Jorge Gottau (1917-1994) fue un sacerdote redentorista argentino, ordenado en 1942 y designado primer obispo de la diócesis de Añatuya por el papa Juan XXIII en 1961. Fue padre conciliar en el Concilio Vaticano II, participando de las cuatro sesiones que tuvieron lugar entre los años 1962 y 1965.
Con ese nuevo espíritu conciliar, desarrolló una labor pastoral incansable en la que por entonces se consideraba la diócesis más pobre de la Argentina: Añatuya. Durante los 31 años de su obispado, creó 15 nuevas parroquias y más de 200 capillas, con la colaboración de sacerdotes, religiosos, y una amplia red de laicos comprometidos, tanto dentro como fuera de la diócesis. Estableció 26 centros educativos y 7 hogares para niños, ancianos y discapacitados. Promovió cooperativas y el denominado «Proyecto del Salado» que benefició a cientos de pequeños productores rurales. Gestionó la construcción de canales, aljibes y postas sanitarias. Fue el creador de un plan de viviendas con la finalidad de erradicar la llamada «vivienda-rancho». También implantó delegaciones de Cáritas Argentina y comedores en todas las parroquias y organizó 3 radios, un centro deportivo y un centro cultural.
Por inspiración suya, se creó en 1970 la «Colecta Nacional "Más por Menos"» (así llamada por su objetivo: «que los que tienen más ayuden a los que tienen menos»), destinada a paliar las carencias de las diócesis más necesitadas de la Argentina y considerada una de las iniciativas más admirables de la Iglesia argentina en el campo social.
Durante su obispado, el porcentaje de bautizados de la diócesis creció hasta alcanzar el 95,6% de la población en 1990, cifra que nunca fue superada. En razón de su obra realizada en medio de condiciones tan adversas, Jorge Gottau fue apodado «el obispo de la promoción humana». Luego de su renuncia por edad en 1992, permaneció como Obispo emérito de Añatuya hasta su muerte, acaecida en la ciudad de Buenos Aires en 1994.
En 2010 la Iglesia Católica proclamó «siervo de Dios» a Jorge Gottau, iniciándose así el camino de su canonización. Una fundación que lleva su nombre continúa con la obra iniciada por el obispo. Jorge Gottau permanece hasta hoy en la mente de los pobladores de la diócesis de Añatuya como un hombre en el que la heroicidad de las virtudes cristalizó en una gran obra realizada en una de las regiones más pobres de la Argentina.
Vocación y sacerdocio de Jorge Gottau
Jorge María Gottau nació el 23 de mayo de 1917 en la localidad de Esteban Agustín Gascón, provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue hijo de José Gottau y Juliana Bahl, quienes conformaron una familia de profundas convicciones cristianas. Con 11 hijos, habitaron en una colonia íntegrada por descendientes de alemanes del Volga, la Colonia San Miguel Arcángel.
Jorge Gottau cursó sus estudios primarios en el colegio «Niño Jesús» en la colonia antes citada. Desde muy pequeño experimentó su vocación sacerdotal, ingresando por decisión personal con solamente 12 años en el seminario menor de los Padres Redentoristas en Bella Vista (actual diócesis de San Miguel), en la provincia de Buenos Aires. Su vocación desde temprana edad, siguiendo el ejemplo de Alfonso María de Ligorio, un obispo italiano canonizado y declarado doctor de la Iglesia, consistió en dedicar su vida al servicio de los más necesitados.
A comienzos de 1937, se trasladó a la casa de noviciado de Manuel Campos, en las cercanías de la ciudad de Pergamino. El 2 de febrero de 1938 hizo allí sus votos religiosos para formar parte de la Congregación del Santísimo Redentor. Posteriormente se trasladó a Villa Allende, provincia de Córdoba, donde completaría como seminarista sus estudios de filosofía y teología. Fue entonces que el joven Jorge enfocó con entusiasmo su formación de futuro sacerdote misionero.
El 19 de diciembre de 1942, con 25 años de edad, recibió el sacramento del Orden Sagrado. Celebró su primera Misa en la localidad de Santa Teresa, en la provincia de La Pampa. Se desempeñó como párroco en la localidad bonaerense de Darregueira. En 1956 fue elegido Superior Provincial de los Padres Redentoristas de la República Argentina.
Consagración episcopal de Jorge Gottau
En el año 1961, la Santa Sede decidió la creación de varias diócesis en la Argentina, entre ellas, la diócesis de Añatuya. Sufragánea de la arquidiócesis de Tucumán, la diócesis de Añatuya fue creada por el Papa y beato Juan XXIII el 10 de abril de 1961, mediante la bula In Argentina erigiéndose a partir de territorio perteneciente hasta entonces a la diócesis de Santiago del Estero. La diócesis de Añatuya abarca varios departamentos de la provincia de Santiago del Estero, a saber de norte a sur: Copo, Alberdi, Moreno, la zona oriental del departamento Figueroa (al E del río Salado del Norte), y los departamentos Juan Felipe Ibarra, General Taboada y Belgrano.
Las características de la diócesis eran en general poco atractivas.
La temperatura del aire con frecuencia supera los 50 °C, los vientos son calientes, las lluvias escasas y buena parte de la tierra es estéril. Numerosos bañados y lagunas acompañan el recorrido del río Salado del Norte, que puede causar inundaciones graves por el escurrimiento muy lento del agua. El agua potable constituye un tema crítico: muchos pobladores sólo pueden utilizar agua de lluvia, porque el agua subterránea suele poseer niveles de sodio y arsénico incompatibles con el consumo. Los caminos son «de huella» (es decir, senderos que se abren naturalmente a medida que los pobladores los transitan), fangosos y precarios, y los trenes dejarían de pasar en 1973. Esto condena a los pobladores a pagar alimentos caros y a no tener atención médica a tiempo. Abundan los padecimientos endémicos como la enfermedad de Chagas-Mazza, enfermedades gastrointestinales, parasitosis, enfermedades cardíacas, hepáticas y renales, etc., la mayoría como consecuencia de la desnutrición, de la falta de higiene personal y de la escasez de agua potable. La zona tiene índices de desempleo, subempleo, desnutrición y deserción escolar elevados. Los nombres de algunas localidades o ciudades de la diócesis de Añatuya (Monte Quemado) o de diócesis vecinas (como Pampa de los Infiernos, en el Chaco) son por demás descriptivos.
La zona de Añatuya era paupérrima en recursos y medios, pero más pobre aún era el panorama espiritual y religioso. El papa Juan requería un obispo con carácter misionero, y acertó en la elección de Jorge Gottau, quien fue designado obispo de Añatuya el 12 de junio de 1961. El 27 de agosto de ese año, recibió la consagración episcopal en la parroquia Nuestra Señora de las Victorias de los Padres Redentoristas en Buenos Aires. de manos del cardenal Antonio Caggiano, quien fue así su antecesor en el linaje episcopal. El 1 de octubre se hizo cargo de la diócesis de Añatuya. Como lema episcopal, eligió las palabras: «Ad Jesum per Mariam» (A Jesús por María).
Jorge Gottau, «Padre Conciliar»
Se vivía en esos años un nuevo espíritu conciliar, desde que el 25 de enero de 1959, Juan XXIII pronunció su «discorsetto» (discursito, tal el nombre que el Papa le dio) en el cual anunció la realización del Concilio Vaticano II. Jorge Gottau fue consagrado obispo durante la fase preparatoria del Concilio y participó en carácter de «Padre Conciliar» de las cuatro sesiones que tuvieron lugar entre los años 1962 y 1965, y que cambiaron el rumbo pastoral de la Iglesia católica del siglo XX.
La diócesis recién creada sólo tenía 7 parroquias y 7 sacerdotes para atender a unos 160.000 habitantes que la diócesis albergaba en 1964, dispersos en 68.000 km². Gottau llegó a Añatuya acompañado por el padre Emilio De Elejalde y, luego de recorrer toda la diócesis, dedicó buena parte de sus esfuerzos a conseguir recursos económicos y colaboradores para desarrollar la obra que tenía en mente para la región del Chaco santiagueño. Supo granjearse la confianza de varias diócesis de Alemania con las que tenía contacto y de muchas parroquias de Buenos Aires que le brindaron su apoyo, y convocó a valiosos agentes de pastoral residentes en distintos puntos de Europa y de Hispanoamérica.