José María Guido (Buenos Aires, 29 de agosto de 1910-Buenos Aires, 13 de junio de 1975) fue un abogado y político argentino, presidente de la Nación Argentina desde el 29 de marzo de 1962 hasta el 12 de octubre de 1963, tras haber asumido el Poder Ejecutivo con homologación de la Corte Suprema gracias a la Ley de acefalía presidencial, debido al golpe de Estado de 1962 que derrocó y detuvo al entonces presidente Arturo Frondizi.
Miembro de la Unión Cívica Radical Intransigente, durante su presidencia se produjeron varios enfrentamientos armados entre los dos sectores en que se dividieron las Fuerzas Armadas Argentinas luego de derrocar al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, conocidos como azules y colorados. Sin estar facultado y bajo presión militar, declaró «en receso» al Congreso de la Nación para arrogarse el poder legislativo nacional y, bajo las mismas circunstancias, dispuso la intervención federal de las provincias que aún no lo estaban para asumir los poderes ejecutivo y legislativo de las mismas. Convocó a elecciones presidenciales en 1963, bajo prohibición de participación del Partido Justicialista, el Partido Comunista y la Unión Popular, y de las siguientes figuras: los expresidentes Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi, y los dirigentes peronistas Vicente Solano Lima y Raúl Matera.
Pese a haber ejercido la Presidencia de la Nación, Guido es una figura poco estudiada por la historiografía argentina, en gran medida debido a lo corto y convulsionado de su gobierno. Asimismo, su accionar controvertido condujo a que prácticamente ningún sector político reivindicara su figura posteriormente. Los historiadores coinciden en que la de Guido no fue una presidencia de naturaleza constitucional, pero discrepan en cuanto a la caracterización estricta de la misma; pues no puede decirse que haya asumido el cargo de facto al haber sido Presidente provisional del Senado.
José María Guido nació en el barrio de San Telmo de la ciudad de Buenos Aires el 29 de agosto de 1910. Su madre, Carmen Cibeira, era española y su padre, José María Emilio Guido, argentino nativo. Realizó sus estudios primarios en la escuela pública y en el colegio San Francisco de Sales. Debido a que su familia no tenía recursos para costear sus estudios secundarios, cursó los mismos en forma libre en la provincia de Santiago del Estero, recibiéndose de bachiller a los 19 años. En Santiago del Estero conoció a Purificación Areal, con quien luego se casaría en 1946.
Durante la década de 1930, realizó sus estudios universitarios en la Universidad Nacional de La Plata, mientras trabajaba. Allí actuó en la vida política universitaria adhiriendo al movimiento de la Reforma Universitaria y consolidó sus simpatías políticas hacia la línea yrigoyenista del radicalismo, justo en momentos en que el presidente Hipólito Yrigoyen era derrocado por un golpe de Estado cívico-militar, que inauguró la larga sucesión golpes de Estado que impidieron que se consolidara la democracia en Argentina durante casi todo el siglo XX. En esos años Guido se acercó al grupo radical FORJA, que denunciaba la ilegitimidad de la llamada Década Infame y cuestionaba la dirección complaciente de la UCR por parte de Marcelo T. de Alvear.
Se recibió de abogado a los 30 años, en 1940. Ejerció la profesión en Buenos Aires durante seis años. En 1946 se casó con Purificación Areal, al mismo tiempo que su amigo y correligionario político de los tiempos universitarios, Herberto Castello, lo invitó a sumarse al estudio jurídico que dirigía su hermano Edgardo, en Viedma, en Río Negro. Río Negro, era por entonces un territorio nacional patagónico, consecuencia de la llamada Conquista del Desierto, mediante la cual la Argentina reclamó militarmente las tierras al sur del Río Salado que ocupaban, entre otros, los llamados genéricamente como indios "Pampa"; una fusión de las naciones mapuche, tehuelche y ranquel. Debido a ello, esos territorios permanecieron durante casi un siglo en un estatus distinto, sin ser provincias plenas, por lo que sus habitantes, aún considerados argentinos, no votarían hasta la finalización de su provincialización en 1955.
Ese mismo año de 1946, la familia Guido-Areal se radicó en Viedma y se asoció al estudio jurídico de Edgardo y su amigo Herberto Castello. Viedma era por entonces un pequeño pueblo, sin calles asfaltadas. Poco después, en 1949, nació su hija, Amalia Carmen, mientras que en 1951 nació su hijo, Rodolfo Luis. En esos años Guido sufrió una enfermedad debido a la cual perdió la vista durante un año.
Los Castello eran los caudillos del radicalismo yrigoyenista de Viedma y de la mano de ellos Guido ingresó a la vida política activa, justo en el momento en que Juan Domingo Perón resultaba elegido presidente. Dentro de la UCR, Guido y los Castello integraron el recién formado Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR), liderado por jóvenes dirigentes radicales como Arturo Frondizi, Moisés Lebensohn, Ricardo Balbín y Gabriel del Mazo, entre otros. El MIR criticaba duramente a la conducción «unionista» de la UCR, continuadora de la línea conservadora de Marcelo T. de Alvear, adoptando una postura de centro izquierda nacionalista, que proponía apoyar los avances en materia de derechos sociales y económicos del peronismo, pero cuestionando sus métodos autoritarios. Guido adoptó una actitud política propositiva y aclaraba expresamente que él no era antiperonista:
Una de las características del Gobierno de Juan D. Perón fue el proceso de provincialización de los territorios nacionales, que abrió camino a la creación de nueve nuevas provincias y lo que resultaba más importante, abrió camino a la obtención de la ciudadanía política plena de sus habitantes, que no podían votar sus propias autoridades, ni autoridades nacionales. Una de esas nuevas provincias fue la provincia de Río Negro, creada en los días finales del gobierno peronista, por la Ley N.º 14 408 del 15 de junio de 1955. Guido ascendería políticamente al plano nacional de la mano del proceso de provincialización de Río Negro y capitalización provincial de Viedma, del que fue uno de sus ejecutores destacados.
Antes del golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955, Guido fue elegido primero como delegado por Viedma ante el comité provincial de la UCR, y luego apoderado y secretario de la misma. En 1954, accedió a la secretaría del comité nacional, cuya presidencia estaba a cargo de Arturo Frondizi.
El 16 de septiembre de 1955, un golpe de Estado derrocó al Gobierno constitucional de Juan Domingo Perón e instaló una dictadura autodenominada Revolución Libertadora que evolucionó hacia una fuerte ideología antiperonista.
En ese momento, Guido ya era parte del cuerpo de autoridades nacionales de la Unión Cívica Radical, partido que, ilegalizado el Partido Peronista, se constituía en el más importante del país. Guido se había acercado estrechamente a Arturo Frondizi, presidente de la UCR, por quien sentía admiración, e integraba el llamado grupo de «los coroneles» frondizistas.
En 1956, la UCR se dividió en dos. Frondizi condujo la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), muy crítica de la dictadura gobernante, y Ricardo Balbín condujo la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Guido siguió a Frondizi y se sumó a la UCRI.
En 1957, Río Negro, en pleno proceso de provincialización, convocó a su histórico congreso provincial constituyente. Guido fue elegido convencional constituyente de dicho cuerpo y desempeñó un papel decisivo en la sanción del artículo de la Constitución rionegrina que estableció a Viedma como capital provisoria de la provincia por cinco años hasta que una comisión designada a ese efecto resolviera la situación. Viedma, luchaba por entonces con General Roca por convertirse en la capital de la nueva provincia. El problema recién se definiría en 1974, un año antes de la muerte de Guido, cuando la legislatura rionegrina consagró la definitiva capitalidad de Viedma por unanimidad del cuerpo parlamentario.
Ese mismo año, se realizaron elecciones de convencionales constituyentes nacionales. El resultado fue sorpresivo, debido a que la mayor cantidad de votos fueron en blanco, revelando que el peronismo conservaba una alta adhesión de la ciudadanía, pese a la dura represión y la política de «desperonización» llevada a cabo por la dictadura de Aramburu y Rojas.