Tal Día como Hoy

Juan II Comneno

Emperador bizantino entre 1118 y 1143

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Juan II Comneno (griego: Ίωάννης Βʹ Κομνηνός, Iōannēs II Komnēnos, 13 de septiembre de 1087-8 de abril de 1143) fue emperador bizantino entre 1118 y 1143. También conocido como "Juan el Hermoso" o "Juan el Bueno" (Kaloïōannēs), fue el hijo mayor y sucesor de Alejo I Comneno y de Irene Ducas, y el segundo emperador del periodo conocido como la Restauración Comneno. Juan II fue un monarca pío y dedicado que estaba determinado a deshacer el daño que el Imperio había sufrido desde la Batalla de Manzikert, medio siglo antes.

En el curso de sus veinticinco años de reinado, Juan se alió con el Sacro Imperio Romano en el oeste, e intervino en los Balcanes aplastando a los restos de los pechenegos (1122), hasta el punto de que dejaron de ser un pueblo independiente. Muchos de ellos, cautivos en el conflicto, se establecieron como soldados-granjeros dentro de las fronteras bizantinas.​ También derrotó a Hungría y Serbia. Dirigió personalmente numerosas campañas contra los Turcos selyucidas en Asia Menor. Sus campañas cambiaron de manera decisiva el equilibrio de poderes en el este, obligando a los turcos a pasar a la defensiva y recuperando numerosas ciudades y fortalezas para el Imperio, a lo largo de toda la península. En el sudeste, Juan extendió el control bizantino desde el Meandro hasta Cilicia y Tarso. En Oriente logró imponer su autoridad sobre el Principado de Antioquía, y sobre los estratégicos condados de Edesa y Trípoli. Con la idea de demostrar el ideal bizantino del papel del emperador como líder de la Cristiandad, Juan se dirigió a la Siria musulmana a la cabeza de las fuerzas combinadas del Imperio y de los Estados Cruzados. A pesar del gran vigor personal con el que impulsó la campaña, sus esperanzas quedaron en nada ante las evasivas de sus aliados cruzados y su poca disposición para luchar junto a sus fuerzas en el asedio de Shaizar. Menos éxito tuvo en su intervención en las luchas entre pisanos y genoveses, sin lograr ayuda de ninguno para aliviar el dominio veneciano del comercio bizantino.

Planeaba un nuevo avance hacia Siria y Palestina cuando fue herido mortalmente en un accidente de caza. Hombre enérgico, aunque flexible, dotado de humanitarios sentimientos, fue considerado por sus contemporáneos como el mejor de la dinastía Comneno.​ Durante su reinado la población del Imperio se recuperó hasta aproximadamente 10 millones de habitantes.​ Desafortunadamente, el reinado de Juan es menos conocido que el de su padre Alejo I, o su hijo, Manuel I, por la existencia de menos fuentes contemporáneas o cercanas en el tiempo. En particular se conoce poco sobre su gestión y políticas internas.

Juan II Comneno fue el tercer hijo del emperador bizantino Alejo I Comneno, pero el primer varón, de este e Irene Ducaina. De niño tuvo a su lado como amigo de confianza y confidente a un niño turco, de su edad, Juan Axouch, que llegó a Constantinopla como prisionero enviado por los cruzados a su padre.​ El joven Juan gozaba del amor incondicional de su padre,​ pero no se podía decir lo mismo de su madre Irene, ni de su hermana Ana Comnena, que en cambio lo despreciaba y desacreditaba con Alejo, esperando que lo eliminara del herencia imperial, para dar paso a Nicéforo Brienio, esposo de Ana.​ Sin embargo, Alejo I confiaba en su hijo y, en cualquier caso, nunca habría permitido que la dinastía Comnena renunciara voluntariamente al trono de Bizancio.​

En el verano de 1118 Alejo, muy enfermo, sintió que se acercaba la hora de su muerte y ya no pudo mantenerse en pie. Para poder respirar se vio obligado a acostarse, sostenido por una gran almohada. Transportado al palacio de los Mangani, a última hora de la tarde del 15 de agosto de 1118, llamó a su hijo mayor en su presencia.​ Encomendándole su anillo imperial, ordenó que se le consagrara inmediatamente basileus de los romanos.​ A toda prisa, Juan se dirigió a la Basílica de Santa Sofía donde, con una ceremonia muy rápida, fue nombrado emperador bizantino por el patriarca Juan IX.

Cuando regresó al palacio, la guardia privada imperial de los varegos, por orden de la basilisa Irene, le impidió entrar. Sin embargo, al ver el anillo imperial, se disculparon y lo dejaron pasar, arrodillándose al pasar.​

Irene, ignorando los últimos deseos de su esposo, pidió que el esposo de Ana fuera proclamado emperador. Nicetas Coniata, en sus crónicas nos cuenta que Alejo sonrió y agradeció a Dios porque su esposa no se enteró a tiempo de la coronación de Juan.​ Murió pocas horas después, sabiendo que su hijo daría una gran estabilidad al Imperio Bizantino. Fue enterrado en el monasterio dedicado a Cristo Filántropo, pero el nuevo basileus no asistió al funeral por temor a un atentado contra su vida.

A lo largo de su vida, Ana Comnena, la hija mayor de Alejo, se habría opuesto a Juan. Su odio inicial nació del hecho de que a los cinco años estaba comprometida con el hijo de Miguel VII Ducas, Constantino y, en teoría, se convertiría así en la futura basilisa. Constantino, sin embargo, murió siendo un niño, y luego se comprometió con Nicéforo Brienio, hijo del Nicéforo que veinte años antes había tratado de apoderarse del trono de Bizancio y que en 1111 fue nombrado César por Alejo I.

Sin embargo, Ana nunca renunció a apoderarse del trono, ni siquiera después de la muerte de su padre y, de hecho, el día del funeral envió asesinos para asesinar a su hermano. Estos, sin embargo, fracasaron en su intento y fueron asesinados por varios guardias.

Más decidida que nunca, organizó otra conspiración, pero su marido, por miedo, no participó en ella, sin embargo ella actuó en compañía de otros conspiradores.​ Ella falló una vez más: los guardias varegos frustraron el ataque nuevamente y la encarcelaron junto con sus secuaces.​

A pesar de todo, Juan se mostró misericordioso: Nicéforo Brienio no recibió ninguna sentencia y él, agradecido, le sirvió lealmente hasta su muerte en 1136. A su hermana, desterrada de la corte, se le confiscaron todas las tierras y bienes. Humillada y abandonada por todos, se convirtió en monja. El resto de su vida se dedicó a la biografía de su padre (la famosa Alexiada).

Durante su reinado el basileus también tuvo otro apodo (además del moro, que duró poco tiempo), que se hizo mucho más popular, a saber, el Bello; no por su apariencia, sino por su carácter. De hecho, Juan no soportaba a las personas que no eran serias y no toleraba demasiados lujos. Por eso fue amado en el Imperio Bizantino del siglo XII. Fue apreciado no solo porque a menudo distribuía obsequios a la gente, sino también porque no era un hipócrita, creía sinceramente en los valores de la religión ortodoxa, era un juez recto y misericordioso; estas cualidades son bastante raras para un hombre de poder.

Por lo general, no elegía a sus consejeros entre su familia y el más confiable entre ellos era Axouch, su amigo de la infancia, quien fue nombrado Gran doméstico (es decir, comandante del ejército imperial).​

Como era tradición familiar, tenía alma de soldado. El tío abuelo, el padre y posteriormente también el hijo estaban activos en los asuntos militares, pero mientras su padre se limitó a mantener una actitud defensiva, Juan asumió una más marcadamente ofensiva: su sueño era reconquistar todas las tierras del Imperio, en ese momento todavía en manos de los musulmanes, y restaurar el imperio a su antigua gloria. Sus súbditos pensaban que su vida era solo una campaña militar prolongada: en sus veintidós años de gobierno pasó más tiempo con el ejército que en la corte.

Pronto demostró grandes cualidades y fue el prototipo del emperador soldado, valiente, atrevido y de total integridad moral. Fue considerado por sus súbditos como el más grande de los Comnenos y también como el Marco Aurelio de Constantinopla. Pero las fuentes históricas y en particular los escritos de los historiadores Juan Cinnamo y Nicetas Coniata, como los del poeta Teodoro Prodromo, carecen esencialmente de objetividad. Los historiadores modernos lo consideran con mucha mayor cautela, considerando que sus resultados son ineficaces.

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