José Comas Quesada (Puerto de la Luz, Las Palmas de Gran Canaria; 3 de febrero de 1928-ibidem, 14 de enero de 1993) fue un pintor grancanario, considerado uno de los máximos exponentes de la pintura a la acuarela, tanto en Canarias como en España, del último cuarto del siglo XX.
Comas Quesada se inició en el arte de la pintura a la temprana edad de 15 años. Su interés por la misma ya despuntaba en la asignatura de dibujo del antiguo bachiller, dedicando muchas horas a practicar con lápiz y carboncillo. En aquellos difíciles tiempos de la posguerra civil española, su familia no consideraba la pintura una profesión con futuro, como explicase en una entrevista:
Su interés por la acuarela, técnica pictórica que no abandonaría y que convertiría en vehículo de expresión durante el resto de su vida, comenzó cuando tenía entre 18 o 20 años, al contemplar unas acuarelas de Francisco Bonnín Guerín en el Gabinete Literario de la capital grancanaria y de las cuales el pintor dijo lo siguiente:
Observando las pinturas de Bonnín, José Comas aprendió la técnica de la acuarela de forma indirecta, sin embargo respecto al estilo se sintió más identificado con el de Antonio González:
Debido a la situación de penuria económica de la década de 1940 no pudo costearse un maestro, aunque esto no le impidió aprender de manera autodidacta, iniciándose en las técnicas del lápiz, cera, sanguina, óleo y acuarela. También practicó otras disciplinas artísticas como la talla artesanal y la escultura, modelando en barro, yeso o escayola, aunque su gran afición fue siempre el dibujo.
Durante esta primera etapa de su trayectoria artística, participó en varias exposiciones colectivas, como las del Club P.A.L.A. (1947) donde presentó cuatro acuarelas de pequeño formato, entre ellas “Rincón del Pueblo Canario” y “Barcas en la costa”, así como en la exposición de noveles con motivo de los premios “Nicolás Massieu”, en Las Palmas de G. C. Asimismo intervino en las Bienales de Bellas Artes de Las Palmas en los años 1950, 1952, 1958, 1960 y toma parte en la selección “Arti Grafiche Ricordi” (Milán, 1954).
Después de estas primeras exhibiciones desapareció del panorama artístico canario durante casi veinte años por razones de índole familiar y laboral.
En el año 1974 retomó su auténtica vocación, la pintura, y se introdujo en las distintas salas de arte del momento. El desencadenante que le llevó a ello fue su trabajo como representante de una empresa catalana de molduras. En aquel tiempo, el acuarelista sentía como si empezase de nuevo y dudaba de la calidad artística de estos primeros cuadros, de ahí que los firmase con el seudónimo de “Masco”.
En 1975 comenzó a exponer con la Agrupación de Acuarelistas Canarios, primero en la Sala Cairasco de Las Palmas de Gran Canaria y un año más tarde en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. En 1976 volvió a exhibir en la mencionada Sala Cairasco, donde obtuvo la medalla de bronce de la Agrupación por la acuarela titulada “Árboles y bruma”.
Acuarelas conmemorativas: “El pintor de la ciudad”
Mención especial merecen las colecciones creadas entre los años 1977 y 1981, donde realizó, entre otras, varias series sucesivas de acuarelas cuyo leitmotiv versaba sobre los diferentes rincones de los barrios de Vegueta y Triana y que coincidieron en el tiempo con el 500 Aniversario de la fundación de Las Palmas de Gran Canaria en 1978.
Se trataba de evocadoras imágenes de la ciudad, tanto coetáneas de su tiempo como retrospectivas de finales del siglo XIX y principios del XX, en las que se plasmaba el espíritu de la vieja villa; íntimas, cuidadas y recoletas plazas, solitarios pasajes y callejones, iglesias, balcones tradicionales canarios o quioscos testigos de otra época y tiempo.
Algunas de las pinturas reflejaban la población tal y como era a finales de la década de 1970, pero para los espacios que ya habían sido transformados o desaparecidos víctimas del progreso, como los llamados popularmente puentes de piedra y de palo, la plaza de las ranas o el barranco de Guiniguada, el artista recurrió para recrearlos a sus propios recuerdos y a fotografías de su archivo personal. Supo captar y reflejar con gran sensibilidad el ambiente y la atmósfera de antaño, dejando así constancia plástica y documental para las generaciones futuras, pues ningún otro pintor de la época se dedicó a inmortalizar a la ciudad para conmemorar una efeméride tan importante en la historia de Canarias.
Hasta la llegada de Comas Quesada, exceptuando determinados lienzos de Nicolas Massieu, Felo Monzón, Jorge Oramas y otros autores más, Las Palmas era un ciudad sin pintores que la retratasen. Y si Massieu es considerado el pintor de Gran Canaria, Comas Quesada lo es de su capital, ya que hasta entonces ningún otro artista había producido tal cantidad de obras sobre ella.
Por esta razón se le conoce con el sobrenombre de “el pintor de la ciudad”, convirtiéndose en una especie de “cronista pictórico” de la misma. Para esos cuadros en particular, el artista sacrificó su técnica habitual a base de veladuras y de cierta tendencia a la abstracción, por una absoluta fidelidad en el dibujo y acercamiento al color local, trasladándonos a un pasado de bucólicas y románticas estampas, transmitiendo toda la belleza y el encanto que desprendía cada lugar y que solo un maestro de la acuarela como él supo aprehender y comprender.
La primera de las colecciones saldría en junio de 1977, cuando el artista presentó en una carpeta 6 acuarelas editadas en series limitadas y numeradas, en las cuales se recogían pintorescas estampas de los barrios fundacionales de Vegueta y Triana.
Un mes más tarde, el 4 de julio de 1977, tres años después de su regreso al mundo del arte y según sus propias palabras, sin hallarse plenamente convencido de la calidad de sus pinturas, realizó su primera exposición individual. Con ésta se inauguró la Sala de Arte Madelca, que estaba situada en la Plaza Mayor de Santa Ana de la capital de la isla. Se trataba de una colección de 20 acuarelas donde se plasmaban distintos lugares del casco histórico, anticipándose así a la conmemoración del V Centenario de la fundación de Las Palmas de Gran Canaria que se celebraría al año siguiente. Aquel año ganó el certamen de la desaparecida Sala Cairasco, obteniendo la medalla de plata de la Agrupación de Acuarelistas Canarios con la obra “Ingenio”, así como el premio de "conjunto de obra" de la Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria.
En julio de 1978, ofreció una muestra individual en Madelca presentando nuevamente temas de la antigua urbe con motivo del 500 Aniversario de la constitución de su ciudad natal titulada “Rincones de la zona antigua”, en esta ocasión fueron 30 acuarelas. En diciembre ganó la medalla de oro de la Agrupación de Acuarelistas Canarios en el IV certamen celebrado en la Sala de exposiciones Cairasco (de la Caja Insular), por “Bruma”.