Tal Día como Hoy

José de Mazarredo

Marino y militar español

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José Domingo de Mazarredo-Salazar de Muñatones y Gortázar​​ (Bilbao, 8 de marzo de 1745-Madrid, 29 de julio de 1812) fue un marino y militar español, teniente general de la Real Armada.

José Ignacio González-Aller lo considera el mejor marino español de su época, y con él al mando de la Escuadra cree que se hubieran podido evitar las derrotas de San Vicente y Trafalgar.

Nació en Bilbao el 8 de marzo de 1745, hijo de Antonio José Vitoriano de Mazarredo-Salazar de Muñatones Morgan y Rucabado y de María Josefa de Gortázar y Arandía.

En 1759, a los catorce años, sentó plaza de guardiamarina en el departamento de Cádiz. En este empleo embarcó en el chambequín Andaluz, al mando del capitán de fragata Francisco de Vera. En este buque ya se distinguió en la mar, como antes lo había hecho en los estudios, pues en la noche del día 13 de abril del año de 1761, impidió que el buque se estrellase contra las Salinas de la Mata. «Por sus acertadas disposiciones y por su firmeza en sostenerlas contra el dictamen de hombres prácticos en la mar, y por su osadía en embarcarse de noche en medio de un fuerte temporal en un pequeño bote, a recoger la lancha perdida y ver de salvar el buque, logró al menos sacar a salvo toda la tripulación de trescientos hombres», dice Fernández de Navarrete.

A los doce años de servicios, por el buen concepto en que le tenían sus superiores, fue nombrado ayudante de la mayoría del departamento de Cartagena.

En el año 1772 pasó a la fragata Venus, con la que fue a Filipinas al mando de Juan de Lángara (1772). Trasladado a la Santa Rosalía, participó en una campaña hidrográfica en Trinidad y Atlántico Sur (1774).

Asistió a la expedición contra Argel de 1775 y después se encargó de la compañía de guardiamarinas de Cartagena. Fueron obra suya los planes de navegación, fondeo y desembarco de los veinte mil hombres del ejército, a las órdenes del general O’Reilly.

Por los servicios distinguidos en esta campaña, el rey Carlos confirió a Mazarredo el cargo de alférez de la compañía de guardiamarinas de Cádiz, y en sus sucesivos empleos, de capitán de fragata y de capitán de navío, la comandancia de la nueva compañía creada en el departamento de Cartagena. En este puesto no sólo atendió a la dirección de la Escuela de Guardiamarinas, sino que tomó parte activa en la enseñanza de la náutica y la maniobra, escribiendo algunos trabajos orientados al objeto, como la "Colección de Tablas para los usos más necesarios de la navegación".

Nombrado comandante del navío San Juan Bautista (1778), realizó levantamientos hidrográficos en la península ibérica, contribuyendo enormemente a la creación del "Atlas Marítimo".

En 1779, siendo mayor general (grado equivalente al de hoy de jefe de Estado Mayor) de la escuadra del general Gastón, puso en práctica los "Rudimentos de Táctica Naval" que había escrito cuando era teniente de navío, así como sus "Instrucciones de señales".

Su éxito como mayor general lo obtuvo principalmente al año siguiente en la escuadra de don Luis de Córdova, reforzada con seis navíos franceses: por una atrevida maniobra, que todos consideraban temeraria, se apresó el día nueve de agosto a la altura de las islas Azores, un importante convoy británico de cincuenta y tres velas, con mercancías y víveres para su ejército en la lucha contra los independentistas norteamericanos. Este cargamento de 80 000 mosquetes y cañones, y más de un millón de libras esterlinas en oro y plata, hubiera permitido a los ingleses triplicar el tamaño de su ejército, pasando de una relación de tropas de 1 a 1 entre independentistas e ingleses a una proporción de 3 a 1 a favor de Inglaterra, lo que hubiera significado un hecho decisivo en la guerra.

Tres de las fragatas británicas apresadas sirvieron después en la Real Armada Española con los nombres de Colón, Santa Balbina y Santa Paula; con el apresamiento se hicieron casi 3000 prisioneros.

Debióse también a Mazarredo la salvación de la gran escuadra hispano-francesa, que estaba compuesta por veintiocho navíos y cuatro fragatas españolas y treinta y ocho navíos y veinte fragatas francesas, que escoltaban un rico convoy de ciento treinta velas, que iba camino de perderse por la inoportuna salida que ordenó el general conde d’Estaing, contra el voto de Mazarredo y que este pudo subsanar, consiguiendo que arribase la flota a Cádiz, pocos días después de haber salido de ese puerto, ante la amenaza de un fuerte temporal que, una vez transcurrido, hizo caer en la cuenta de lo acertado de su decisión.

En 1782 tomó parte con la escuadra que bloqueaba a Gibraltar en el ataque de las baterías flotantes y en el combate indeciso que aquella riñó, frente al cabo de Espartel, con la británica del almirante Howe, cuando ésta regresaba al Atlántico, después de haber conseguido introducir en Gibraltar el socorro que tanto necesitaba la plaza.

Al final de esta campaña, se consiguió la Paz de 1783, siendo ascendido por ello a jefe de escuadra. «Ningún ramo de la marina militar se ocultó a su inteligencia y a su celo.» Dio un gran impulso a la enseñanza con ocasión de ejercer las funciones de capitán de las tres compañías de guardiamarinas, las de Ferrol, Cádiz y Cartagena. En 1786 fue mandado por Floridablanca a Argel para la negociación del Tratado de Paz Hispano Argelino que pretendió poner fin al largo enfrentamiento entre ambas naciones, pero que devino en la pérdida española de Orán en 1790.​

En 1789 fue ascendido a teniente general y estuvo algún tiempo en Madrid, dedicado a la redacción de las "Ordenanzas", auxiliado por su inseparable ayudante el capitán de navío Antonio de Escaño.

Interrumpió esta tarea al ser nombrado segundo jefe de una escuadra mandada por el marqués del Socorro; embarcó en Cádiz arbolando su insignia en el navío Conde de Regla, pasando después al navío San Hermenegildo. Con esta escuadra, en una ocasión salió en persecución de una británica hasta el cabo de Finisterre, quedando después cruzando por aquellas aguas, hasta que se firmó la paz con el Reino Unido de la Gran Bretaña.

De regreso a Madrid, terminó las "Ordenanzas" en el año de 1793, siendo recompensado por el rey con una encomienda de la Orden de Santiago.

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