José Balta y Montero (Lima, 25 de abril de 1814-Lima, 26 de julio de 1872) fue un militar y político peruano que ocupó la presidencia constitucional del Perú de 1868 a 1872. Firmó el Contrato Dreyfus para la explotación del guano, a base del cual negoció empréstitos para realizar grandes obras públicas, entre ellos los ferrocarriles de penetración de la costa a la sierra. Murió asesinado durante el golpe de Estado de los coroneles Gutiérrez.
Muy joven empezó su carrera militar, participando en la mayoría de los acontecimientos de la época de la iniciación republicana, especialmente en favor de Felipe Salaverry. Tras la derrota y muerte de este caudillo en 1836, fue desterrado a Bolivia, de donde fugó para respaldar a los restauradores contra los confederados de Andrés de Santa Cruz. Luchó en Portada de Guías, Buin y Yungay. Luego respaldó al gobierno del Directorio de Manuel Ignacio de Vivanco en la batalla de Carmen Alto (1844), así como al presidente José Rufino Echenique contra Ramón Castilla en la batalla de La Palma (1855).
Fue separado temporalmente del servicio, cuando ya detentaba el grado de coronel. Durante el gobierno de Juan Antonio Pezet, se sublevó en Chiclayo en protesta por el tratado Vivanco-Pareja, plegándose al movimiento restaurador del coronel Mariano Ignacio Prado (1865). Fue entonces cuando empezó a convertirse en un caudillo popular. Instaurada la dictadura de Prado, participó en la Combate del Callao, pero por pasarse a la oposición al gobierno fue desterrado a Chile. Regresó al Perú en 1867 y encabezó, nuevamente en Chiclayo, un movimiento revolucionario contra el gobierno de Prado, en defensa de la Constitución de 1860. Su defensa de Chiclayo es todavía recordada por los lugareños con destellos épicos. La revolución triunfó a principios de 1868 y asumió como presidente interino el general Pedro Diez Canseco, que convocó a elecciones, en las que participó Balta como candidato, resultando vencedor.
Como presidente, desarrolló una política económica en base a empréstitos otorgados por la casa judío-francesa Dreyfus Hnos. y teniendo como respaldo de ello la riqueza del guano. Esto sirvió para la construcción de ferrocarriles, carreteras, puertos y el embellecimiento urbano de Lima, aunque acabó por endeudar al país al producirse la caída del precio del guano, que a la larga conduciría a la bancarrota. Finalizando ya su gobierno, convocó a elecciones presidenciales, en las que por primera vez en la historia republicana del Perú, un candidato no militar, Manuel Pardo, obtuvo el triunfo. Los militares temieron perder los privilegios que hasta entonces gozaban, y dirigidos por Tomás Gutiérrez y sus tres hermanos, todos ellos coroneles del ejército, dieron un golpe de Estado, pocos días antes que se produjera el cambio de mando. Apresado e internado en un cuartel, Balta fue asesinado días después mientras dormía en su celda. Este suceso generó la reacción de la ciudadanía, que no paró hasta acabar con los Gutiérrez y hacer respetar el resultado electoral.
José Balta fue hijo del arquitecto catalán Juan Balta Brú y de la limeña Agustina Montero Casafranca. Su padre fue un emigrado político que había huido de Cataluña por sus ideas separatistas contra la Corona española.
Desde muy joven, se interesó por la carrera de armas. En 1830, con tan solo dieciséis años, ingresó al Colegio Militar, del que se graduó tres años después con el grado de subteniente. Como integrante del batallón Piquiza, defendió al gobierno del general Luis José de Orbegoso en el sitio del Callao y en la batalla de Huaylacucho (1834). Secundó luego el golpe de Felipe Santiago Salaverry y obtuvo el grado de capitán (1835). Luchó contra la intervención boliviana actuando en las batallas de Uchumayo y Socabaya (1836). Fue tomado prisionero y desterrado a Bolivia, permaneciendo dos años en las montañas de Chiquitos, hasta que logró fugar. Reemprendió entonces su lucha contra Andrés de Santa Cruz y la Confederación Perú-Boliviana enrolándose en la Expedición Restauradora y actuando en las acciones de Portada de Guías, Buin y Yungay, donde fue elevado al grado de sargento mayor, en atención a su valor demostrado (1839).
Colaboró con el efímero gobierno del general Juan Crisóstomo Torrico y participó en la batalla de Agua Santa, el 17 de octubre de 1842, que puso fin a dicho régimen. A su solicitud pasó al retiro, pero a instancias de su hermano Juan Francisco volvió al ejército para servir esta vez al Directorio de Manuel Ignacio de Vivanco. Al estallar en el Sur la revolución encabezada por Domingo Nieto y Ramón Castilla marchó a combatirla, pero tras el adverso encuentro en San Antonio, el 28 de octubre de 1843, fue apresado y confinado en Tacna. Logró reincorporarse en Arequipa a las fuerzas de Vivanco, que fueron derrotadas definitivamente en la batalla de Carmen Alto, el 21 de julio de 1844.
Nuevamente fuera del ejército, el presidente Castilla autorizó su reinscripción en el servicio activo (1846). Obtuvo entonces los grados de teniente coronel (1848) y de coronel graduado (1851). Por apoyar al presidente José Rufino Echenique, hasta la batalla de La Palma, fue dado de baja una vez más por el nuevo régimen de Castilla (1855).
Gracias a una «ley de reparación», del 11 de abril de 1861, fue rehabilitado. Pero solo volvió al servicio cuando el país protestó por la firma del tratado Vivanco-Pareja. Secundó entonces, desde Chiclayo, la rebelión de Mariano Ignacio Prado y Pedro Diez Canseco contra el presidente Juan Antonio Pezet, cuya dimisión forzaron en 1865.
Fue ministro de Guerra y Marina durante el segundo interinato de Pedro Díez-Canseco, del 17 al 28 de noviembre de 1865, y participó, como comandante de la División del Sur, en el combate del 2 de mayo contra la flota española (1866). Por entonces ya tenía gran popularidad y se distinguió entre los opositores a la dictadura de Prado, que lo desterró a Chile.
Balta regresó al Perú en 1867 y encabezó un movimiento revolucionario contra el gobierno de Prado en el Norte del Perú, el cual encontró eco en Arequipa, donde se levantó el general Pedro Díez-Canseco. Ambos caudillos se negaron a jurar la nueva Constitución del año 1867 y proclamaron vigente la Constitución de 1860.
Balta avanzó desde Trujillo, pasó a Chicama y luego recorrió la sierra de Otuzco hasta llegar a Cajamarca, a la que atacó y tomó después de cinco horas y media de fuego. Luego, burlando a las tropas gobiernistas mejor equipadas y más numerosas, se dirigió a Chiclayo, donde entró al mando de 150 hombres mal armados, el 6 de diciembre de 1867.
Cuando las fuerzas gobiernistas avanzaron hacia Chiclayo, Balta propuso a la población retirarse a Huaraz, para evitar los efectos devastadores de una lucha, pero los chiclayanos se lo impidieron. Balta organizó entonces la defensa de la ciudad y estableció su cuartel en el local del tradicional Colegio San José. Como detalles anecdóticos, el caudillo tuvo como secretario al ilustre Ricardo Palma (que escribió al respecto una de sus tradiciones) y como cronista de campaña a Carlos Augusto Salaverry, otro ilustre literato (que escribió un folleto titulado Campaña constitucional del norte en 1867).
Por esos días se hizo popular en Chiclayo un baile llamado la conga, que se cantaba a los acordes de esta melodía:
Durante 26 días, los chiclayanos enfrentaron con éxito a las tropas de gobierno mejor armadas y más numerosas. En el momento más álgido del combate, Ricardo Palma le preguntó a Balta su apreciación de las acciones; Balta respondió: «¿No oye usted la conga?». Consumada la victoria de los revolucionarios, Balta pudo escribir en el parte de batalla: «Todos han sido valientes. En Chiclayo no ha habido un solo cobarde».
Mientras todo eso sucedía en el Norte, el presidente Prado viajaba al Sur para sofocar la rebelión de Arequipa. Pero ante tanta presión proveniente tanto del Norte como del Sur, y la del propio congreso ejercida desde Lima, se vio obligado a renunciar. La presidencia interina recayó, una vez más, en el veterano general Pedro Díez-Canseco. La revolución constitucional había triunfado.