José María del Castillo y Rada (Cartagena de Indias, 20 de diciembre de 1776-Bogotá, 23 de febrero de 1835) fue un abogado y político colombiano, quien ocupó la presidencia de Colombia por primera vez en 1821 como vicepresidente interino de la Gran Colombia, correspondiéndole la sanción de la Constitución de la República de Colombia de 1821 y las primeras leyes de la nación; y por segunda ocasión el 28 de diciembre de 1828, como presidente del Consejo de Estado. Participó en el Congreso de 1821. Además, sirvió como secretario de hacienda desde 1821 hasta 1828, y así estuvo encargado de las finanzas públicas en la recién creada República de Colombia.
José María del Castillo era hijo de Nicolás del Castillo, un inmigrante español que llegó a integrar la élite de Cartagena de Indias, casado con Manuela Rada De la Torre.
Llegó muy joven a Santafé, donde recibió la beca del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (hoy Universidad del Rosario) en la carrera de jurisprudencia. Se destacó como abogado de los tribunales de justicia de la administración colonial. José María Del Castillo contrajo matrimonio en Santafé en 1801 con la dama bogotana Teresa Rivas Arce. Su hermano Manuel del Castillo y Rada participó en la Revolución y murió fusilado en el año de 1816 en la Reconquista de Morillo.
Participó como muchos jóvenes de su generación en las actividades clandestinas que fueron propagando las ideas de la ilustración y que motivaron al movimiento de independencia del 20 de julio de 1810, pero su figuración posterior no fue en el arte de la milicia como la mayoría de sus compañeros, sino que brilló por la riqueza de sus ideas, la manifestación de sus posiciones y las tesis que sobre legislación, economía y política difundió desde el periódico El Argos. La acogida a sus brillantes aportes lo llevaron a ser elegido como integrante del Colegio Electoral que dio origen al Estado de Cundinamarca.
Cuando el ejército de Baraya resolvió cambiarse de bando y apoyar a los federalistas, fue incluido en una comisión enviada a Tunja para que evitara una guerra civil. Actuó luego como segundo representante de Tunja ante el Congreso de las Provincias Unidas. Fue nombrado gobernador de la [[provincia de Tunja, y como participante y expositor en el Congreso de Villa de Leyva]] de 1814, resultó elegido con José Fernández Madrid y Joaquín Camacho para el triunvirato que regiría la juridsicción de las provincias federalistas, el cual solo duró un mes, pues el 23 de noviembre fue modificada la Constitución y se creó la figura del presidente.
Al triunvirato llegó la propuesta de ascender a general a Simón Bolívar. Del Castillo fue el único que se opuso, y al ver perdida su posición, presionó a García Rovira para que asumiera la presidencia del triunvirato y firmara el decreto de ascenso, evento que sucedió el 28 de noviembre de 1814. Luego, con la victoria de las tropas sobre Cundinamarca, recibió el 21 de enero de 1815 la gobernación del Estado en reemplazo de José Sanz de Santamaría, ejerciéndola hasta el 6 de julio de 1815, cuando fue nombrado José María García Hevia en su reemplazo e Ignacio de Vargas como teniente de gobernador.
Del Castillo fue elegido presidente del Congreso de 1815, el mismo que abolió la figura del Triunvirato y eligió a Camilo Torres como presidente. El 18 de marzo de 1816 el presidente Fernández Madrid nombró a Del Castillo como secretario de guerra.
Bajo el régimen de Morillo, fue apresado y procesado por el Tribunal de Cuentas, que lo condenó a muerte. La sentencia fue conmutada, según la mayoría de biógrafos, por el concurso decidido y constante de varias mujeres que pidieron al fiscal Carlos Tolrá que la vida del ilustre abogado no fuera cegada, teniendo en cuenta la brillante conducta del presidiario. El fiscal, impresionado por los comentarios, visitó a Del Castillo en su celda para conocerlo y buscar la manera de salvarlo.
Al no lograr que el reo delatara a sus cómplices, negara su participación en el movimiento independentista y se rehusara a pedir perdón al gobierno y jurar lealtad al Rey, optó por mantener la condena a muerte, pero al final, sin haber una constancia histórica de lo que pasó, la pena de muerte le fue sustituida por la del presidio. Salió junto con Luis Eduardo de Azuola, José Sanz de Santamaría, Dionisio Gamba, Pantaleón Gutiérrez, Camilo Manrique, Sinforoso Mutis, Manuel Pardo, Estanislao Vergara y Florencio Ortiz, con grillos para ser embarcado a Cartagena.
Con la conformación de la Gran Colombia, que inicialmente integró los territorios de la Nueva Granada y Venezuela, Del Castillo fue elegido como vicepresidente interino por el Congreso Constitucional de de 1821, quedando encargado del poder ejecutivo para firmar y sancionar la nueva Constitución y la ley de libertad de negros y la prohibición del tráfico de esclavos, así como las posteriores leyes promovidas por él, como fueron las de honores a Simón Bolívar, honores a los vencedores de Carabobo y el establecimiento del título de mártires de la patria.
El 27 de agosto de 1828, al abrogar la constitución y proclamarse dictador, el presidente Simón Bolívar asumió mayores facultades, y entre las medidas que aplicó en el decreto, eliminó la figura del vicepresidente de la república y dejó en su lugar las facultades de gobierno al Consejo de Ministros. Es así como el 28 de diciembre de 1828, cuando Bolívar partió al Sur para dirigir personalmente operaciones militares, quedó encargado del ejecutivo al Consejo de Estado, que era presidido por Del Castillo, quien días antes le había respondido al Presidente que le conmutara a Santander la injusta condena a muerte emitida por el Consejo de Guerra que "investigó" la conspiración del 25 de septiembre de ese año. El Consejo de Estado, temeroso que la anarquía se apoderara de la nación, instruyó al ministro de relaciones exteriores que iniciara acercamientos con representantes de la Gran Bretaña y Francia para buscar el establecimiento de un sistema monárquico en la Gran Colombia, en el que Simón Bolívar sería Rey y que a su muerte fuera sustituido por un noble europeo.
Rector del Colegio del Rosario
Con la muerte de Bolívar, la disolución de la Gran Colombia y el establecimiento del gobierno santanderista, Del Castillo se marginó de la vida pública y se dedicó a dictar una cátedra en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, plantel que luego le otorgó el cargo de rector y en ejercicio del cual falleció. Sus funerales fueron muy suntuosos, organizados por sus discípulos, quienes le dieron sepultura en la capilla de la institución. Su sepulcro, discreto y sencillo como la conducta personal de quien yacía, fue sustituido años después por una magistral obra de mármol ejecutada en Europa por encargo de don José Ignacio París.
José María del Castillo y Rada fue también un partícipe fundamental de la arquitectura fiscal y económica de los primeros momentos de la Gran Colombia. Fue nombrado Secretario de Hacienda desde 1821 y en su cargo presentó una serie de exposiciones en 1823, 1826 y 1827 delante del Congreso. En estos documentos se encuentran las cambiantes opiniones y las soluciones económicas que presentó Castillo y Rada para los problemas iniciales del Gobierno.
En general, puede decirse que la política económica propuesta por José María del Castillo y Rada buscaba el aumento de los recursos estatales. Esta aparentemente simple proposición atravesó los esfuerzos de Del Castillo como secretario de Hacienda en la década de los veinte del siglo XIX y, en general, de la administración republicana temprana de la Hacienda. Pero los logros de José María del Castillo no sólo se reducen a las medidas, ciertamente impopulares en el momento, de la abolición de los diezmos y la desamortización de los bienes eclesiásticos en 1826-27. Sus preocupaciones sobre la economía del país se extendían mucho más allá de medidas fiscales o financieras (como los empréstitos heredados de la mala gestión de Francisco Antonio Zea). Apuntaban a la base económica de una nueva formación política en gestación, a, como ha señalado el historiador Renán Silva, la consecución de la felicidad del cuerpo social de esta nueva república.