Tal Día como Hoy

Juan Bautista Topete

Marino y político español (siglo XIX)

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Juan Bautista Topete Carballo Romay (San Andrés Tuxtla, Nueva España, 24 de mayo de 1821 – Madrid, 27 de octubre de 1885) fue un marino, militar y político español, vicealmirante de la Armada Española, senador de España y ministro de Marina de España, recordado por su intervención en la guerra del Pacífico y en la Revolución de 1868. Fue ministro de Marina en varios gobiernos y presidente del Consejo de Ministros interino en tres ocasiones (del 25 de agosto al 21 de septiembre de 1869, del 27 de diciembre de 1870 al 4 de enero de 1871, y del 26 de mayo al 5 de junio de 1872).

Nació en San Andrés Tuxtla, intendencia (actual estado) de Veracruz, virreinato de la Nueva España (actual México), donde estuvo destinado su padre, el cartagenero Juan Bautista Topete y Viaña, entonces comandante de la Tercera División de Milicias del Sotavento (luego ministro de Marina), cuya sede mudó al puerto de Alvarado. Su madre, Clara Carballo y Romay, originaria de Tlacotalpan (Veracruz), perteneció a una influyente familia española del virreinato en la próspera región (contando entre sus parientes a Francisco Lagos Cházaro, presidente de México a inicios del siglo XX, el general Eduardo Hernández Cházaro, entre otros). Tuvo dos hermanos marinos: Ramón Topete Carballo Romay, vicealmirante de la Real Armada (1819, San Andrés Tuxtla – 1908, Madrid)​ y Ángel Topete Carballo Romay, capitán de navío de 1.ª clase.​

Tras la independencia de México al poco tiempo de su nacimiento, su familia se mudó a La Habana, donde pasó su niñez y parte de su juventud. Viendo la inclinación del joven hacia las cosas de la mar, sus padres le autorizaron y realizaron la petición de solicitud de acceso a la Real Armada, en la que entró a los quince años, corriendo el año de 1836.

Desde el cierre de las Reales Compañías de Guardiamarinas y Colegio Naval, hasta la apertura del nuevo centro de enseñanza marítima propiciado por el ministro Armero, quienes obtenían la gracia del alumnado no formaban cuerpo ni compartían aulas, sino que directamente embarcaban en dilatados periplos de prácticas, en los buques disponibles de la Armada. El joven Topete hubo de ir a San Fernando a pasar el examen de acceso. Después de pasadas las pruebas, la Real Orden del 26 de agosto de 1836 dice: «que ha sido examinado en el día de la fecha el agraciado a plaza de guardiamarina don Juan Topete, de todos los trabajos del curso de estudios elementales de la Marina de don Gabriel Ciscar, y hallándose impuesto en todos, mereció aprobar en grado de regular», lo que no dejaba de entrever una notable cicatería. Pero el resultado no influyó para nada, ya que en el mismo día de su aprobado se le ordenó embarcar en la fragata Esperanza, para comenzar a curtirse en las cosas de la mar. Lejos quedaban los tiempos de las Reales Compañías de Guardiamarinas, que previamente preparaban a los jóvenes.

Durante cerca de tres años, entre 1836 y 1839 cubrió las primeras etapas en las aguas de la isla de Cuba, primero en el bergantín Marte y a continuación con la fragata Restauración, con las que realizó innumerables cruceros tratando de combatir el contrabando de armas y el tráfico de negros. También, y por poco tiempo, desempeñó comisiones a bordo de la corbeta Villa de Bilbao. Tanta permanencia en la mar produjo que su salud se resintiera, por lo que embarcó en la fragata mercante Unión, en la que efectuó la travesía del océano Atlántico, llegando a Santander a finales de 1839, recién acabada la primera guerra carlista.

El año 1840 lo pasa embarcado en varios buques, entre ellos el vapor Delfín y las fragatas Isabel II y Cortés. Por orden superior, transborda al bergantín Patriota, con el que realiza intervenciones de todo tipo en las aguas del Mediterráneo, frente a las costas de Cataluña y Levante, desde transporte de tropas, municiones y pólvora, hasta expatriaciones de personas.

El 2 de enero de 1841 embarca en la fragata Isabel II con destino a La Habana, donde su padre ya no está al mando del arsenal. A su llegada transborda a su ya conocido bergantín Marte. El cambio de buques es constante, pues hay pocos oficiales; embarca en la corbeta Liberal y más tarde en el vapor Congreso, realizando con todos ellos cruceros por el sinus Mexicanus. El 21 de octubre, como figura en su Hoja de Servicios:

Por su arrojo y valentía fue condecorado posteriormente con la Cruz del Mérito Naval.

La persecución de los buques negreros se convirtió en la misión principal de la Armada Española en aguas americanas. El gobernador Jerónimo Valdés convoca a los traficantes de esclavos e impide el desembarco de expediciones en la isla, poniendo fin a tan inhumana y longeva acción. Hasta 1844 se encuentra afecto a las fuerzas navales del apostadero de La Habana, por lo que utiliza los buques que allí están, siendo entre otros el vapor Congreso y la fragata Isabel II.

Un nuevo desplazamiento a la península a bordo del Soberano, de 74 cañones, se convierte en una experiencia nueva y reveladora, al estar en uno de los viejos navíos de línea de los que ya casi no quedaban en la Armada.​ No obstante, su nuevo ascenso a teniente de navío le obliga a regresar a Cuba, donde llega en la Nochebuena de 1845.

Al llegar se le otorga el mando de la goleta Cristina, de la que no puede tomar el mando hasta la primavera de 1846, pues es comisionado a la isla de Puerto Rico como oficial del navío Soberano.​ Con su buque desarrolla las misiones encomendadas, prestando servicios en Baracoa, isla de Corremell, Mujeres y Centoy. La situación en esos momentos es muy crítica e incómoda, pues se había fusilado al poeta Plácido, acusado de conspirar contra la corona de España.

El año 1847 se convierte en uno de los más difíciles, ya que por primera vez los secesionistas cubanos inician conversaciones con los Estados Unidos, por lo que, al mando de la goleta Cristina, Topete tiene que ir de un lado a otro de la isla para tratar de evitar el contrabando de armas yanqui.

Al empeorar su salud, pide y se le concede un permiso de cuatro meses, pero se le destina a la Corte, donde cumple misiones de enlace. El 21 de noviembre de 1849 se le nombra oficial de órdenes de la división naval del Mediterráneo, que cubre desde el arsenal de Cartagena a la frontera con Francia, incluidas las islas Baleares. La división está compuesta por la corbeta Mazarredo, el bergantín Volador y el vapor Vulcano, siendo Topete el comandante de la Mazarredo.

La expedición a los Estados Pontificios

Por aquel tiempo, los disturbios producidos en Italia por los intentos de unificación y la proclamación de la República Romana habían despojado al papa de sus bienes temporales. Narváez, por entonces presidente del Consejo de Ministros, ordenó la formación de un ejército y despachó una expedición a Roma, habiendo acordado previamente su apoyo con las principales potencias católicas: Austria, Francia y las Dos Sicilias.

Era la primera vez en muchos años que España afrontaba un desplazamiento de hombres y buques sin apoyo directo de la península, lo que no dejaba de ser un reto importante. La expedición estaba formada por los vapores de ruedas Isabel II, Vulcano, Lepanto, Piles, Castilla y Blasco de Garay, la fragata Cortés y las corbetas Villa de Bilbao y Mazarredo, al mando del brigadier José María de Bustillo. Transportaban a un ejército de 5000 hombres al mando del general Fernando Fernández de Córdova, marqués de Mendigorría.

Después de una travesía un poco molesta por los malos vientos y un temporal, llegaron a Gaeta y el papa Pío IX pasó revista a las fuerzas, a las que bendijo. Se pusieron, pues, en marcha, tomando posiciones en Terracina, sin encontrar una resistencia seria a su paso. Al poco, y ya con el campo despejado, entró el general francés Nicolás Oudinot en Roma, al frente de 30 000 hombres, por lo que se restablecieron los Estados Pontificios.

La fuerza expedicionaria española regresó a la Península desilusionada, pero colmada de honores y galardones, como la Cruz de San Silvestre que les fue concedida por el papa Pío IX, más otra no menos importante concedida por el rey Fernando II de las Dos Sicilias, y la gracia de la Real Orden y la Cruz de la Muy Distinguida Orden de Carlos III, que otorgó la reina de España, por haber realizado su labor con efectivo celo. En este año de 1849, la Real Armada española se reducía a un navío, cinco fragatas, dos corbetas, un bergantín y seis vapores.

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