Tal Día como Hoy

Juan Donoso Cortés

Escritor, político y diplomático español

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Juan Francisco María de la Salud Donoso Cortés y Fernández Canedo, primer marqués de Valdegamas (Valle de la Serena, Badajoz, 6 de mayo de 1809 - París, Francia, 3 de mayo de 1853), fue un filósofo, jurista, historiador, parlamentario, político, aristócrata y diplomático español, funcionario de la monarquía española bajo el régimen liberal. Fue evolucionando hacia una ideología conservadora, perteneciendo al entorno político del moderantismo, hasta llegar al movimiento de los neocatólicos o tradicionalistas.​ Fue senador vitalicio en 1853.​ Además, fue académico de número de la Real Academia Española.

Nació en Valle de la Serena en 1809, en el seno de una familia de ricos hacendados. Estudió las primeras letras y gramática en Don Benito. En 1820 marchó a estudiar Filosofía en la Universidad de Salamanca, pero sólo permaneció allí un curso, pues en 1821 se trasladó al Colegio de San Pedro de Cáceres, donde cursó estudios de Lógica, Metafísica y Ética. Culminados sus estudios filosóficos se trasladó a Sevilla para cursar Derecho. Compaginó sus estudios jurídicos con el cultivo de la poesía romántica. Después de cinco años en Sevilla obtuvo la licenciatura en Derecho.​

Culminados sus estudios se trasladó brevemente a Madrid, regresando poco después, en 1829, a Cáceres para ocupar la cátedra de Estética y Literatura en el Colegio de San Pedro. El 20 de enero de 1830, en Cáceres, contrajo matrimonio con Teresa García Carrasco y Gómez Benítez, procedente de una de las más acaudaladas familias extremeñas y hermana del futuro primer conde de Santa Olalla. El 24 de octubre de ese mismo año nació su única hija, María Josefa, que falleció a los dos años de edad.​

En 1832 se instaló en Madrid, donde publicó Memoria sobre la monarquía, de línea liberal-conservadora, y donde dio comienzo su actividad como periodista político, influido por el liberalismo doctrinario de Royer-Collard y otras figuras de la Restauración Francesa. Recibió también fuerte influencia del filósofo italiano Giambattista Vico, introduciendo su estudio en lengua española. En 1833 ingresó en la secretaría de Estado e inició su carrera política. El 3 de junio de 1835 falleció su esposa Teresa.​

Fue secretario del gabinete y de la presidencia del Consejo en 1836, con el gobierno de Mendizábal. En 1837 fue elegido diputado por Cádiz y en 1840 marchó a Francia, poco antes de que fuese depuesta la regente María Cristina de Borbón. Donoso se convirtió en hombre de confianza y agente de María Cristina y no volvió a instalarse en España hasta la caída de Espartero, en 1843, como diputado por Badajoz, por el Partido Moderado

Apoyó a los isabelinos en la primera guerra carlista y participó en la reforma constitucional de Narváez en 1845.

A partir de 1847, a raíz de la muerte de su hermano Pedro María y del estudio de las revoluciones se convierte firme y profundamente al catolicismo, abandonando sus antiguas ideas liberales. En Francia entra en contacto con publicaciones y movimientos católicos, determinando su evolución hacia una actitud más ligada a la defensa del régimen tradicional.

En una Europa convulsa se suceden tres acontecimientos decisivos en la vida y pensamiento político de Donoso, a saber: la revolución francesa de 1848, que pone fin a la Monarquía de Julio, proclamándose la Segunda República Francesa; la revolución romana por la que el papa Pío IX tuvo que huir de Roma, instaurándose la efímera República Romana; y el papel de Gran Bretaña promoviendo los gobiernos revolucionarios liberales por todo el continente y en España a través de un diplomático, Henry Bulwer. En España la situación no era mejor: en Cataluña persistía la insurrección carlista desde 1846 a raíz del fracasado intento de casar a la reina Isabel II con el pretendiente carlista "Carlos VI"; además de las intentonas revolucionarias de 1848. A comienzos de 1849 y en este contexto europeo y nacional, Donoso Cortés pronuncia en las Cortes españolas su famoso Discurso sobre la Dictadura. En este discurso expone su teoría de la relación inversamente proporcional que mantienen la represión interior y la represión exterior mediante un "paralelismo" histórico. Según expresa Donoso en este discurso, cuanto más religiosa es una sociedad y sus individuos, cuanta mayor represión interior haya, cuanto mayor dominio y preponderancia haya del catolicismo en un pueblo, menor represión externa, esto es, represión política, habrá. Mediante este paralelismo explica la creación de instituciones como la policía y el mayor control que los gobiernos ejercen sobre los ciudadanos. Muestra aquí como en otras partes de su obra su pesimismo, pues no cree que la tendencia vaya a invertirse en un futuro, y que la religiosidad venza al proceso secularizador de la modernidad, aumentando así, según él, el despotismo y la tiranía. Contrario a lo que pueda parecer, Donoso no defiende la dictadura sobre la libertad, sino que, considerando que la libertad ha muerto a manos del Estado moderno y de unos gobiernos cada vez más omnímodos, valora que la cuestión está entre dos tipos de dictaduras, la "dictadura del sable" y la "dictadura del puñal". Entre la dictadura de una aristocracia que pueda conservar sin convulsiones la sociedad y evitar la revolución, y la dictadura de los revolucionarios que imponga el liberalismo.

En 1851 salió a la luz su obra más reconocida, el Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, su salto a la filosofía política.​En su ensayo se deja ver la influencia que Joseph de Maistre y sus Veladas de San Petersburgo ejercen en Donoso cuando aborda la cuestión del papel de la Providencia en la Historia y de cómo esta "saca el bien y el orden del mal y desorden causados por la libertad humana en el mundo", así como en la cuestión de la pena de muerte. En esta obra, además de exponer más prolijamente la tesis teológico-política que anteriormente había comentado en su Discurso sobre la situación general de Europa de 1850, de que "en toda gran cuestión política va envuelta siempre una gran cuestión teológica", critica duramente al liberalismo y al socialismo proudhoniano. Donoso compara estos dos grandes sistemas que se erigen en su siglo con el catolicismo, hilando su discurso a través de los distintos dogmas cristianos y viendo cómo plantean sus soluciones alternativas a la teología católica. Donoso Cortés plantea que el socialismo es más coherente y consecuente que el liberalismo, pues desarrolla y lleva a este hasta sus consecuencias últimas, convirtiéndose en una especie de teología, en sus palabras, "satánica".

Convencido de que el liberalismo político y el parlamentarismo eran nefastos para las sociedades, temía, sin embargo, que el liberalismo daría paso irremediablemente al socialismo, y escribió al respecto lo siguiente en una carta a un amigo en 1851:

Célebre es también su Carta al cardenal Fornari sobre el principio generador de los más graves errores de nuestros días, de 1852, donde sostiene la tesis de que las sociedades modernas, al apartar a Dios y a la religión católica para secularizarse, producen lo que para él son grandes errores metafísicos. Entre esos errores modernos hay afirmaciones y negaciones complementarias: está la creencia en que la naturaleza humana no está caída y es íntegra, que no hay pecado original; la fe en la razón y su soberanía para hallar e inventar la verdad, frente a lo limitado del entendimiento; la rectitud de la voluntad humana a la hora de obrar, creyéndose el hombre infalible, frente a la voluntad torcida e inclinada al pecado que necesita de la gracia. Todos estos errores llevan a una concepción naturalista de la vida, que niega todas y cada una de las creencias católicas y sobrenaturales, que para Donoso Cortés recogen y atesoran la verdad y la realidad de la naturaleza humana. Como pensador político, Donoso saca de estos errores metafísicos y su origen en la negación de la soberanía y existencia de un Dios personal, consecuencias políticas:

En la soberanía de la razón y de la inteligencia humanas, ve Donoso el fundamento del derecho público revolucionario y la libertad de pensamiento. De la afirmación de la rectitud de la voluntad deduce el sufragio universal, el sistema republicano y la democracia, que según él, se fundan en la autonomía del individuo y por extensión del pueblo, que no requiere de nadie ajeno que le dirija, que debe ser autogobernado. Finalmente, de la perfección y autonomía humana deduce que las pasiones no son algo negativo, lo que lleva en las esferas políticas a la demagogia y al populismo, que buscan la satisfacción de las concupiscencias y voluptuosidades humanas.

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