John Davison Rockefeller Sr. (Richford, Nueva York; 8 de julio de 1839 - Ormond Beach, Florida; 23 de mayo de 1937) fue un magnate empresarial estadounidense. Formó parte del grupo de empresarios conocido como «barones ladrones» de la Edad Dorada de la industria en los Estados Unidos, cuyo éxito le llevó a ser el hombre más adinerado de su época.
Fue el fundador y presidente de la Standard Oil, una gigantesca compañía que llegó a controlar la extracción, refinado, transporte y distribución de más del 90% del petróleo de Estados Unidos y sostuvo monopolios enteros (en forma de inversiones) en múltiples países extranjeros.Durante un período de más de cuarenta años, consolidó a la Standard Oil como la compañía petrolera más grande del mundo, revolucionando la industria en todos sus niveles y demostrando una extraordinaria e implacable capacidad competitiva. Por otro lado, dedicó gran parte de su fortuna y recursos a numerosas donaciones, fundaciones y programas, siendo el fundador de la Universidad de Chicago, una de las universidades más prestigiosas del mundo, cuna de 87 Premios Nobel, así como también de la Universidad Rockefeller en Nueva York, además de impulsar numerosas áreas de la educación, la ciencia y la medicina.
Sus logros empresariales son tan destacables como controvertidos, pues mediante astucia, ingenio y mucha dedicación, ascendió en el mundo empresarial, levantó un extenso imperio que se extendió hasta un punto que ninguna otra empresa en la historia ha logrado alcanzar hasta hoy en día. Señalado por sus prácticas monopolistas, fue denunciado por periodistas e investigadores, y a la larga el gobierno de los Estados Unidos tuvo que enfrentarse a él, logrando llevarlo ante los tribunales y consiguiendo tras años enteros de litigios que se dictara la separación de su gigantesca compañía petrolífera, separación que tardó mucho tiempo en materializarse después de dictada.
Rockefeller hasta ahora es el único caso de un empresario que llegó a construir un monopolio puro (en cuya disolución finalmente tuvo que intervenir el propio gobierno de los Estados Unidos) y que de hecho marcó en profundidad el desarrollo de la industria petrolera a nivel mundial.
Es considerado como el hombre más acaudalado de la historia mundial y es el fundador de la mítica familia de millonarios que aún persiste hoy en día, con su mismo apellido y poder económico. Sus negocios no solo abarcaron los Estados Unidos, sino que se extendieron a otros lugares, como Europa y Latinoamérica. De hecho, su familia continuó controlando la industria petrolífera en esta última región durante más de seis décadas tras su fallecimiento.
John Davison Rockefeller nació en Richford (Nueva York), el 8 de julio de 1839, en una familia de clase media descendiente de inmigrantes alemanes y escoceses. Su madre, Eliza, era una mujer muy organizada y dedicada a atender a su familia; y su padre, William Avery Rockefeller, un vendedor ambulante, no fue precisamente un modelo de fidelidad conyugal ni un ejemplo para sus seis hijos. Alejado del seno familiar por largos periodos, cuando volvía sus bolsillos por lo general estaban llenos de dinero e increíblemente volvía cargado de regalos para su mujer y sus hijos. Mucho más tarde, John descubriría que su padre no era más que un impostor, que visitaba las reservas indígenas vendiéndoles a sus moradores toda suerte de objetos, negocio que posteriormente fue mucho más rentable cuando se dedicó a la venta de productos farmacéuticos, que se anunciaban como panacea para cualquier dolencia.
De su madre Eliza heredó no solo el físico, sino también la estricta moral calvinista, además de muchos de los principios básicos de su vida, entre ellos el orden y la dedicación. John Davison demostró ser desde muy joven inteligente y aplicado. Se mudó con su familia a Cleveland, Ohio, donde su padre había conseguido una mejor oportunidad de trabajo. Allí estudió en varios colegios públicos.
Ya desde muy joven Rockefeller mostró gran interés por los negocios. De hecho, recolectaba piedras para pintarlas y luego venderlas a sus compañeros, cuyos pagos depositaba en un frasco azul, que él mismo denominó más tarde como su primera «caja fuerte», que guardaba celosamente en su habitación, logrando, a la larga, amasar la pequeña fortuna de 50 dólares, que para la época representaba una suma de dinero considerable. Rockefeller recordaba posteriormente que fue entonces cuando pudo aprender una de las lecciones más valiosas de su vida, cuando un día un amigo de su padre fue a su casa a pedirle un préstamo para saldar un par de deudas que estaban a punto de vencer. Su padre no tenía el dinero, pero él sí, y acordó prestárselo con un interés del 7 %. Rockefeller se sorprendería posteriormente cuando, al cabo de un año, recibió una suma monetaria muy superior a la que había dado originalmente.
De allí en adelante, todas sus ganancias serían religiosamente contabilizadas en una libreta llamada «el registro A» y comenzó a fundamentar la mentalidad que lo llevaría a triunfar años más tarde.
Su innato gusto por los negocios lo estimuló aún más la escuela comercial de Cleveland, de donde salió a los dieciséis años. Ese mismo año obtuvo su primer empleo en una empresa de corredores y comerciantes en granos, donde trabajó con general beneplácito sin fijarse en horarios, perdido en ese mar de cifras que tanto lo apasionaba. Por la noche, en la cama, repasaba mentalmente las operaciones financieras del día, tratando de descubrir en qué podría haber obtenido mejores ganancias.
Ya a sus dieciséis años, John Davison Rockefeller era contador en Cleveland y mostraba gran competencia en esta rama, trabajando para la firma Hewit and Tuttl y otras empresas, llegando al punto de que, al tercer año en el susodicho sector, ya ganaba 600 dólares anuales (una suma considerablemente alta, teniendo en cuenta que era el año 1857), pero cuando le negaron un aumento de 200 dólares, decidió instalar un negocio por cuenta propia. Tenía ahorrados 800 dólares, pero aún le faltaban otros 1000 para crear su primera firma de corretaje. Su padre se los adelantó con un interés anual del 10 %, hasta que alcanzara la mayoría de edad. Así fundó, con su socio M. B. Clark, la firma Clark & Rockefeller, que obtuvo, en el primer año, beneficios por 4000 dólares y en el segundo cuadruplicó la suma.
Pero a pesar de la gran cantidad de dinero que ganaba, no se sentía complacido, pues deseaba llegar mucho más lejos y estaba decidido a lograrlo.
Guerra Civil y el origen del negocio petrolífero
El estallido de la Guerra Civil en 1861 fue la llave de su fortuna. Al igual que muchos norteños acaudalados que evitaron el combate, Rockefeller contrató a soldados sustitutos para que ocuparan su lugar en el ejército, y dio dinero a la causa de la Unión. Mientras su hermano Frank luchaba en la Guerra Civil, John se ocupó de sus propios negocios. Siendo un convencido abolicionista que había votado por el presidente Abraham Lincoln, apoyó al entonces nuevo Partido Republicano. Como dijo, "Dios me dio dinero", y no se disculpó por ello, asumiendo la frase del predicador metodista John Wesley: "Gana todo lo que puedas, guarda todo lo que puedas y da todo lo que puedas".
En 1862, Rockefeller tenía veintitrés años, e invirtió 4000 dólares como socio comanditario en la nueva firma Clark, Andrews & Co. En su primer año de negocios, Clark y Rockefeller obtuvieron unas ganancias de 4400 dólares (con casi medio millón de dólares en negocios), que se convirtieron en 17.000 dólares al año siguiente. Sus beneficios se dispararon con el auge de la Guerra Civil, debido a las grandes cantidades de alimentos y de suministros requeridos por el Ejército de la Unión. Dos años antes del final Guerra Civil (que finalizaría en 1865), y con la perspectiva de que las ganancias del período de guerra se iban a terminar, Clark y Rockefeller centraron su atención en el refinado del petróleo crudo.
En aquella época, el gobierno federal estaba subsidiando la explotación del petróleo, aumentando el precio de 0,35 dólares por barril en 1862 hasta los 13,75 dólares. Esto creó un exceso de perforación petrolera, con miles de especuladores que intentaron hacer fortuna. La mayoría fracasó, pero los que encontraron petróleo ni siquiera tuvieron que ser eficientes. Hacían agujeros en el suelo y recogían el petróleo como podían, haciendo que arroyos y ríos fluyeran con el petróleo desperdiciado en vez de con agua.