Jon Elster (Oslo, 22 de febrero de 1940) es un filósofo y científico social noruego que ha publicado trabajos sobre una amplia gama de temas en ciencias sociales y filosofía de las ciencias sociales incluyendo, entre otros, marxismo, teoría de la elección racional, economía, sociología, ciencias políticas, psicología e historia. Fue un miembro destacado del marxismo analítico y un crítico de la economía neoclásica y de la teoría de la elección pública, basándose para ello en consideraciones comportamentales y psicológicas.
Fue miembro del llamado Grupo septiembre o marxismo analítico (formado, entre otros, por G. A. Cohen, John Roemer, Adam Przeworski, Erik Olin Wright, Philippe van Parijs y Robert-Jan van der Veen). Ha enseñado en la Universidad de Oslo, en el departamento de historia, y obtuvo una cátedra en la Universidad de Chicago, donde enseñó en los departamentos de filosofía y de ciencia política. Actualmente es Profesor Robert K. Merton de Ciencias Sociales con especialidad en ciencia política y filosofía en la Universidad de Columbia, así como professeur titulaire en el Colegio de Francia.
Elster obtuvo su doctorado en la Sorbonne en París con una tesis sobre Karl Marx bajo la dirección de Raymond Aron en 1972. En 1975 obtuvo el cargo de profesor adjunto en la Universidad de Oslo, con una designación conjunta para los departamentos de filosofía e historia. Durante el resto de la década participó como profesor invitado en los departamentos de filosofía de Berkeley, de Stanford, y en el departamento de ciencias políticas de la Universidad de Chicago. Finalmente, en 1984 se hizo cargo de una cátedra en dicha Universidad. Además, en 2009 recibió el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Colombia y en 2010, recibió el doctor honoris causa por la Universidad Torcuato Di Tella (Buenos Aires).
Fue un miembro fundacional del grupo de académicos que desarrolló un "marxismo analítico", conocido como el grupo de septiembre o "marxismo sin tonterías [Non-Bullshit Marxism]". Se reunieron anualmente a partir de 1979 para discutir temas del marxismo como la explotación, las clases sociales o el materialismo histórico, con una vocación de claridad influenciada por la filosofía analítica, que les hacía dispuestos a descartar todo aquello en la obra de Marx que no resistiese a un escrutinio desapasionado y les llevó a rechazar conceptos y teorías que consideraron oscurantistas y/o falsos es decir, confusos, triviales o falsos como el de la lógica dialéctica, el funcionalismo en la obra de Marx y gran parte de la economía marxista (con algunas diferencias entre los miembros del grupo sobre sus posiciones en estas cuestiones). Elster abandonó el grupo en 1993 junto con Adam Przeworski). El balance que hizo años después sobre los logros del marxismo analítico es este:
"Las deficiencias del marxismo como empresa teórica fueron expuestas tan minuciosamente por el grupo de los «marxistas sin tonterías» que el marxismo sin tonterías quedó al descubierto como un conjunto vacío (un caso poco común de autofagia intelectual). En mi opinión, la única contribución de Marx que sigue vigente es su concepción normativa de la buena vida como una de autorrealización activa junto con otras personas. La teoría marxista no tiene nada que aportar a las ciencias sociales empíricas (lo cual no implica menospreciar el trabajo de todos los académicos marxistas)".
En varios textos desarrolla más en detalle su crítica al marxismo, como por ejemplo en uno sobre Marx y Freud donde brevemente expone los problemas que tiene a su juicio la teoría económica marxista:
"No necesito decir mucho sobre Marx como economista. En palabras de Paul Samuelson (1957), Marx fue un «postricardiano menor», cuya única contribución de interés fue ser precursor del análisis de insumo-producto en el segundo volumen de El capital. Aunque todavía hay estudiosos que pierden su tiempo y el de sus alumnos defendiendo la teoría del valor-trabajo y la teoría de la caída de la tasa de ganancia, Roemer (1981) y otros han demostrado que Marx fue un fracaso como economista analítico. Su «explicación» de la caída de la tasa de ganancia fue particularmente errónea, ya que el explanandum [la caída de la tasa de ganancia] era un puro producto de sus ilusiones".
En cuanto a su teoría social, escribe Elster, Marx falló a menudo por su tendencia a la explicación funcional, uno de sus archienemigos en las ciencias sociales desde el inicio de sus publicaciones hasta hoy:
"Las acciones o instituciones que, desde una u otra perspectiva, pudieran considerarse beneficiosas para la clase capitalista, debían [según Marx] poder explicarse por ese beneficio. Siempre se pueden inventar explicaciones así por ejemplo, afirmando, como hizo Marx, que a la clase capitalista le interesaba dejar que otra clase ejerciera el poder político".
Para concluir, puede citarse este fragmento suyo que complementa su balance crítico de la obra de Marx:
"En mi opinión, las contribuciones más valiosas de Marx a la teoría social fueron su crítica de la alienación y, como contrapartida positiva, la concepción de la buena vida como una de autorrealización a través de la autoexteriorización (de la que el trabajo productivo es una forma, pero no la única). Estas ideas fueron secuestradas y transformadas por los escritores de la escuela de Frankfurt y otros críticos de la sociedad de consumo, según los cuales la falsa conciencia (estar alienado sin saberlo) es el principal problema de las sociedades industriales. En la práctica, esta visión ha llevado a menudo a una crítica elitista de la cultura popular, como en los ataques desinformados y profundamente erróneos de Adorno al jazz, en lugar de a esfuerzos por cambiar el lugar de trabajo y facilitar otros vehículos de autorrealización. En este caso, las opiniones de Marx no tuvieron el impacto que merecían, en contraste con casos en los que tuvieron un impacto que no merecían".
Jon Elster ha defendido desde el inicio de su carrera el individualismo metodológico. En su último artículo sobre la cuestión escribe, actualizando su definición previa:
"«Por [individualismo metodológico (IM)] me refiero a la doctrina de que todos los fenómenos sociales —su estructura y su cambio— son, en principio, explicables de maneras que solo involucran a los individuos: sus propiedades, sus objetivos, sus creencias y sus acciones» (Elster 1985, p. 5). Hoy en día, yo caracterizaría la IM como una exhortación más que como una doctrina. El IM es una forma de reduccionismo, que es el motor del progreso en la ciencia. Nos exhorta a buscar microfundamentos".
Más en detalle, en su libro Explaining Social Behavior [edición revisada del 2015] escribe:
"En principio, las explicaciones en las ciencias sociales deberían referirse únicamente a los individuos y sus acciones. Sin embargo, en la práctica, los científicos sociales se refieren a entidades supraindividuales, como hogares, empresas o naciones, ya sea como una abreviatura inofensiva o como una segunda opción a la que se ven obligados a recurrir por la falta de datos o de teorías detalladas (...) Si los estudiosos tienen presente este principio, es posible que, al menos en algunas ocasiones, encuentren explicaciones mejores y más fructíferas. Cuando intentamos explicar las decisiones tomadas en la Convención Federal de 1787, los votos registrados de las delegaciones estatales son útiles, pero incompletos. Los historiadores han mejorado nuestra comprensión al identificar los votos emitidos por los miembros individuales de estas delegaciones. Las explicaciones de por qué la Asamblea Nacional Alemana en 1933 y la Asamblea Nacional Francesa en 1940 abdicaron de sus poderes ganan mucho en fuerza y enfoque cuando podemos rastrear las motivaciones cambiantes e interactuantes de los diputados individuales. A veces, el individualismo metodológico debería obligarnos a rebajar nuestras expectativas. Los científicos sociales se sienten atraídos de forma natural por las grandes preguntas, pero algunas preguntas pueden ser demasiado grandes como para permitir una respuesta. Podemos ser capaces de explicar el auge del calvinismo, pero no la existencia de alguna forma de religión en prácticamente todas las sociedades. Podemos ser capaces de explicar la aparición de formas capitalistas de agricultura en la Inglaterra del siglo XVIII, pero no la «transición del feudalismo al capitalismo» en Europa en su conjunto. Los debates sobre «la edad axial» y la «modernidad» también fracasan, entre otras razones, por la falta de agentes identificables y sus motivaciones. Si se exige a los científicos sociales que utilicen el microscopio en lugar del telescopio, algunas preguntas pueden, por supuesto, escapárseles para siempre. La pérdida de amplitud se compensa, o más que eso, con la ganancia en profundidad".