Tal Día como Hoy

Jonathan Wild

Criminal inglés del siglo XVIII

Anúncio

Jonathan Wild (c. 1683 – 24 de mayo de 1725) fue quizás el más famoso criminal de Londres, y posiblemente de Gran Bretaña, en el siglo XVIII, tanto por sus propias acciones como por la fama que le dieron novelistas, dramaturgos y satíricos políticos.

Inventó un sistema que le permitió dirigir una de las bandas criminales más exitosas de su época, que consistía en aparecer frente a la opinión pública como uno de los policías más eficaces del país. Manipuló a la prensa y usó los temores de la población para convertirse en una de las figuras públicas más respetadas de la década de 1720; pero esta admiración se convirtió en aborrecimiento cuando se descubrió su falsedad. Tras su muerte, se convirtió en un símbolo de la corrupción policial y la hipocresía.

Aunque la fecha exacta de su nacimiento se desconoce, se sabe que nació en Wolverhampton en 1682 o 1683, siendo el mayor de los cinco hijos de una familia pobre.​ Fue bautizado en la iglesia colegiada de San Pedro de su localidad natal. Su padre, John Wild, era carpintero, y su madre vendía hierbas y fruta en el mercado local. En aquella época, Wolverhampton era la segunda ciudad más importante de Staffordshire, con una población aproximada de 6.000 habitantes, cuya economía se centraba en la herrería y derivados.

Wild asistió a la escuela libre de St. John Lane, y estuvo de aprendiz en el taller de un fabricante de hebillas.​ Se casó y tuvo un hijo, y hacia 1704 encontró trabajo como sirviente doméstico en Londres. Tras ser despedido por su patrón, regresó a Wolverhampton, donde permaneció hasta que volvió a Londres en 1708.​ Londres tenía entonces una población de 600.000 almas, de los cuales 70.000 vivían en el casco histórico.​

Se sabe poco de los primeros dos años de Wild en esta segunda etapa londinense, pero en marzo de 1710 ya fue arrestado por deudas y enviado a Wood Street Counter, una de las prisiones para morosos de la ciudad. La corrupción reinante en esta prisión era tal que los carceleros solían exigir propinas a cambio de cualquier comodidad. De algún modo Wild se volvió popular entre la población reclusa, y logró no solo costearse el alojamiento y saldar sus deudas, sino establecer un primitivo sistema de préstamos entre los prisioneros. Tras una temporada, obtuvo la "libertad de puerta", que le concedía el derecho a salir por las noches y participar en la captura de ladrones.​ Conoció a Mary Milliner (también llamada Marie Moolineaux), una prostituta que instruyó a Wild en técnicas delictivas. Según Daniel Defoe, ella le "sumó a su banda que, ya fuera de prostitutas, de ladrones, o de ambos, no era gran cosa". En aquel ambiente trabó relación con toda la variedad del submundo del crimen de Londres. Tras esta experiencia, Wild recibió la libertad en 1712 gracias a un acta del Parlamento que había sido emitida ese año para aliviar a los acreedores insolventes.​​

Antes de su liberación, Wild ya convivía con Mary Milliner en su domicilio de Lewkenor Land (actualmente, Macklin Street), en el barrio de Covent Garden,​ a pesar de que los dos ya habían contraído matrimonios anteriores. Al parecer, Wild actuaba como el matón de Mary durante los paseos nocturnos de ésta. En esta temporada se fue familiarizando con el bajo mundo del crimen organizado de Londres, sus métodos y sus protagonistas. Como quiera que Mary había adquirido el estatus de madame de otras damas de la noche, Wild empezó a trabajar como "fence", es decir guardando temporalmente mercancía robada. Wild fue utilizando ese material para pagar los sobornos que le permitirían hacerse su propia banda.

Más adelante, Wild se separó de Milliner -después de marcarle la oreja como prostituta.​

El crimen había sufrido un aumento espectacular en Londres desde 1680, y el crimen contra la propiedad florecía tan rápidamente como la ciudad. En 1712 Charles Hitchen, compañero de andanzas de Wild y su futuro rival como ladrón, afirmó conocer en Londres "a más de 2.000 personas que vivían exclusivamente del robo". En 1711 Hitchen había encontrado un empleo en la policía, convirtiéndose en Comisario de policía gracias a un soborno de 700 libras. Abusó de su cargo practicando chantajes de dimensiones descomunales, tanto a criminales como a sus potenciales víctimas.​ Hitchen aceptaba sobornos para liberar a presos comunes, practicaba arrestos selectivos y cobraba impuestos "de protección" de muchos lupanares de la ciudad. Su negocio se vino abajo cuando el Consejo de Londres decidió investigar el escandaloso crecimiento del crimen en la ciudad, y tras oír su testimonio decidieron retirarle del cargo tras dos años de corrupción desenfrenada.

En ese momento Hitchen se dirigió a Wild para proponerle unirse a una escuadrilla "policial" dedicada a la captura de criminales menores, una actividad muy lucrativa dada la recompensa de 40 libras concedida por cada detenido. Wild ya había conocido a algunos de los socios de Hitchen -conocidos como "los Matemáticos"- durante su estancia en la cárcel de Wood Street; y al menos uno de ellos, William Field, se uniría más adelante a su banda.​

La aparición de diarios desató un fuerte interés por las actividades criminales. Según se informaba de sonados delitos y astutos trucos criminales, se fue despertando la curiosidad pública hacia los delitos contra la propiedad y las acciones policiales. En aquella época no existía en Londres ningún cuerpo policial organizado, y la inquietud ante los robos creció alarmantemente. Sin embargo, las hazañas de pintorescos criminales como Jack Sheppard o la aristocrática banda de los Mohocks y su lucha contra valientes policías se convirtieron en el centro de la atención general. Mientras tanto, la población de Londres se había duplicado, y seguían sin desarrollarse sistemas eficaces contra el crimen. Londres era un lugar ideal no solo para el robo, sino hasta para el crimen organizado.

El final de la Guerra de Sucesión Española solo empeoró la situación en las calles de Londres, que se llenaron con miles de soldados desmovilizados, ahora sin empleo. En 1714 Hitchen volvió a asumir la jefatura suprema de policía de Londres, aunque Wild continuó su trabajo por su cuenta, abriendo incluso una pequeña oficina en la taberna del "Blue Bloar", dirigida por la señora Seagoe en el barrio de Little Old Bailey.​ Wild siguió considerándose el "inspector" de Hitchen -pese a que el cargo carecía de ningún valor oficial- y comenzó a lucir una espada como símbolo de su autoridad, así como de su supuesta nobleza.​

El "General Cazador de Ladrones"

El método de Wild para amasar una fortuna mientras que parecía respetar la ley era ingenioso. Dirigía una banda de ladrones, conservaba los géneros robados, dejaba que el crimen se descubriera a través de los periódicos. Entonces diría que sus "agentes" habían "encontrado" la mercancía robada, y se la devolvería a sus propietarios a cambio de una recompensa (para costear a sus agentes). En algunos casos, si la mercancía robada o las circunstancias le permitían un chantaje, no dejaba que el robo se anunciara. Al tiempo que "recobraba" efectos robados, ofrecía a la policía ayuda para encontrar a los ladrones. Los ladrones que él ayudaba a "descubrir", sin embargo, eran miembros de bandas rivales o de su propia banda que rehusaban cooperar con él llevándose la mayor parte del dinero. Ejerció un auténtico monopolio sobre el crimen en Londres. Tenía archivos de todos los ladrones que empleaba, y cuando ya habían dado de sí todo lo posible, los vendía por una recompensa de 40 libras. En público, presentaba una cara heroica: era el hombre que recuperaba los géneros robados, quien atrapaba a los criminales.

La habilidad de Wild consistía en saber mantener a su banda unida apoyándose en el miedo al robo de la opinión pública. Sin embargo, la venta de objetos robados se fue volviendo más peligrosa hacia 1710. Los rateros más modestos se dieron cuenta del gran peligro que corrían al esconder material robado. Wild supo ganarse su confianza y explotarles al mismo tiempo, manteniendo su banda de ladrones a pleno rendimiento -recurriendo a carteristas o al robo en casas- y recuperando "milagrosamente" parte de la mercancía robada. Nunca se molestó en venderla, ni en hacerla pasar por legal: sostenía que su recuperación se debía a su infatigable trabajo policial y al mismo tiempo se ganaba la confianza de los delincuentes. La severa multa que castigaba la venta de material robado le permitía tener un control eficaz sobre su banda, puesto que podía utilizar la ley como amenaza contra sus socios en cualquier ocasión. Los ladrones de Wild no solo le vendían las mercancías a cambio de un porcentaje de su valor, sino que colaboraban activamente en la detención de ladrones de bandas rivales.

Anúncio

Próximamente en la app World in Stories

Audio, descarga offline, sin anuncios y mucho más.

Conocer Premium
Jonathan Wild | World in Stories