conservar la justicia, sino también la fidelidad al rey.​

Durante dos años estudió y realizó prácticas en dicha academia, la cual constituía una institución para-universitaria de asistencia obligatoria donde, mediante el método de estudio de «casos», los alumnos realizaban prácticas diarias en la que desempeñaban diversas funciones procesales. Ésta había sido fundada en 1776, tras la expulsión de los jesuitas y constituía «un espacio donde se encontraban y tensionaban la Universidad y la administración política» lo que la constituía en un espacio libre del ámbito eclesiástico.​

Hacia finales del siglo XVIII, la Academia Carolina se consolidó como el principal centro de formación jurídica en el ámbito del Virreinato del Río de la Plata. Su preeminencia en la enseñanza del derecho atrajo a numerosos estudiantes provenientes de distintas regiones, dada la ausencia de otras instituciones equivalentes en la jurisdicción. A diferencia de otras instituciones educativas de orientación tradicional, la Academia se destacó por su relativa autonomía respecto de las corrientes escolásticas y de las estructuras eclesiásticas, lo que favoreció la emergencia de un clima intelectual abierto a la reflexión crítica. En ese contexto, no solo se abordaban materias jurídicas, sino también debates filosóficos y políticos propios del pensamiento ilustrado, como la naturaleza de la autoridad política y los fundamentos de los derechos del pueblo, anticipando así algunas de las preocupaciones centrales de la modernidad política en el Río de la Plata.​

Castelli recibió una educación que estructuró su universo jurídico-conceptual en tres niveles: el primero fue el escolástico, basado en textos teológicos y políticos españoles: Francisco de Vitoria, Francisco Suárez, etc.; el segundo fue una mezcla de saber técnico-jurídico con una práctica sobre casos reales. La base teórica de este nivel no abandonó el tradicional Código de Justiniano, la Recopilación de Leyes de las Indias, Juan de Solórzano Pereira, etc., lo novedoso fue la forma y los objetivos cómo se encaraban esos contenidos. El tercer nivel fue el Iluminismo. Los iluministas españoles, Benito Jerónimo Feijoo, Pedro Rodríguez de Campomanes o el napolitano Gaetano Filangieri eran consultados por alumnos y examinadores. El Espíritu de las Leyes de Montesquieu se citó con frecuencia en los alegatos, y su concepción de una monarquía constitucional que pudiera limitar el despotismo de los ministros tuvo muchos adherentes. La Ilustración estuvo «indudablemente de moda [...] en su versión elitista, como signo, código de reconocimiento entre gente cultivada, entre los hombres de buena compañía».​ Todos estos conocimientos le permitieron a Castelli desempeñarse con eficacia en puestos administrativos y políticos.

En Córdoba compartió el colegio con Domingo Belgrano, hermano de Manuel. En Chuquisaca estuvo con otro de los hermanos que también estudiaba allí: José Gregorio Belgrano. En las cartas, que tanto Domingo como José Gregorio, enviaban a su familia, aparecen noticias del primo Castelli, de los avances en sus estudios y los saludos que este enviaba a la familia Belgrano. El dinero y otros recursos requeridos por Juan José para solventar su estadía y educación en Chuquisaca fueron proporcionados por comerciantes de esa ciudad relacionados con Domingo Belgrano Peri y que eran cancelados en Buenos Aires por el padrastro de Castelli, José Joaquín Terreros.​

Entre marzo y abril de 1788, con 24 años de edad, regresó a Buenos Aires pasando por Potosí, ciudad donde pudo comprobar la enorme riqueza de los azogueros y la gran miseria de miles de indios que eran explotados en las minas.​

En el año 1791, una vez cumplidos los requisitos establecidos por la normativa vigente, Juan José Castelli obtuvo la habilitación oficial para ejercer como abogado ante la Real Audiencia de Buenos Aires. A partir de entonces, estableció su estudio jurídico en la residencia familiar donde desarrolló una activa práctica profesional. En dicho ámbito contó con la asistencia de escribientes y pasantes, entre ellos el joven paraguayo Mariano Antonio Molas, quien años más tarde adquiriría notoriedad política al participar en los congresos celebrados en Asunción a partir de 1810.​

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