Tal Día como Hoy

Juan Bosco

Sacerdote, educador, escritor italiano del siglo XIX, fundador de la Congregación Salesiana

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Juan Bosco, de nombre Giovanni Melchiorre Bosco y más conocido como Don Bosco (I Becchi, Reino de Cerdeña, 16 de agosto de 1815-Turín, 31 de enero de 1888), fue un sacerdote, educador y escritor italiano del siglo XIX. Su vida y su obra están profusamente documentadas desde sus inicios.​ Fundó la Congregación Salesiana, la Asociación de María Auxiliadora (ADMA), la Asociación de Salesianos Cooperadores, el Boletín Salesiano, el Oratorio Salesiano y el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. Promovió la Asociación de Exalumnos Salesianos, el desarrollo de un sistema pedagógico moderno conocido como sistema preventivo para la formación de los niños y jóvenes, y la construcción de obras educativas al servicio de la juventud más necesitada, especialmente en Europa e Iberoamérica. Fue uno de los sacerdotes más cercanos al pontificado de Pío IX y al mismo tiempo propugnó mantener la unidad de la Iglesia durante los duros años de la consolidación del Estado italiano y los enfrentamientos entre este y el papa que ocasionó la pérdida de los llamados Estados Pontificios y el nacimiento de la Italia Unificada. Fue autor de numerosas obras, todas dirigidas a la educación juvenil y a la defensa de la fe católica, lo que lo destaca como uno de los principales promotores de la imprenta.

Las constituciones de la Congregación Salesiana fueron aprobadas por la Iglesia el 3 de abril de 1874.​ A partir de entonces se manifestó en su total dimensión el proyecto indiscutiblemente misionero de Juan Bosco.​ En los últimos 14 años de su vida destinó a miembros de su congregación a la Argentina (1875),​ Francia (1875),​ Uruguay (1876),​ Colombia (1876),​ España (1881),​ Brasil (1883),​ Chile (1887),​ Inglaterra (1887),​ y Ecuador (1888).​ Dispuso la realización de once sucesivas «expediciones misioneras» entre 1875 y 1887 a diferentes países de América del Sur. Su prestigio como sacerdote y como educador de los jóvenes necesitados o en riesgo le valió el respeto de las autoridades civiles y religiosas de su tiempo y de su país, así como una notable fama en el extranjero. Sus obras fueron requeridas directamente por jefes de Estado o autoridades eclesiásticas de Argentina,​ Ecuador,​ El Salvador,​ Tierra Santa,​ Panamá,​ Colombia​ y Venezuela, entre otros países. Fue un visionario de su tiempo al punto de predecir acontecimientos que se darían a lo largo del siglo XX en lo referente a sus salesianos, a la Iglesia católica y al mundo en general. El 1 de abril de 1934, solo 46 años después de su muerte en 1888, Juan Bosco fue canonizado por el papa Pío XI. Juan Pablo II le confirió el título de «Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes».​​ Poblaciones, provincias, parques, calles, teatros, museos, universidades y sobre todo colegios llevan su nombre. La Familia Salesiana es uno de los grupos católicos más numerosos del mundo y existen obras de don Bosco en 134 países.​​

El lapso de vida de don Bosco (1815-1888) coincidió con lo que en la Historia de Italia se conoce como el periodo de unificación italiana o el resurgimiento italiano (1815-1914). Don Bosco solo fue ciudadano italiano desde que se declaró definitivamente el Reino de Italia en 1870; anteriormente a esto, don Bosco era un súbdito del Reino de Piamonte-Cerdeña.​

A pesar de su apoyo al papado y a la monarquía, don Bosco evitó pronunciarse contra el proceso de unificación italiana para no exponer a sus jóvenes. En una sola excepción se manifestó respecto a la presión del marqués de Azeglio para participar en festejos nacionalistas:

La mayoría de los estados en los que se dividía la península itálica estaban ligados a dinastías consideradas como «no-italianas», entre ellas los Habsburgo y los Borbón. El Reino Piamonte-Cerdeña, en cambio, estaba regido por la Casa de los Saboya, los únicos que fueron considerados auténticamente «italianos», razón por la cual llegaron a ostentar el título de «Rey de Italia». Por otra parte, la Iglesia católica ejercía soberanía sobre varios estados del centro de la Península conocidos como Estados Pontificios, los cuales fueron integrados al Reino de Italia en 1870, lo que incluyó a Roma, solicitada por los nacionalistas como la capital de la nueva unidad política. Don Bosco nació en uno de los estados clave dentro del proceso de unificación italiana, bajo el reinado directo de los Saboya.

Como capital del Reino Piamonte-Cerdeña, Turín era una ciudad de enorme importancia y actividad política y económica durante el siglo XIX. Fue la capital del Reino de Italia bajo Víctor Manuel II​ y vivió una rápida época de transformaciones y renovación bajo Cavour a partir de 1850.​ Esta enorme importancia desde la ciudad piamontesa atraería a lo largo del siglo la emigración campesina y en especial de niños y jóvenes empobrecidos que terminaban contratados de manera irregular en fábricas, ya que el campo estaba empobrecido a causa de las guerras napoleónicas que agobiaron el Piamonte hasta principios del siglo. La Gaceta del agricultor describía la situación en 1848 en los siguientes términos:

Don Bosco llegó a Turín en 1841, año de su ordenación y justo en el momento en que la ciudad comenzaba su desarrollo industrial, como en muchos centros europeos y norteamericanos y en que emergían de forma más aguda las clases empobrecidas y, sobre todo, los jóvenes que venían de todas partes a las metrópolis como Turín, donde eran explotados y maltratados.​ Su figura llegó a ser con el tiempo emblemática en la ciudad piamontesa, sobre todo con el desarrollo de su obra en Valdocco.

Entre los papas del siglo XIX, el beato Pío IX (1792-1878) tuvo una especial importancia en la historia de la unificación italiana y en la vida y obra de don Bosco. Pío IX, el último «papa-rey» de los Estados Pontificios y el papa de pontificado más largo de la historia luego del que se adjudica tradicionalmente a san Pedro (31 años, entre 1846 y 1878), fue conocido también como «el papa de don Bosco»,​ ya que dio un apoyo incondicional a su apostolado y mantuvo un gran aprecio por el carismático sacerdote turinés.​

El siglo XIX fue llamado «el siglo de las libertades»,​ un siglo de profundas transformaciones mundiales y revoluciones en todos los sentidos. Durante este tiempo las consecuencias más importantes de la Revolución francesa tomarían lugar especialmente con el avance de los nacionalismos en Europa y el nacimiento de las repúblicas americanas. Fue el siglo de las revoluciones industriales, el desarrollo del concepto moderno de democracia, el siglo de grandes inventos, del materialismo dialéctico y del impresionismo artístico.​ En el siglo XIX el capitalismo ya era un sistema que definía de manera sistemática todas las formas de vida sociales y además generaba injusticias entre las mayorías desposeídas.​ En ese contexto:

Cuando don Bosco nació en 1815, el Imperio español, primero sometido a las ambiciones napoleónicas y después debilitado, se enfrentaba al avance del nacionalismo criollo en Hispanoamérica que llevaría al nacimiento de nuevas repúblicas declaradas varias décadas antes de la misma italiana y que jugarían un papel primordial en el desarrollo del carisma salesiano. Pero mientras América se liberaba del colonialismo europeo, África y Asia eran repartidas por ese mismo sistema colonial.

Según los libros parroquiales donde se asentaban los nacimientos, Juan Bosco nació de las segundas nupcias de Francisco Luis Bosco con Margarita Occhiena, en I Becchi, pedanía de Castelnuovo d'Asti, el 16 de agosto de 1815 y fue bautizado al día siguiente.​ Sin embargo, en las autógrafas Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales, escritas y revisadas entre 1873 y 1881, el propio don Bosco afirmó: «El día consagrado a la Asunción de María al cielo fue el de mi nacimiento», es decir, el 15 de agosto.​

Francisco Luis había sido viudo y tenía un hijo, Antonio Bosco, antes de su segundo matrimonio con Margarita. Una hija de su primer matrimonio, Teresa, había muerto en su infancia. Margarita Occhiena tuvo dos hijos con Francisco: el primero fue José Bosco (1813-1862) y el segundo Juan Melchor. En la casa vivía también la madre de Francisco Luis cuyo nombre era también Margarita.

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