José Manuel Estrada (Buenos Aires, 13 de julio de 1842 - Asunción, Paraguay, 17 de septiembre de 1894) fue un profesor, escritor, político, intelectual y eminente orador argentino, representante del pensamiento católico.
Escribió numerosas obras sobre educación, historia y política de su país, fue diputado nacional por la Unión Católica y rector del Colegio Nacional de Buenos Aires. Se destacó por su oposición al laicismo y al liberalismo propios de la generación del 80, que gobernó entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. El 17 de septiembre, en conmemoración de su fallecimiento, se declaró en la Argentina el día del profesor.
En la placa conmemorativa erigida en la Asociación Católica de Buenos Aires reza: "Infatigable defensor de la fe y de la patria, cuya palabra fue espada penetrante sobre todo en las asambleas, cuya doctrina fue consejo del prudente y su vida ejemplo singular para sus contemporáneos y la posteridad".
En 1858, con 16 años, publicó Al descubrimiento de América, con el que ganó un concurso organizado por el Liceo Literario de Buenos Aires.
Se inició en el periodismo: entre noviembre de ese año y marzo del siguiente dirigió, junto a su hermano Santiago, el semanario La Guirnalda, y colaboró en el semanario La Religión fundado por León Federico Aneiros y Olegario Correa.
En 1859 publicó Signum Foederis - efectos sociales y religiosos de la armonía, obra en la que, con 17 años, urgía al Estado de Buenos Aires a unirse a la Confederación Argentina para restablecer la armonía nacional.
En 1861 creó la Sociedad San Francisco Javier, para unir a los artesanos de Buenos Aires, y para difundir entre ellos la cultura católica. Esto fue un antecedente de los Círculos Católicos de Obreros, y un signo de la preocupación social de Estrada, en línea con lo que se conocería como Doctrina social de la Iglesia.
En 1862, desde el su opúsculo Cristianismo y Democracia rebatió la tesis de Francisco Bilbao de que el cristianismo y la democracia eran incompatibles, y que el cristianismo era la causa de los males de América. Dijo Estrada: «somos republicanos y amamos la libertad, porque somos cristianos y amamos la dignidad del hombre». En El génesis de nuestra raza, una obra polémica, refutó a Gustavo Minelli, profesor de historia en la Universidad de Buenos Aires. En esta obra, Estrada aseveró que la raza humana es una sola.
En 1864, con 22 años, fundó junto a Lucio V. Mansilla el Círculo Literario, a cuya primera reunión concurrieron Valentín Alsina, Dardo Rocha, Luis Sáenz Peña, Miguel Navarro Viola, Carlos Guido y Spano y Estanislao del Campo. Alsina ofició de presidente del Círculo, con Mansilla y Estrada como secretarios. Después fueron elegidos Juan María Gutiérrez como presidente, y Juana Manso, Marcos Sastre, Luis Lorenzo Domínguez, Dardo Rocha y Juan Carlos Gómez como vocales. El Círculo se concentró en el estudio de la Historia argentina, temática propuesta por el presidente de la Nación, Bartolomé Mitre. Otras personalidades que participaron fueron Amadeo Jacques, Pastor Obligado, Miguel Puiggari, Carlos Burmeister y Manuel Trelles. Ese año, Estrada publicó Ensayo histórico sobre la revolución de los comuneros del Paraguay en el siglo XVIII.
En octubre de 1865, el director de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, Luis José de la Peña, lo convocó para dictar un curso de Historia argentina en la nueva Escuela Normal de Profesores que funcionaba en una habitación de la Escuela de Catedral al Norte. Estrada diseñó un curso de 30 lecciones en dos conferencias nocturnas públicas por semana: de inmediato captó el interés de los vecinos ilustrados ya que en ese momento no era común que se estudiara la Historia del país.
En 1868, dado el éxito de sus cursos, publicó el libro Lecciones de Historia argentina, en el que se incluyen 21 de las 30 lecciones, desde la conquista hasta el gobierno de Rosas: más de la mitad de ellas tratan el período anterior a la Revolución de Mayo.
El presidente Domingo Faustino Sarmiento tenía aprecio por Estrada, aun cuando discreparan en aspectos ideológicos: «del joven Estrada he gustado mucho de sus lecturas sobre historia». Por eso, cuando en 1869 el presidente fundó una cátedra de Instrucción Cívica en el Colegio Nacional de Buenos Aires, lo designó titular. En ese año Emilio Castro, gobernador de Buenos Aires, lo designó jefe del Departamento de Escuelas, cargo que antes había tenido el renunciante Luis José de la Peña y que Estrada ocuparía hasta 1870. En esa época los maestros no tenían título ni se los evaluaba: Estrada organizó un ciclo de conferencias y cursos para su desarrollo profesional y propuso remover a quienes fueran menos competentes o tuvieran un injustificado ausentismo. El gobernador puso en práctica estas reformas de manera parcial, por lo que Estrada renunció al año siguiente.
En 1871, Estrada fue elegido para la convención constituyente de la Provincia de Buenos Aires por la Quinta Sección de Campaña, que comprendía los partidos de Luján, Mercedes y Chivilcoy. La constitución provincial se había escrito en 1854 cuando todavía estaba separada del resto de la Confederación, y debía adecuarse al nuevo contexto. Estrada hizo su aporte en la regulación del derecho de enseñar, favoreció una redacción del artículo 33 que permitiese el funcionamiento de universidades con la facultad de otorgar grados académicos y poseer bienes. Defendió el sistema electivo proporcional, pero no logró que se impusiera el voto secreto. En ese año publicó un artículo titulado La Iglesia y el Estado, que recibiría críticas por parte de otros católicos, como Félix Frías y Fray Mamerto Esquiú. Ese fue el período más liberal de Estrada, en el que sostuvo la tesis de Montalambert: «Iglesia libre en el Estado libre».
En 1873, Estrada fue elegido diputado provincial. En tal carácter, participó del debate sobre la ley de educación provincial y preparó un proyecto de ley sobre escuelas. Su pertenencia a la Cámara de Diputados provincial se extendería hasta 1876. Se publicaron sus clases sobre Instrucción Cívica en el Colegio Nacional de Buenos Aires, que serían conocidas y leídas por varias generaciones de argentinos bajo el título La política liberal bajo la tiranía de Rosas, donde analizó la obra de Esteban Echeverría titulada Dogma socialista y construyó una filosofía social y política más elaborada.
En 1874, fue nombrado jefe de la Dirección General de Escuelas Normales, y en 1875, aunque no contaba con un título universitario, a pedido del presidente Nicolás Avellaneda tomó la cátedra de Derecho constitucional y administrativo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires que había quedado vacante tras la muerte de Florentino González. Estrada puso mucho empeño en su labor docente y escribió una serie de artículos sobre la materia, dado que no había manuales y se usaban libros de derecho estadounidense. Se destacan su artículos Sufragio y Representación de las minorías.
Estrada aceptó el ofrecimiento de Avellaneda de ser rector del Colegio Nacional de Buenos Aires como sucesor de Alfredo Cosson, y fue designado el 16 de julio de 1876. Como rector emprendió reformas en el currículo: agregó temas de Historia argentina para hacer brotar en los alumnos un sentimiento de sano patriotismo, e incorporó el estudio de las instituciones del federalismo. Impulsó un aumento en el salario de los profesores, ya que «la vocación del profesor no se confunde con la del mártir, ni con la del penitente». Entre sus muchos discursos —que mostraron su capacidad docente y su oratoria engalanada y apasionada— se conservan aquellos que tuvieron por audiencia a los alumnos del Colegio Nacional, entre ellos, el efectuado con motivo de la muerte del exgobernador Juan Manuel de Rosas, a quien presentó como «dos hombres: el caudillo y el tirano». Una de las locuciones del discurso, «¡Desgraciados los pueblos que olvidan!», se transformó en un pensamiento señero dentro de la Historia político-social y constitucional de Argentina. Terminada la conferencia, los alumnos lo acompañaron en el camino a su casa vivándolo por la calle y ante la estatua de San Martín en Retiro, Adolfo Mitre improvisó un discurso en nombre de los alumnos.