Joseph Carey Merrick, también conocido como el Hombre Elefante (Leicester, Inglaterra, 5 de agosto de 1862-Londres, 11 de abril de 1890), fue un ciudadano inglés que se hizo famoso debido a las terribles malformaciones que padeció desde el año y medio de edad. Condenado al rechazo general y pasando varios años en ferias y exhibiciones de fenómenos, solo encontró sosiego en sus últimos años de vida. A pesar de su desgraciada enfermedad, sobresalió por su carácter dulce y educado. La mayor parte de su vida se le tildó de no tener una inteligencia destacada, pero en sus postrimerías demostró que tenía una inteligencia superior al promedio. Padeció síndrome de Proteus, del cual podría representar el caso más grave conocido hasta el momento.[cita requerida]
Su vida fue llevada al cine en la película de 1980 The Elephant Man, dirigida por David Lynch y protagonizada por John Hurt como Merrick y sir Anthony Hopkins como el doctor Frederick Treves.
Joseph Carey Merrick era hijo del matrimonio conformado por el comerciante Joseph Rockley Merrick (1838-1897) y Mary Jane Merrick (1837-1873). Tanto sus padres, como sus hermanos, eran de apariencia normal. Presentó los primeros síntomas de su enfermedad a los 18 meses, cuando su madre notó algunas pequeñas verrugas al bañarle. A partir de los 4 o 5 años de edad, en su cuerpo empezaron a formarse bultos y los huesos de sus extremidades y su cráneo se desarrollaron de forma anormal, agravado por una grave caída que le afectó a la cadera y le dejó cojo. En la edad adulta no llegó a superar el 1,57 m de altura.
Según su propio testimonio, de niño nunca pudo jugar con sus compañeros de colegio puesto que sus piernas y su cadera deformadas se lo impedían. A partir de entonces, el coraje y la valentía para sobreponerse a su enfermedad serían las constantes que definirían su vida. Su madre, Mary Jane, se empeñó en que asistiera a la escuela. Ella, aunque procedía del campo y de familia muy humilde, sabía leer y escribir y estaba muy ligada a la iglesia bautista de Leicester. Colaboraba dando clases dominicales a los niños que no podían acudir a la escuela durante la semana porque tenían que trabajar.
Cuando las deformaciones de Joseph empezaron a ser ya espectaculares, muchas personas se agrupaban en la calle para observarlo, hecho que hizo que Mary Jane lo llevara y trajera personalmente del colegio. También lo llevaba consigo cuando daba clases en la escuela dominical. Así, Joseph pasó toda su infancia al lado de su madre, lo que le desarrolló una gran dependencia de ella. De mayor, siempre la recordó como una madre muy cariñosa y entregada a sus hijos.
Joseph tuvo dos hermanos menores: William, nacido sano en 1866 y que falleció de escarlatina en 1870, y Marion Eliza, nacida enfermiza en 1867 y muerta en 1891 de mielitis y convulsiones.
El padre de Joseph, que siempre se había ganado la vida como cochero, abrió hacia 1870 una pequeña mercería que regentó junto a su mujer hasta 1873, año en que ella falleció a causa de bronconeumonía. Según Joseph (que tenía por entonces 11 años), ese fue el peor suceso de su vida, incluso peor que su enfermedad, ya que junto con su madre se iba la única persona que le había demostrado amor verdadero y lo había cuidado. Se quedó totalmente solo, y en este punto es cuando empezaron sus mayores padecimientos.
Poco tiempo después, su padre volvería a casarse con una viuda que tenía dos hijos; con ello, sus desgracias se recrudecieron, entrando así en una de las etapas más infelices de su vida, ya de por sí trágica. Su madrastra y hermanastros no lo aceptaron y, además de las vejaciones continuas que le propinaban e ignorando todas las dificultades que le ocasionaban sus deformidades, le exigieron que trabajase y ganase dinero para contribuir al sustento de la familia. Le reprochaban continuamente que se escudaba en sus malformaciones para no tener que trabajar. Joseph recordaba que su madrastra solía quitarle el plato de comida cuando todavía estaba a medio terminar recriminándole que, con lo poco que aportaba al hogar, lo que se había comido era mucho más de lo que merecía.
Ante la insistencia de la madrastra, y gracias a la colaboración de su tío Charles Merrick, consiguió emplearse en una fábrica de cigarros. En ella, estuvo trabajando durante dos años, hasta que su gigantesca y deformadísima mano derecha le impidió seguir atando hojas y, consecuentemente, lo despidieron.
Las continuas humillaciones domésticas de las que era víctima, y aunque ello le supusiese perder el almuerzo, lo llevaron a escaparse varias veces de casa. Su padre salía a buscarlo y Joseph sólo accedía a regresar si su padre le prometía que lo tratarían mejor. En estas huidas tampoco conseguiría escapar al dolor, pues sufría una gravísima deformación en la cadera que, unida a una pronunciada escoliosis, le requerían un esfuerzo adicional para mantenerse en pie. Su padre, al que posteriormente en su autobiografía le reprocharía que nunca lo quiso como a un hijo, le consiguió una licencia de vendedor ambulante. Con un carro de mano, Joseph recorría las calles de Leicester vendiendo artículos de la mercería de su padre. En pleno desarrollo de la adolescencia, las dolencias de Joseph empeoraban y su aspecto era ya impactante. Su imagen ya causaba sorpresa y, evidentemente, su labor como vendedor fue un fracaso total.
Por esos días, la mandíbula de Joseph se había deformado y un gran tumor le iba creciendo justo encima de la boca haciendo que su manera de hablar fuera casi ininteligible. Al final de su vida Merrick describiría cómo en ese nuevo periplo por las calles de Leicester, niños y mayores se apiñaban a su alrededor gritándole e insultándolo. Al no vender nada, en su casa las cosas no mejoraron y a veces, Joseph daba a su padre el dinero que le daban para el almuerzo haciéndolo pasar como si fuera dinero obtenido de las ventas, así que prefería pasar el día sin comer antes que soportar las reprimendas de su madrastra.
Finalmente, la insoportable presión familiar, los sucesivos ultimátum de su madrastra hacia su padre y un castigo físico hicieron que Joseph se marchara de casa para siempre, llevándose sus pocas pertenencias en su carro de vendedor a la edad de quince años. Tras marcharse de casa, continuó vendiendo durante el día las mercancías de la mercería que se había llevado consigo y por la noche dormía en la calle. Su tío, Charles Merrick, hermano menor de su padre, regentaba una barbería y alertado por vecinos de la situación de su sobrino, salió a buscarlo y lo tuvo en su casa durante dos años. Joseph siempre recordó el buen trato que recibió de sus tíos. Su tío, quien falleció en 1925, testimonió el mal trato que recibió Joseph por parte de su madrastra y el total abandono de su padre. Este hecho hizo que las relaciones entre Charles y su hermano fueran muy tensas. También mencionaba Charles Merrick la gran voluntad de su sobrino a quien veía salir todos los días a vender con su carro aun sabiendo que regresaría con las manos vacías.
En 1879, la vida de Joseph volvió a complicarse. El gremio local de vendedores ambulantes había denunciado que Joseph Merrick daba «mala imagen» al sector y pidió que no se le renovara la licencia para vender. Joseph ignoraba esa queja y cuando fue a renovar su licencia se encontró que le negaban la renovación. La casa de su tío era muy pequeña y Charles y su esposa esperaban un hijo. Joseph pensó que era una carga muy grande para ellos y que no debía abusar de su amabilidad. Aun en contra de la opinión de su tío, Joseph decidió ingresar en la Leicester Union WorkHouse a finales de 1879. Las condiciones de vida de las denominadas Workhouse (casas de trabajo) eran sumamente duras y Joseph las resistió durante doce semanas. Salió, pero sólo por dos días. Cuando se dio cuenta de que jamás encontraría trabajo como una persona normal, tuvo que regresar y permaneció allí durante cuatro años.
Joseph siempre habló de su estancia en ese local con miedo y horror. Al cuarto año de estar allí, la protuberancia que le crecía en la cara ya le impedía comer y los responsables de la Work House creyeron conveniente llevarlo a la «Leicester Infirmary» para que lo operaran y, de paso, se lo quedaran, ya que en la Work House no se daba asilo a aquellos que no podían ganarse la sopa y la cama que les ofrecía el Estado inglés a cambio de trabajo.