José María Paz (Córdoba, 9 de septiembre de 1791 - Buenos Aires, 22 de octubre de 1854) fue un militar argentino que participó en varias guerras de la Argentina.
Hijo de criollos; su padre fue José Paz y su madre Tiburcia Haedo. Sus primeros estudios los realizó en la escuela de San Francisco. En 1804 ingresó como interno en el Seminario de Loreto, donde cursó filosofía y teología, para luego ingresar en la Universidad de Córdoba, terminando así su formación como bachiller de artes, con orientación a las matemáticas, el latín y la jurisprudencia.
Luego de la Revolución de Mayo abandonó los estudios para ingresar en el Ejército del Norte.
El 12 de septiembre de 1811 recibió la orden de marchar al Alto Perú a incorporarse al Ejército del Norte. En 1812 formó parte de las tropas del general Manuel Belgrano en las batallas de Tucumán y Salta, como ayudante del Barón de Holmberg, secretario de Belgrano. Por su arrojado valor obtuvo la insignia de «los defensores de la Patria», otorgada por el Segundo Triunvirato, y fue ascendido a capitán.
Presenció el acto en el cual el general Belgrano otorgó su bastón de mando a la Virgen de la Merced.
Participó en las batallas de Vilcapugio y Ayohúma, y en la de Venta y Media, serias derrotas para el Ejército del Norte. En la de Venta y Media, en 1815, realizaba un reconocimiento de avanzada cuando se encontró con una partida de realistas españoles que lo tirotearon. Su brazo derecho quedó inutilizado de por vida por esas heridas. Debido a la posterior invalidez se lo conoció en su época como «el Manco Paz». En 1814, el director supremo Juan Martín de Pueyrredón lo ascendió a coronel y lo nombró al frente de los batallones de Dragones de la Patria.
Su ingreso a las guerras civiles argentinas y el motín de Arequito
En 1817, Manuel Belgrano recibió órdenes de acudir a participar de la guerra civil que venía convulsionando al centralismo porteño a un año de la Declaración de la Independencia de 1816, aunque Belgrano se abstuvo de participar en una guerra que ―como José de San Martín― consideraba fratricida. El coronel Paz fue enviado por el Directorio porteño a luchar a las órdenes de su comprovinciano Juan Bautista Bustos contra Estanislao López, caudillo santafesino y jefe de las fuerzas federales al oeste del río Paraná, en la batalla de La Herradura (Córdoba), donde López venció a Paz y a Bustos.
El Directorio de Pueyrredón ordenó a todos los ejércitos nacionales que hicieran deponer las armas a los federales. Hacia tal objetivo se dirigía el Ejército del Norte cuando, el 8 de enero de 1820, en las cercanías de la entonces posta de Arequito, el general Juan Bautista Bustos, acompañado por los coroneles Alejandro Heredia y José María Paz, sublevaron a una parte importante del ejército que volvía a Buenos Aires. Su esperanza era mantenerse apartados de un conflicto fratricida y enfrentarse con los realistas.
Con el Ejército a cuestas, volvieron a Córdoba, donde Bustos se apoderó del gobierno de la provincia contra la posición de Paz y otros militares que intentaban dirigirse a la frontera norte, amenazada por los españoles y sus adeptos. Esta acción privó al general José de San Martín del apoyo que requería, amagando a los realistas por el sur de Perú, así como al general Martín Miguel de Güemes, que defendía la provincia de Salta. Paz intentó derrocar a Bustos, pero fue obligado a retirarse a Santiago del Estero, donde permaneció dos años fuera de la política. En 1823 viajó a la provincia de Catamarca para instruir a doscientos soldados, a los que denominó Batallón de Cazadores, para participar en la última campaña al Alto Perú.
La Guerra contra el Imperio del Brasil
La Argentina debió emprender la llamada Guerra del Brasil o Guerra argentino-brasileña (conocida en Brasil como Guerra da Cisplatina) para liberar a la Provincia Oriental y a las Misiones Orientales, ocupadas por los lusobrasileños desde la derrota de José Artigas, que resultaba completa desde la batalla de Tacuarembó, de 1820. El conflicto militar de toda la Argentina con el Brasil se inició en 1825 y concluyó con desventaja ―pese a las victorias argentinas― en 1828.
Incorporado al Ejército Republicano con las tropas que había formado para la inútil campaña del Alto Perú, fue puesto al frente de las mismas, ya llamadas Regimiento de Cazadores. Participó en la Batalla de Ituzaingó, donde la mayor parte de su cuerpo fue diezmado; aun así tuvo una participación importante con solo un centenar de hombres, por lo que fue ascendido al grado de general por disposición del general Carlos María de Alvear. Cuando este se retiró del Ejército en campaña, le hizo entrega interina del mando del Ejército Nacional y es nombrado jefe del Estado Mayor General, pasando a ser el primer comandante general de carrera en la Argentina. Luego de firmada la paz con Brasil, Paz regresó a Buenos Aires, donde el general Juan Lavalle ―que acababa de derrocar al gobernador legal Manuel Dorrego― lo nombró su Ministro de Guerra. Pero se dedicó a formar un ejército que lucharía contra los caudillos del interior. Paz, de carácter independiente, se separó de Lavalle y decidió unirse a los unitarios para atacar al líder de los federales del interior, el general Bustos, que aún gobernaba Córdoba.
Sus batallas contra los caudillos en la Guerra Civil
Paz, en sus escritos (en especial desde sus Memorias), relata cómo no podía creer que simples estancieros devenidos en caudillos pudiesen declarar guerras o hacer batallas contra un gobierno central constituido, con el apoyo de la población. Consideraba, según sus propias memorias que escribió años más tarde, en prisión, que en el Interior y en el Litoral, a diferencia de Buenos Aires, que había sido influenciada por las ideas emanadas de la Revolución francesa, la estructura colonial estaba aún vigente, solo que en ese período existían caudillos como Bustos, Quiroga, López, Aldao e Ibarra, que podían hacer frente a un ejército constituido y derrotarlo. Estos caudillos representaban ―en su opinión― algo poco positivo.
El general Paz se puso en marcha contra su excompañero Bustos, avanzando sobre Córdoba con una fuerza aproximada de 800 veteranos de la Guerra del Brasil, 80 artilleros y 90 reclutas, y de la derrota unitaria de Puente de Márquez. Bustos se retiró al valle de San Roque (actual Lago San Roque), donde, tras varios días de negociaciones, fue derrotado por Paz el 22 de abril de 1829 en la batalla de San Roque. Paz asumió como gobernador delegado por Bustos; Bustos pidió ayuda a Facundo Quiroga, quien acudió en su auxilio. Sin embargo, estos fueron derrotados en la batalla de La Tablada los días 22 y 23 de junio de 1829; las dotes especiales de táctico y estratega de Paz fueron contrapuestas con éxito al modo de combate desordenado de los milicianos federales, sin formación militar.
Después de la batalla, sus oficiales fusilaron a numerosos oficiales prisioneros. Luego de su victoria contra Quiroga, Paz organizó una formidable operación "de limpieza" sobre las serranías cordobesas, donde en general la población y los jefes locales no le eran adictos a él ni a su partido, campaña que puso al mando de Juan Esteban Pedernera y Juan Pascual Pringles, y consistió en toda clase de excesos y atropellos. Algunos autores mencionan hasta dos mil quinientos muertos.
Para financiarse recurrió al método que luego en sus escritos atribuirá a sus enemigos federales, reuniendo contribuciones forzosas entre los propietarios disidentes; a quienes se negaban a pagar, los mandó a formar en el ejército como soldados. Hizo confiscar los bienes de Bustos. Llegó a tener un conflicto de gravedad con el clero, que concluyó reemplazando sus autoridades locales por otras que le respondían.