Juan de Dios Álvarez Méndez, Mendizábal (Cádiz, 25 de febrero de 1790-Madrid, 3 de noviembre de 1853) fue un político liberal y hombre de negocios español. De origen relativamente humilde, se convirtió en el principal protagonista de la Revolución liberal española.
Origen y cambio del segundo apellido
Hijo de Rafael Álvarez Montañés, comerciante, y de Margarita Méndez, aprendió idiomas modernos y recibió formación comercial en el negocio de su padre. Durante la guerra de la Independencia, sirvió en el Ejército del Centro y, habiendo sido capturado en dos ocasiones, logró fugarse en ambas. El 21 de febrero de 1812 se casó con Teresa Alfaro, y desde entonces decidió cambiar su segundo apellido, Méndez, por Mendizábal, para ocultar el origen al parecer judío de los Méndez, según la opinión más generalizada, por más que, en 1811, siendo ministro de Hacienda del Ejército del Centro, firmaba ya sus documentos como Mendizábal, tal y como se puede encontrar en el Archivo Histórico Provincial de Albacete, por lo que su nombradía como "Mendizábal" le precedía antes de casarse.
La casa de los Méndez, dedicada al negocio de la trapería, a la que pertenecía su madre, era conocida en Cádiz como una familia de cristianos nuevos de origen judío. Eso explicaría, según el historiador Juan Pan-Montojo, su decisión de «cambiar su segundo apellido por el de Mendizábal, con el que se otorgaba un origen vasco, garantía en sí mismo de limpieza de sangre. La nueva identidad resultaba tanto más útil para fabricar su imagen, por cuanto que la casa de comercio de Miguel Mendizábal era una de las más importantes del Cádiz dieciochesco». Además, en el acta matrimonial declaró ser natural de Bilbao.
El apelativo de «judío» para referirse a Mendizábal cuando este alcanzó el poder se utilizó con frecuencia en la prensa antiliberal de su tiempo e incluso en algunos casos apareció representado con rabo, un aditivo que se suponía propio de los judíos —y del diablo—, por lo que también utilizaban el mote del «rabilargo Juanón» — además de «rabino Juanón».
Mendizábal resaltó el hecho de que no provenía de uno de los grandes linajes aristocráticos o burgueses en diversas ocasiones, como en el discurso del 6 de abril de 1836 que pronunció como presidente del Gobierno ante las Cortes del Estatuto Real, en que dijo que su educación había sido «literaria», porque había estado «siempre aplicado al trabajo para adquirir una fortuna», o cuando poco después en otro discurso se llamó a sí mismo «hijo del pueblo», a quien «no se verá nunca con buenos ojos que la nación me deba un buen gobierno que le proporcione prosperidad en el porvenir». «En la vida de Mendizábal, negocios y política resultan prácticamente inseparables: él insistió siempre en que la política le costaba dinero, que le había hecho sacrificar cuatro veces su fortuna, cifra que debe aumentarse porque murió en la pobreza».
Ascenso social y político (1817-1834)
Durante la guerra se ocupó de las tareas de avituallamiento del ejército, a través de las cuales entró en contacto con la familia valenciana Bertrán de Lis, dedicada al suministro de las tropas y cuyo patriarca era Vicente Bertrán de Lis, del que al acabar la guerra aceptó un empleo. En 1817, Mendizábal y su esposa se trasladaron a Madrid y allí nació su primer hijo, del que fueron los padrinos sus patrones Vicente y Luis Bertrán de Lis. Ese mismo año pasó a ser socio de la casa, haciéndose cargo de los suministros de las tropas en la Baja Andalucía, junto con el hijo de su jefe, también llamado Vicente. Este último fue el que lo puso en contacto con el grupo de liberales con los que la familia Bertrán de Lis estaba relacionado —el patriarca Vicente Bertrán de Lis era un importante dirigente liberal en Valencia y por ello fue encarcelado cierto tiempo tras la restauración del absolutismo en 1814 por Fernando VII; un hijo de aquel, Félix Bertrán de Lis, fue ajusticiado en Valencia en enero de 1819 por haber participado en una conjura militar presuntamente masónica contra la Monarquía absoluta.
Así en el otoño de 1819 Mendizábal ya formaba parte de la conspiración liberal, en la que participaban entre otros Francisco Javier Istúriz y Antonio Alcalá Galiano, que culminaría con el pronunciamiento de Rafael del Riego de principios del año siguiente. Así mismo, ingresó en la logia masónica que organizó la conspiración en Cádiz, según el testimonio de Alcalá Galiano, aunque según Juan Pan-Montojo, esta fuente no resulta del todo fiable, por lo que la condición de masón de Mendizábal no está clara. Según se cree, fue masón del «Taller Sublime» de Cádiz junto a Francisco Istúriz y Antonio Alcalá Galiano.
Desempeñó un papel muy activo en la organización y desarrollo del pronunciamiento de Riego iniciado en Cabezas de San Juan el 1 de enero de 1820 y formó parte de la junta rectora del mismo junto con el propio Riego, Evaristo Fernández de San Miguel, Fernando Miranda y otros. Su papel principal fue el de financiar el alzamiento, como lo recoge un testimonio escrito por Riego a petición del propio Mendizábal:
Adelantó dinero para la conspiración de Rafael del Riego y se unió a su tropa desde el 27 de enero hasta el 4 de marzo de 1820. Se dedicó por entonces a la importación de carey de Birmingham para fabricar peines.
Durante el Trienio Liberal no obtuvo ningún cargo público a pesar de su estrecha relación con Rafael del Riego y, aunque no abandonó la actividad política, se dedicó a los negocios por cuenta propia o para la compañía de los Bertrán de Lis, de la que era socio, y entre los que siguieron estando las contratas de suministro al ejército. Hubo quien le acusó de que su enriquecimiento durante esos años se debió a sus contactos con la clase política para realizar grandes negocios. Cuando se produjo la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis enviados por la Santa Alianza para restaurar el poder absoluto del rey Fernando VII, Mendizábal y la casa Bertrán de Lis financiaron el traslado de la corte y de las Cortes de Madrid a Cádiz y al ejército que resistió el sitio de las tropas francesas. También participó en la organización de sus defensas. Cuando la plaza finalmente se rindió Mendizábal marchó al exilio para escapar de una condena a muerte dictada contra él. El 30 de septiembre de 1823 escapó a Gibraltar y desde allí se dirigió a Londres.
En la capital británica, a diferencia de la mayoría de los liberales españoles que se encontraban allí exiliados dedicados a las reuniones conspirativas y a las actividades políticas, Mendizábal se volcó en los negocios, gracias a sus contactos con los representantes de las casas comerciales de Cádiz, especialmente aquellas dedicadas a la exportación de los vinos de Jerez que cada vez tenían más demanda en Gran Bretaña. La propia familia Mendizábal acabó fundando su propia empresa bajo el nombre Antonio Álvarez y Cía. Sin embargo, su dedicación a los negocios —que extendió al mundo financiero y a la Bolsa de Londres— no lo apartó de la vida política y siguió en contacto estrecho con otros políticos liberales exiliados como Espoz y Mina, José Canga Argüelles o José María Torrijos.
En Londres ingresó en prisión por deudas, aunque pronto logró salir a flote negociando la importación de vinos españoles. Allí consolidó una gran red de amigos y socios que en el futuro le resultarían muy útiles. Sus negocios le llevaron a Francia al menos en 1828 y en 1830.
En 1830, tras el triunfo de la Revolución de Julio en Francia, se desplazó a París con otros liberales españoles —entre ellos Vicente Bertrán de Lis— para organizar y financiar el pronunciamiento que encabezó Espoz y Mina aquel mismo año. «Él mismo se acercó a Bayona, desde donde siguió la incursión liberal en Navarra y Guipúzcoa». Al parecer en esta expedición de Vera participaron Ardouin y otros financieros.
Tras el fracaso de esta rebelión, Mendizábal se lanzó a una empresa política y financiera nueva: intervenir en la guerra civil portuguesa apoyando a los liberales portugueses exiliados que estaban liderados por don Pedro que había vuelto de Brasil para devolver la Corona portuguesa a su hija María da Glória que la había perdido en favor del absolutista Miguel I de Portugal, el hermano de don Pedro, todo ello como preludio a la unión ibérica de los reinos de España y Portugal bajo una misma corona. Así Mendizábal logró en septiembre de 1831 un empréstito de varios banqueros con el que adquirió dos fragatas con sus tripulaciones comandadas por oficiales ingleses. Esto permitió a los partidarios de don Pedro desembarcar en Oporto en junio de 1832, aunque la ciudad fue cercada por los «miguelistas», hasta que Mendizábal, junto con el liberal moderado portugués Pedro de Sousa Holstein duque de Palmela, organizó una segunda flota con tropas inglesas que levantó el cerco un año después. Desde allí salió una expedición que desembarcó en el Algarve al sur de Portugal y poco después, el 24 de julio de 1833, las tropas «pedristas» entraban en Lisboa y el 22 de septiembre desembarcaba en la capital la reina María da Glória —viaje que había organizado Mendizábal— que recibió el título de María II de Portugal.